Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

Una carta abierta a quienes se dividen por la doctrina

Este artículo es parte de la serie de Cartas Abiertas

Querida iglesia, 

Vivimos en tiempos polarizados. Pareciera que la furia y el rencor están hirviendo alrededor de nosotros, y hace que sea más difícil hablar sobre las líneas de ideologías.

Como iglesia, tenemos la oportunidad de proveer una voz alternativa de mansedumbre y sensatez en este momento cultural. Pero lamentablemente, si somos honestos parecemos ser parte del problema, y no la solución. En nuestros peores momentos, atacamos y denigramos a nuestros hermanos y hermanas en Cristo, por quienes Cristo derramó Su sangre, y con quienes compartiremos la eternidad. Solo piensa cuantas amargas disputas en Facebook entre cristianos se desarrollan ante el mundo que los observa.  

Definitivamente, hay tiempos para reprender y abrir el desacuerdo en la iglesia, pero Jesús dijo, “En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros” (Juan 13:35); y este amor debe ser reflejado incluso en medio de nuestros desacuerdos. Así que, aquí hay tres maneras para navegar nuestros desacuerdos, particularmente los doctrinales, en un espíritu de amor.

Valora la unidad de la iglesia

Un primer paso debe ser apreciar la preciosa realidad de nuestra unidad en Cristo. Aquellos de nosotros que valoramos la sana doctrina somos rápidos en identificar nuestras diferencias con otros en el cuerpo de Cristo. Es bueno preocuparse por la doctrina, pero debemos considerar una pregunta que mi papá hace a menudo: ¿Es la unidad de la iglesia una de esas doctrinas que tanto atesoramos? 

La unidad de la iglesia no es un complemento opcional que viene una vez que enderezamos nuestra teología. Es parte integral de nuestra vida como pueblo de Dios. Jesús murió para establecerlo (Efesios 2:14). El evangelio pide eso (1 Cor 1:10-17; Fil 2:1-11). Y es esencial para nuestra misión con el mundo, como Jesús oró para que Su pueblo sea “uno. Como Tú, oh Padre, estás en Mí y Yo en Ti, que también ellos estén en Nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste” (Juan 17:21). 

Por supuesto, trabajar por la unidad es complicado. Simplemente no podemos sobrepasar todas las divisiones doctrinales que hay en la iglesia hoy en día, y a menudo nuestros esfuerzos no alcanzarán la membresía formal de la iglesia. Pero deberíamos estar haciendo algo para preservar nuestra unidad, tanto como podamos. ¿Lo anhelamos? ¿Oramos por ello? 

El apóstol Pablo habló de dejar de lado no solo las preferencias, sino también los derechos, por el bien de la unidad del cuerpo (1 Cor 8:13; Rom 14:13). Por lo tanto, si no nos estamos sacrificando por el bien de la unidad de la iglesia, si no nos cuesta nada, probablemente no estamos haciendo lo suficiente.

Pon a prueba tu celo teológico

Un segundo paso debe involucrar la examinación de nuestra mentalidad doctrinal. El Nuevo Testamento nos llama a discernir, distinguiendo entre la sana y falsa doctrina (por ejemplo, 1 Juan 4:1). Al mismo tiempo, hay maneras de ser doctrinalmente severos que profanan el Espíritu de Cristo. Debemos tener cuidado de un espíritu demasiado crítico que para buscando fallas, y que traiciona el amor. 

