Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

confesión

¿Qué tan importante es confesar mi pecado a alguien que no sea Dios?

Nosotros los protestantes no usamos confesionarios. Aparentemente, Martín Lutero pensó que la cabina del confesionario era una buena idea, pero por supuesto tuvo cuidado de hacer que la práctica fuera voluntaria y no obligatoria. Más recientemente, John Stott elogió la práctica de confesar los pecados regularmente a un pastor de confianza. Así que tal vez alguna rara iglesia anglicana aquí o allá tenga un confesionario, pero en general, los protestantes no practican la confesión auricular de nuestros pecados a un ministro. Entonces, ¿qué lugar debería tener la confesión privada de nuestros pecados personales a otros, a otros cristianos?

La pregunta viene de Nathan, quien pregunta: “Pastor John, gracias por enriquecer mi caminar con Cristo por su obediencia a la verdad y sirviendo fielmente al cuerpo de Cristo con su don de la predicación. En los últimos años he estado luchando con un texto en el ministerio para el que trabajo y la iglesia a la que asisto. Santiago 5:16, dice que necesitamos confesar nuestros pecados el uno al otro. Ahora, afortunadamente soy consciente de Salmos 51:4 y 1 Juan 1:9. (He predicado en 1 Juan 1:9 muchas veces.) ¡Hay un mediador entre Dios y el hombre, Jesucristo hombre (1 Timoteo 2:5)! Aquí están mis preguntas principales. ¿Qué está ordenando exactamente Santiago en Santiago 5:16? ¿Qué significa, ‘para que sean sanados’? ¿Y podría darnos una breve teología de las prácticas de confesión relacional en general?”

Vamos a hacer la breve teología primero. Vamos a comenzar desde una perspectiva amplia y general y reunir algunos componentes básicos para la teología de la confesión relacional y luego aterrizar a las órdenes específicas de Santiago 5.

Pueblo de verdad

Yo comenzaría con la verdad de que, debido a nuestro nuevo nacimiento y nuestra nueva creación en Cristo, por la fe, ahora somos hijos de Dios. “Dios es Luz, y en Él no hay ninguna tiniebla.” (1 Juan 1:5). En la unión con Él, somos hijos de la luz.

Ya que somos hijos de la luz y parte de la luz es la verdad, la comunidad cristiana no debe ser conocida por el secretismo. Clic para tuitear

Pablo dice, “Porque antes ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor; anden como hijos de luz. Porque el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad.” (Efesios 5:8–9). El hecho de que somos hijos de luz y parte de la luz es la verdad, es que la comunidad cristiana no debe ser conocida por el secretismo o encubrimiento de nosotros mismos o nuestras motivaciones de modo que la gente no sepa quiénes realmente somos. No debemos ser hipócritas. No debemos tratar de parecer en el exterior lo que no somos por dentro.

Esto necesariamente incluye el ser veraz sobre nuestra pecaminosidad y nuestras luchas con el pecado. Esto no significa que tienes que publicar al mundo entero tus pecados específicos. No estaría bien para ellos, y no estaría bien para ti.

Esto significa en realidad que tienes que ser conocido como un libro abierto, apropiadamente leído por la gente responsable y madura en tu vida. No eres una persona misteriosa, una persona hipócrita. Efesios 4:25 dice, “Por tanto, dejando a un lado la falsedad, hablen verdad cada cual con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros”.

Esto va a incluir la verdad doctrinal, la verdad relacional, verdad sobre Dios, verdad sobre los demás, verdad sobre circunstancias, y verdad sobre nuestras propias almas. Somos el pueblo de verdad. Ese sería un componente básico fundacional en la teología de la confesión relacional.

Rectifica el agravio

Ahora, lo que sigue a esta humilde veracidad sobre nosotros y hacia los demás es que procuremos reconocer y rectificar cualquier agravio que cometimos hacia otras personas.

Mateo dice: “Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23-24).

Confiésalo. Ve y dile a la persona que agraviaste, y resuelve el problema.

Busca una confesión

Ser hijos de la luz también implica que no nos avergonzaremos de buscar la reconciliación llamando la atención a los pecados de otros en nuestra contra en el cuerpo de Cristo. Mateo 18:15 dice: “Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano”. En otras palabras, busca una confesión de él si puedes porque entonces preservas la relación. Tratamos de ayudar a otros a confesar sus faltas cuando conocemos sobre su pecado.

