¿Solo odias las consecuencias de tu pecado?
Usualmente no cambiamos porque en realidad no queremos. Puede que reacciones en contra de esto. Puede que digas: “He estado luchando con el pecado por años. Por años he querido librarme de eso, ¿y ahora me vienes a decir que en verdad no quiero hacerlo?”
Pero la verdad es que, a menudo queremos cambiar las consecuencias del pecado pero no el propio pecado. Queremos hacer algo con la culpa, el miedo, las relaciones dañadas. Estos resultados pueden ser motivos fuertes para buscar ayuda, pero en el centro de nuestros corazones, aún deseamos el propio pecado. En momentos de tentación, aún piensas que ofrece más que Dios. Veo esto frecuentemente en las vidas de las personas. Las personas me piden, como pastor, ayudarlos a arreglar el desorden de sus vidas, pero en verdad no quieren cambiar el comportamiento que está creando el desorden. Las personas quieren ayuda con las deudas, pero no quieren cambiar la idolatría del hecho de ir de compras que es lo que crea esos hábitos malignos de gastar. Quieren ayuda con relaciones rotas, pero no quieren cambiar la idolatría del yo que genera las fricciones. Imagina si pudieras pecar sin las consecuencias, nadie pensaría mal de ti, y no habría ningún juicio de Dios en tu contra. ¿Lo harías? Según John Owen, responder que sí no es muy diferente de pecar realmente. La consecuencia es que seguimos amando más al pecado que a Dios. Lo único que nos detiene es que tememos más las consecuencias que el propio pecado. Dice Owen: “Pero aquellos que pertenecen a Cristo, y aquellos cuya obediencia está moldeada por principios del evangelio, tienen la muerte de Cristo, el amor de DIos, la detestable naturaleza del pecado, la hermosura de la comunión con Dios, un profundo horror hacia el pecado en sí mismo, para oponerse a todas las tentaciones del pecado” (Of the Mortification of Sin in Believers por John Owen).
La respuesta es siempre la misma: fe y arrepentimiento. Tenemos que profundizar más para exponer las mentiras de nuestros corazones y arrepentirnos de los ídolos de nuestros corazones. El lenguaje del arrepentimiento del Nuevo Testamento usualmente es violento:
- Amputar: “Si tu ojo derecho te hace pecar, arráncalo y tíralo; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtala y tírala; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya al infierno” (Mateo 5:29-30).
- Asesinar: “Por tanto, consideren los miembros de su cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría” (Col 3:5).
- Matar de hambre: “Vístanse del Señor Jesucristo, y no piensen en proveer para las lujurias de la carne” (Romanos 13:14).
- Luchar: “Tomen toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes” (Efesios 6:13).
Cuando Pablo exhorta a Timoteo a llevar una vida piadosa, utiliza tres figuras que resaltan el esfuerzo involucrado.
- “Disciplínate a ti mismo para la piedad” (1Tim. 4:7-8). Imagina a los atletas preparándose para la carrera con una dieta estricta. Cada día se presionan un poco más. Usualmente duele, pero vale la pena para ganar el premio.
- “Sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia y la amabilidad” (Tim. 6:11). Imagina a un león persiguiendo a un antílope. Es implacable persiguiendo al antílope, y no se rinde hasta tenerlo entre sus garras.
- “Pelea la buena batalla de la fe” (1Tim 6:12). Ahora imaginemos a un boxeador en el ring, recibiendo golpes fuertes pero siempre levantándose para pelear hasta el final.
Necesitamos ser violentos con el pecado. Si nos contenemos es casi seguro que sea porque no queremos ser violentos con algo que aún amamos. Debemos odiar el pecado por lo que es y desear a Dios por lo que es.
«Debemos odiar el pecado por lo que es y desear a Dios por lo que es».
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Reconoce la voz de la tentación
El puritano John Flavel identificó seis argumentos que Satanás usa para tentarnos, junto con seis modelos de respuestas. Reconoce la voz de la tentación en tu vida e identifica cómo deberías responder. Quizás prefieras preguntarle a dos personas que lo lean en voz alta como diálogo.
Argumento 1: El placer del pecado
- Tentación: Mira mi rostro sonriente y escucha mi voz encantadora. Aquí hay placer para ser disfrutado. ¿Quién puede resistirse a tales deleites?
- Respuesta: Los placeres del pecado son reales pero también lo son las punzadas de la consciencia y las llamas del infierno. Los placeres del pecado son reales, pero complacer a Dios es mucho más dulce.
Argumento 2: El secreto del pecado
- Tentación: Este pecado nunca te avergonzará en público porque nadie nunca lo descubrirá.
- Respuesta: ¿Puedo encontrar algún lugar en el que Dios no esté presente para pecar?
Argumento 3: El beneficio del pecado
- Tentación: Si tan solo estiras un poco tu consciencia, ganarás mucho. Esta es tu oportunidad.
- Pecado: ¿De qué me beneficio si gano todo el mundo pero pierdo mi alma? No voy a arriesgar mi alma por todo lo que podría tener en el mundo.
Argumento 4: La pequeñez del pecado
- Tentación: Solo es algo pequeño, algo insignificante, una pequeñez. ¿A quién más le preocuparía algo tan insignificante?
- Respuesta: ¿Es la majestad de los cielos algo pequeño también? Si cometo este pecado, ofenderé a Dios e iré en su contra. ¿Hay algún infierno pequeño para atormentar a pecadores pequeños? Una gran ira les espera a los que el mundo considera pecadores pequeños. Mientras más pequeño sea el pecado, menos razones hay para cometerlo. ¿Por qué sería infiel a Dios por algo tan pequeño como eso?
Argumento 5: La gracia de Dios
- Tentación: Dios lo verá como una debilidad. No le dará mucha importancia.
- Respuesta: ¿Eso es porque Dios es bueno? ¿Tomaré la gloriosa misericordia de Dios para justificar el pecado? ¿Voy a ofenderlo precisamente porque es bueno?
Argumento 6: El ejemplo de otros
- Tentación: Mejores personas que tú han pecado de esta manera. Y una gran cantidad de personas han sido restauradas después de cometer este pecado.
- Respuesta: Dios nos registró los pecados de las buenas personas para que los copie sino para advertirme. ¿Estoy dispuesto a sentir lo que ellos sintieron por el pecado? No me atrevo a seguir su ejemplo en caso que Dios me sumerja en las profundidades del horror en las que lo arrojó.
Por: Tim Chester
Fuente: 6 Arguments Satan Uses to Tempt You and 6 Responses to Use When He Does
Traducido por: Mariafernanda Artadi
