Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

Vive una vida más amplia

Una invitación al cristianismo global

Cuando alguien se vuelve de sí mismo a Cristo, cambia no solamente el pecado por la justicia, el infierno por el cielo, y la desesperanza por la esperanza vida. También cambia una vida pequeña por una vida grande y amplia, una vida tan grande como el mundo al que Cristo vino a redimir. 

La transformación toma tiempo, por supuesto. Pero al final, el alma llena del Espíritu no puede descansar satisfecha con sí misma, ni con los asuntos de su mismo tipo y ciudad y nación. No, así como es tan seguro que un día todos se rendirán ante Cristo, así también Cristo está moviendo a Su pueblo a preocuparse por todas las naciones

¿Has conocido a cristianos cuyas vidas parecen marcadas por tal amplitud – cristianos que viven en lugares más allá que aquí, en tiempos más allá del ahora, y en tribus más allá de la mía? Sus ojos parecen estar puestos en fronteras distantes donde Cristo no ha sido nombrado (Romanos 15:20). Ellos miran, fascinados, mientras la promesa de la redención avanza a los “confines de la tierra” (Hechos 1:8). Sus corazones laten por el día en el que un diluvio, mejor que el de Noe, prevalezca sobre la tierra, cuando “la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar” (Habacuc 2:14).

Ellos son, en una palabra, cristianos mundiales. 

¿Qué es un cristiano mundial?

“Cristianos Mundiales,” David Bryant escribe, “son discípulos cotidianos para quienes Cristo y Su causa global se han convertido en prioridad integradora y primordial” (In the Gap, 60). O como D.A. Carson plasma, “Ellos se ven a sí mismos primero y principalmente como ciudadanos del reino celestial” y por lo tanto son “firmes y sacrificiales cuando se trata del mandato primordial de evangelizar y hacer discípulos” (The Cross and  Christian Ministry, 117). Los cristianos mundiales probablemente no vayan personalmente a naciones lejanas (a pesar de que muchos lo hacen), pero más bien las naciones lejanas han entrado en ellos. Ellos envían, oran, sueñan, dan, apoyan, y adoran como discípulos de un Señor mundial.

Y nos vendrían bien más de ellos. Hoy en día, nuestras iglesias no tienen tantos cristianos mundiales. No hay muchos entre nosotros tan entusiastas por las misiones transculturales. No hay muchos entre nosotros que nos recuerden con regularidad de las personas que no han sido alcanzadas, de aquellos para los que Jesús es un sonido extraño. No tenemos muchos que rueguen en nuestras reuniones de oración, “Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios; Sea Tu gloria sobre toda la tierra.” (Salmo 57:5).

Personalmente, puedo recordar temporadas en las que era más cristiano mundial de lo que soy ahora. Quizás tú también. O quizás tu corazón aún no ha sentido ese dominio mundial de Cristo. Sea cual sea el caso, muchos de nosotros necesitamos el aire fresco del Espíritu que siempre sopla hacia los rincones de la tierra que no tienen a Cristo. Y probablemente, sintamos ese aire si consideramos a algunos de los primeros discípulos quienes formaron lo que nosotros conocemos como la primera iglesia cristiana mundial: la iglesia de Cristo en Antioquía. En cuatro puntos, estos creyentes muestran la naturaleza y gozo de la vida cristiana mundial.

1. Relaciones Mundiales

A la altura del capítulo once de Hechos, el evangelio empezó a expandirse más allá de los judíos. El Espíritu ha reposado sobre Cornelio y su hogar en respuesta al sermón de Pedro; Dios ha limpiado a los gentiles comunes mediante la fe (Hechos 10:15, 44-48). Pero aún no hemos visto a una iglesia cristiana mundial, una verdadera comunidad de naciones, hasta que algunos “hombres de Chipre y de Cirene” fueron a Antioquía y hablaron no solo con los judíos sino también  “a los helenistas (griegos), predicando el evangelio del Señor Jesús” – resultando en “gran número” de gentiles que adoraban a Jesús (Hechos 11:20-21). 

Por primera vez, judíos y gentiles comieron juntos, oraron juntos, ministraron juntos, y adoraron juntos en la misma asamblea local y en el mismo plano espiritual. Pronto, esta iglesia en Antioquía se convertiría en una base que envía misioneros (Hechos 13:2-3). Pero antes de buscar expandir el cristianismo mundial hacia afuera, ellos vivieron el cristianismo mundial en casa. En primer lugar, su cristianismo mundial fue un tema de relaciones mundiales, amistades mundiales, alianza mundial con vecinos locales. 