Tratamos de ayudar a otros a confesar sus faltas cuando conocemos sobre su pecado. Clic para tuitear

Gálatas 6:1 lo generaliza: “Hermanos, aun si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”. Restaurar a alguien sorprendido en un pecado claramente implicará ayudarles a confesarlo.

Si mienten al respecto o lo ocultan, entonces no se logra nada. La confesión está claramente implícita en este esfuerzo fraternal de rectificar los agravios que hemos cometido u otros han cometido ayudándoles a confesar.

Perdónense unos a otros

Luego, Efesios 4:32 da una verdadera aplicación amplia. Pablo describe un espíritu de comunidad en el cual la confesión y el perdón ocurren regularmente. Él dice en Efesios 4:32, “Sean más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándose unos a otros, así como también Dios los perdonó en Cristo”.

Las palabras “perdonándose unos a otros” asumen que la confesión está sucediendo. No andas por una iglesia perdonando a las personas que no han dado ninguna indicación de que hayan pecado contra ti. Esa sería la cosa más ofensiva del mundo: “Te perdono; Te perdono”, y ellos ni siquiera saben de lo que estás hablando.

Claramente, perdonarse unos a otros implica que hay una confesión teniendo lugar. Las personas han venido a ti, han reconocido que han pecado, y las perdonas. Esto nos lleva ahora a Santiago 5.

No guardes silencio

Santiago acaba de decir que los ancianos estén orando por una persona enferma. Si se les da el don de la fe para esa persona, será sanada. Dios la levantará. Luego agrega esto: “Si ha cometido pecados le serán perdonados” (Santiago 5:15).

La honestidad y la pureza de corazón implican el reconocimiento y la confesión continua del pecado a personas apropiadas en nuestras vidas. Clic para tuitear

Parece que en el encuentro con los ancianos, surgen pecados, que de alguna manera estuvieron relacionados con esta enfermedad. No se nos dice cómo. Puede ser que Santiago tenga la intención, de incluir en la sanidad (que es literalmente la palabra σῴζω, salvo), la salvación del enfermo. Él tiene la intención de que la sanidad ocurra en el sentido más amplio, tanto espiritual como física.

Es por eso que los pecados se mencionan aquí. Hubo sanidad física. Luego surgieron estos pecados que de alguna manera estuvieron involucrados y que también fueron resueltos en este encuentro con los ancianos.

Entonces Santiago saca esta inferencia. “Por tanto” —esa es una palabra clave— “confiésense sus pecados unos a otros” (Santiago 5:16). Al igual que sucedió cuando los ancianos estaban teniendo esa reunión de oración, “confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados”.

Considero que esto significa simplemente que en la vida normal del cristiano, la honestidad, la veracidad y la pureza del corazón implican el reconocimiento y la confesión continua del pecado a personas apropiadas en nuestras vidas. El resultado de esto será mayor que el físico. Incluirá salud espiritual también porque Salmos 32:3 hace que la conexión física y espiritual sea clara.

Tuve una experiencia real como esta con un hombre en nuestra iglesia. Este texto realmente cobró vida cuando lo usó para describir su miseria. El texto dice así: “Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día”. ¿Ves lo que sucede? Estoy en silencio No estoy confesando. Y está teniendo este horrible efecto físico en mí. “Porque día y noche Tu mano pesaba sobre mí; mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano”. Entonces viene la solución en el versículo cinco: “Te manifesté mi pecado, y no encubrí mi iniquidad. Dije: ‘Confesaré mis transgresiones al Señor;’ y Tú perdonaste la culpa de mi pecado”.

Ahora el principio está allí —sé que es una confesión para el Señor allí— entre el bienestar físico y un pecado encerrado que nadie sabe y tú estás tratando de esconderte del Señor y te mantienes alejado de otras personas es claro. El principio es que la deshonestidad, el ocultamiento y la privacidad de nuestros pecados generan miseria espiritual y física. Dios nos perdona eso, y entonces nos enseña a confesar nuestros pecados a Dios y a los demás.

Por: John Piper © Desiring God Foundation.

Fuente: “How Important Is It to Confess My Sin to Someone Other Than God?”.

Traducido por: Daniel Elias.

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