En su libro Cura para la División en la Iglesia, Richard Baxter nos advierte que tal espíritu le hace el juego al mismo Satanás:

Satanás pretenderá cualquier tipo de rigor con el que pueda mortificar el amor. Si puedes idear algún tipo de severidad en las opiniones, o exactitud en las órdenes de la iglesia, o severidad en la alabanza, que ayude a matar el amor de los hombres, y traer división a las iglesias, Satanás será el que te ayude, y será el más estricto y severo de todos ustedes…

Por lo tanto, Baxter nos recuerda que no todo el celo teológico viene de Dios. Debemos poner a prueba nuestros corazones durante el desacuerdo, asegurándonos que estamos siendo motivados por el amor:

Piensas que cuando se enciende en ti un calor iracundo y envidioso en contra de los hombres por su propia culpa, es ciertamente un celo que viene de Dios: Pero fíjate que no haya más ira en vez de amor: y si su intención no es deshonrar más a tu hermano en vez de curarlo, o crear bandos y divisiones en vez de sanarlos: Si es así, si Santiago no se engaña,  ustedes se engañan en cuanto al autor de su celo (Santiago 315-16), y tienen un origen peor al que sospechas.

Las palabras aleccionadoras de Baxter nos advierten que tener razón no es suficiente. Debemos estar marcados por el amor. Incluso nuestras críticas deben tener la intención de sanar, no deshonrar, de unir y no dividir.

Mira a otros cristianos como los amados de Cristo

Un último paso es ver a nuestros hermanos cristianos como Jesús los ve. No importa lo serias que sean tus diferencias con un hermano o hermana en Cristo, si Jesús ha puesto su amor en ellos, nosotros no podemos endurecerlos emocionalmente. Esto no significa que deberíamos ignorar nuestros desacuerdos, y en algunas circunstancias hay un espacio adecuado para confrontar y rendir cuentas. Pero incluso nuestros desacuerdos y confrontaciones deben ser manejadas con amor. 

«No podemos escoger o elegir entre las ovejas de Cristo. Si son valiosas para Él, deberían serlo  para nosotros.»

Charles Spurgeon reflejó este valor al discutir sus desacuerdos con la doctrina de la iglesia de George Herbert:

Donde está el Espíritu de Dios, es necesario que haya amor, y si alguna vez he conocido y reconocido a algún hombre como mi hermano en Cristo Jesús, el amor de Cristo me limita a pensar de él como un extraño o extranjero, sino como un conciudadano con los santos. Ahora, odio su doctrina pero amo a George Herbert con mi propia alma, y tengo una esquina acogedora en mi corazón para cada hombre que es como él. Permíteme encontrar a un hombre que ama a mi Señor Cristo Jesús como lo hizo George Herbert y yo no me pregunto si debo amarlo o no; no hay espacio para esa pregunta, porque no puedo ayudarme a mí mismo, a menos que pueda dejar de amar a Jesucristo, no puedo dejar de amar a los que lo aman… Te desafiaré, si tienes algo de amor por Jesucristo, a elegir entre Su pueblo.

¿Tenemos una “esquina acogedora en tu corazón” para cada cristiano verdadero, por mucho que podamos estar en desacuerdo sobre algunas doctrinas secundarias o terciarias? No podemos escoger o elegir entre las ovejas de Cristo. Si son valiosas para Él, deberían serlo  para nosotros.

Debemos encontrar nuestra identidad en el evangelio 

Las peleas sobre la teología usualmente son el resultado de no encontrar nuestra identidad en el evangelio. Es fácil para un espíritu de auto justificación colarse en nuestras distinciones doctrinales. Así como John Newton advirtió, ‘¡La auto justicia puede alimentarse de doctrinas, así como de obras!”

Cuando reconocemos que nuestra mentalidad teológica está fuera del alineamiento con el evangelio, debemos volver nuestros corazones al mismo Jesús. Solo Él es digno de nuestra máxima lealtad emocional, y todas las doctrinas encuentran su propio lugar en relación con Su evangelio. Mientras ponemos solo a Jesús en el trono de nuestros corazones, Él nos ayudará a alcanzar ese balance feliz entre amar a Su pueblo y mantener todas Sus enseñanzas. 

Suyo en la causa de Cristo,

Gavin

Por: Gavin Ortlund
Fuente: An Open Letter to Those Who Divide over Doctrine
Traducido por: Mariafernanda Artadi  

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