Y lo mismo es con nosotros. Algunos hoy pueden vivir en un lugar con todo pero monocultural y monoétnico (quizás en un pequeño pueblo rural), pero muchos de nosotros podemos encontrar algo del mundo sin ir tan lejos, muchas veces sin ni siquiera salir de la iglesia. Incluso en nuestra iglesia relativamente pequeña, es probable que me siente cerca de alguien de origen haitiano, bahameño o ruso en cualquier domingo. Probablemente la primera pregunta para nuestro cristianismo mundial no es si estamos dispuestos a cruzar el océano por Cristo, sino más bien, si estamos dispuestos a cruzar una fila de asientos por Él. 

¿Aceptaremos las diferencias que se interpongan y buscaremos – al dar la bienvenida, mostrar afecto, ser hospitalarios, amigables – llevar nuestra confraternidad más allá de las formalidades? ¿Cultivaremos un amor por la gloria global de Dios al aceptar la diversidad local cristocéntrica? ¿Oraremos con sinceridad para que nuestra iglesia luzca más como un reino de todas las personas? El cristianismo mundial, como muchas otras partes de la vida cristiana, empieza en casa.

2. Responsabilidad Mundial

Bryant, en otra descripción de cristianos mundiales, habla no solo de preocuparse por la gloria global de Dios, sino también de aceptar la “responsabilidad personal” de ver esa gloria avanzar (In the Gap, 35). Los cristianos mundiales escuchan la Gran Comisión como si se les hubiera dicho a ellos personalmente, como si ellos también hubieran estado en ese monte en Galilea. Ellos viven como si las palabras “discípulos de todas las naciones” fueran directamente para ellos. 

La responsabilidad mundial de los cristianos en Antioquía se ve con más claridad en sus viajes misioneros, las idas y enviadas. Sin embargo, en otras dos maneras vemos cuán sinceramente asumieron esta responsabilidad por el reino global de Dios.

Primero, cuando la iglesia en Antioquía escuchó sobre una necesidad financiera entre los santos en Judea (a unas tres mil millas al sur de ellos), “Los discípulos, conforme a lo que cada uno tenía, determinaron enviar una ayuda” (Hechos 11:29). Las noticias lejanas no eran preocupaciones lejanas para estos cristianos, no cuando se trataba de “los hermanos” que habían apoyado a esta iglesia desde su infancia enviándoles a Bernabé (Hechos 11:22). El compañerismo en el evangelio derribó la distancia y los obligó a dar. 

¿Nosotros, así como ellos, nos preocupamos profundamente por las noticias que vienen de lejos sobre el reino de Dios, especialmente de nuestros compañeros en el evangelio? ¿Le damos más importancia a los boletines de misioneros que a los titulares de las noticias nacionales? ¿Las necesidades de allá inspiran a la oración y generosidad aquí debido a la responsabilidad mundial que sentimos? 

Segundo, Antioquía no solo enviaba misioneros (como veremos más abajo), ellos también tomaban con seriedad la responsabilidad de apoyar a los misioneros. Si el apóstol Pablo tuvo una iglesia local, esa era Antioquía. Desde Antioquía él navegó, y a Antioquía regresó – no solo una vez (Hechos 14:27-28) o dos (Hechos 15:35) sino tres veces (Hechos 18:22-23). Era un lugar en el que él disfrutaba pasar “no poco tiempo” (Hechos 14:28). Y cuando él regresaba, él no era un misionero sin nombre, apenas recordado por la iglesia (“¿quién era este hombre?”), sino un compañero apreciado, enviado con ayuno, sostenido con oraciones, y recibido con gozo. En Antioquía, Pablo encontró una audiencia lista para escuchar “ todas las cosas que Dios había hecho” (Hechos 14:27).

Los cristianos mundiales reciben la misión global de Dios como parte de su llamado, como parte de su responsabilidad personal. Como los civiles en tiempo de guerra, ellos no toman a la ligera las noticias de los soldados que han vuelto a casa.

3. Preparación Mundial 

Cuando el Espíritu Santo se movió entre los cristianos de Antioquía y dijo, “Aparten a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado” (Hechos 13:2), no leemos ningún tipo de queja o resistencia: “después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron” (Hechos 13:3). ¿Puedes imaginar enviar a Pablo y Bernabé lejos de tu iglesia – Pablo, el gran apóstol, y Bernabé el hijo del ánimo? Por todo un año estos hombres “se reunieron con la iglesia por todo un año, y enseñaban a las multitudes” (Hechos 11:26). Pero ahora el Espíritu dijo, “Envíenlos.” Y eso hicieron. Antioquía estaba lista. 

