Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

mujer

¿Vas a (des)unirte con tu esposo?

Carta a una potencial adúltera

Estimada esposa,

El término inglés cleave (cortar; unir) es una palabra extraña. Es un autoantónimo: una palabra que puede tener significados opuestos.

En el segundo piso de un bloque de apartamentos de concreto en una pequeña ciudad china, vi a Rene emplear su cuchillo como un gran chef, preparando verduras para la cena de su familia. Me impresionó cómo ponía los dedos para no cortarlos junto con las zanahorias. «¡Vaya! Quiero algunos de esos cuchillos para llevar a casa como regalos», dije. Rene señaló la ventana hacia una tienda al otro lado de la concurrida calle. «Debería encontrarlos allí».

El nombre de una marca era Family Cleaver. Era fácil ver que la dificultad de captar un doble significado en inglés debió jugarle una mala pasada a un traductor chino. Me alegré al descubrir otra marca con un nombre más feliz (que no tendría implicaciones de dividir a una familia)¹.

En el lado opuesto de la palabra, está el otro significado de cleave, tal como se usa en un texto de bodas de larga tradición: «Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne» (Gn 2:24, RV95). La versión inglesa King James aquí usa la palabra cleave para «unirá».

Johnny me eligió

En una pequeña iglesia rural en el centro de Georgia, una agradable tarde de diciembre hace casi 49 años, nos casamos. Habíamos esperado dos años y medio para ese día. Todavía apenas podía creer que Johnny Piper me hubiera elegido a mí, y que quisiera pasar su vida conmigo tanto como yo quería estar con él.

Yo entendía —tanto como puede una persona al comienzo del resto de su vida— el feliz y solemne peso de prometer serle fiel hasta que la muerte nos separara, sin importar las dificultades que Dios pudiera traer a nuestras vidas. No parecía posible que alguna vez yo pudiera querer algo distinto.

«Noël, ¿aceptas a John como tu legítimo esposo para vivir juntos en santo matrimonio? ¿Prometes amarlo… y dejando a todos los demás, serle fiel solo a él mientras ambos tengan vida?». No había ninguna duda en mi mente o mi corazón cuando declaré: «¡Sí, acepto!».

¿Cómo podía haber sabido que lo malo de «para bien o para mal» conduciría a una etapa de noches de insomnio cuando me preguntaba cómo podía continuar? Me sentía desesperada por algo distinto. Ese fue el momento en nuestro matrimonio cuando con toda probabilidad me habría vuelto hacia alguien más. Pero gracias a Dios, eso no ocurrió. Él nos mantuvo unidos. Hubo algunos hábitos que ayudaron.

La fidelidad a Johnny, a través de los años, desde novio a esposo, significó:

  • No coquetear con otros hombres.
  • Evitar a los hombres que parecían demasiado interesados.
  • No reunirme a solas con ningún otro hombre.
  • Tener devocionales regulares con Johnny.

La fidelidad requería más que cuatro hábitos, pero estos cuatro han sido centrales y esenciales.

El hábito más difícil

El último hábito es el más difícil, pero el más importante. Comencé a apreciarlo, como muchas cosas, con mis padres. Es asombroso que mis padres permanecieran juntos. Alrededor de los veinte años de matrimonio, sus devastadoras diferencias parecían estar a punto de separarlos.

Aun en medio de los meses más difíciles —años, en realidad—, papá y mamá nos llevaban a todos a la iglesia cada domingo. Y cada noche de la semana, uno de nosotros los hijos era enviado al porche frontal a gritar hacia el prado y hacia el bosque: «¡Hora de historias y oración!».

Después que los nueve (más tarde éramos diez) habíamos llegado en tropel a la sala de estar, desde el granero, el estero y la cocina, papá leía el siguiente pasaje en nuestro camino de años a través de toda la Biblia. Luego nos arrodillábamos frente a nuestras sillas y orábamos por turno.

Ahora me doy cuenta de lo difícil que debe haber sido para mis padres. A menudo deben haberse sentido como hipócritas, haciendo las acciones cuando no tenían deseos de adorar u orar juntos.

Desde luego, lo ideal habría sido que vinieran ante Dios con un corazón pleno y feliz. Pero era mejor venir de alguna forma que no venir en absoluto. Y Dios los mantuvo unidos hasta que llevó su matrimonio de la tormenta a la paz, usando su pegamento de la fidelidad: su fidelidad hacia ellos, y la fidelidad mutua entre ellos y con las tradiciones devocionales familiares.

¿Unión o desunión?

¿A qué se reducía todo durante mis noches más oscuras? Me salvé de divagar gracias a una forma de esta pregunta: ¿Traeré unión o desunión? ¿Soy el objeto mortal que dividirá a mi familia —con un esposo y cinco hijos— en pedazos? Porque, con o sin divorcio, eso es lo que nos hará la infidelidad.

¿O me uniré al esposo que Dios me ha dado? ¿Me aferraré a mi matrimonio y oraré desesperadamente por algo distinto? Elegí aferrarme, y Dios sigue demostrando su fidelidad. Él hará lo mismo por ti.

¹ El nombre de la marca, «Family Cleaver», en inglés puede significar «cuchillo familiar» como también «divisor de familia». (Nota del Traductor).

Por: Noël Piper © Desiring God Foundation.

Fuente: “Will You Cleave and Leave Your Man?”.

Traducido por: Elvis Castro de Proyecto Nehemías.

Edición: Daniel Elias.

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