El cristianismo mundial, si es aceptado profundamente, romperá algunas de nuestras relaciones más preciadas. El Espíritu enviará lejos a nuestros amigos y familiares, ciertamente Él nos pedirá que los enviemos. O quizás nos envíe a nosotros mismos, pidiéndonos que seamos nosotros los que nos vamos. Cual sea el caso, el cristianismo mundial llama a estar listos y preparados para enviar y ser enviados, incluso si Pablo dijo de Onésimo, nos sentimos como si estuviéramos enviando a nuestro “propio corazón” (Filemón 12). 

Si dos de tus mejores amigos, o dos de tus mejores líderes de la iglesia, sintieran un llamado a ir, ¿los animarías? Si tú mismo sintieras ese llamado, incluso si fuera en una posición ministerial aparentemente crucial, ¿estarías dispuesto a tomar el siguiente paso? De manera significativa, Lucas nota que la comisión del Espíritu Santo vino “Mientras ministraban al Señor y ayunaban” (Hechos 13:2). Solo tal postura enfocada a Dios nos puede dar esta preparación mundial que necesitamos. El Señor Jesús puede suplir cada pérdida que tenemos por Su causa, ya sea por enviar o por ir – e incluso dar cien veces más (Mateo 19:29). Pero el estar preparados para tales pérdidas dependerá en mantener Su plenitud ante nuestros ojos.

4. Resolución Mundial

Poco tiempo después del primer viaje misionero de Pablo, mientras él y Bernabé estaban ministrando en Antioquía de nuevo, “Algunos que llegaron de Judea” con una enseñanza que amenazaba el movimiento del cristianismo mundial: “Si no se circuncidan conforme al rito de Moisés, no pueden ser salvos” (Hechos 15:1). En otras palabras, la fe en Jesús no es suficiente para los gentiles para ser justificados delante de Dios; ellos también tienen que vivir bajo la ley judía. 

Pero Antioquía no compraba eso. Pablo y Bernabé no solo tuvieron “gran disensión y debate” con los maestros judíos, sino que toda la iglesia los envió “a Jerusalén a los apóstoles y a los ancianos para tratar esta cuestión.” (Hechos 15:2-3). Estos creyentes no se rendirían con el evangelio tan fácilmente. A ellos se les había enseñado muy bien acerca de Cristo. Más que eso, ellos había probado y saboreado la bondad de los propósitos globales de Dios y no volverían a construir de nuevo “la pared intermedia de separación.” entre los judíos y los gentiles (Efesios 2:14). A sus relaciones, responsabilidades, y preparación, ellos agregaron la resolución mundial. 

Nosotros también tenemos la necesidad de tal resolución. Incluso si nuestro cristianismo mundial enfrenta algunas distorsiones teológicas, enfrenta muchas distracciones prácticas. Quizás no nos veamos tentados a forzar la circuncisión a las naciones, pero somos propensos a olvidarnos de las naciones – y olvidar el gozo que viene de vivir por la causa global de Dios. Nuestra atención es muy atacada, nuestro vínculo con el aquí y ahora es muy fuerte, nuestra carne muy enamorada con lo familiar para que nuetro cristianismo mundial permanezca sin resolución. 

Quizás uno de los pasos más cruciales que podríamos tomar es aceptar los hábitos que mantienen a las naciones en frente de nuestros ojos. Lee biografías de misioneros. Hazte amigo de los creyentes que hacen de la Gran Comisión una prioridad práctica. Visita partes de tu ciudad que estén llenas de vecinos de otras naciones. Almuerza con hermanos y hermanas en tu iglesia que estén enfocados en las misiones. Trata los boletines misioneros como …..preciosos para devocionales familiares y oraciones con hermanos. Y a lo largo del camino, ora que Dios haga que Su gloria mundial sea la pasión de tu corazón. 

Porque cuando uno se vuelve de uno mismo hacia Cristo, no solo cambia pecado por justicia, infierno por cielo, y desesperanza por esperanza viva. También cambias una vida pequeña por una vida grande y amplia – una vida tan grande como el mundo al que Cristo vino a redimir. 

Por: Scott Hubbard
Fuente: Live a Larger Life
Traducido por: Mariafernanda Artadi 

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