Siete frases de aliento para padres de hijos pródigos
Transcripción de audio
Hoy leemos juntos Lucas 15:11-32 en nuestra lectura de la Biblia, la parábola del hijo pródigo, o la parábola de los hijos pródigos (plural). Es una historia famosa sobre un padre, un padre irreprochable, y sus dos hijos, que son todo menos irreprochables, cada uno atrapado por su propio pecado de maneras muy distintas. Para padres de hijas e hijos pródigos, la historia resuena profundamente en ofrecer esperanza, como lo hace para Heather, una mamá en Birmingham, Alabama.
“Pastor John, hola. Soy mamá de un hijo pródigo en sus veintes. Leo Lucas 15 una y otra vez. Lo he estudiado un ciento de veces. Me preguntaba, si fuera a hablarle al padre o madre de una hija o hijo pródigo, ¿cómo le daría esperanza con este texto? Quiero que mi vida refleje la vida del padre en esta historia mientras espero en la puerta.”
En verdad es una parábola increíblemente alentadora para padres de pródigos. Tiene tantas capas de aliento en ella. No creo que nosotros o nadie haya llegado al fondo de ella y su asombrosa imagen del corazón de Dios lleno de gracia. Podríamos hablar por horas sobre las implicaciones de esta parábola, pero no tenemos horas. Así que, quizás permíteme mencionar siete alientos de esta parábola.
1. Dios persigue pecadores
Primero, esta es una de las primeras tres parábolas en Lucas 15, las cuales son contadas por Jesús en respuesta a las críticas en los versículos 1 y 2 por comer con los recolectores de impuestos y pecadores. Cuando los fariseos y escribas murmuraban, diciendo, “Este recibe a los pecadores y come con ellos” (Lucas 15:2), Jesús responde contándoles la parábola de la oveja perdida, la parábola de la moneda perdida, y la parábola del hijo perdido (o hijos, ya veremos).
Así que, las tres parábolas tienen como objetivo ilustrar el hecho de que cuando Jesús está comiendo con pecadores, esto es lo que Dios está haciendo. Él está personificando la búsqueda de Dios que es descrita en las parábolas mientras Él persigue al perdido. Eso es lo que está pasando cuando Jesús viene al mundo y come con pecadores. Dios no está comprometiéndose con el pecado de ninguna manera. Cristo no se está convirtiendo en pecador por comer. Él está haciendo Juan 3:17: Dios envió a Su Hijo al mundo no para “juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él.” Entonces, el padre en la parábola del hijo pródigo es una imagen de Dios actuando en Cristo para salvar a los pródigos. Esa es la imagen básica con la que deberíamos de animarnos. Necesitamos ver a Dios de esa manera. Pensar en Él de esa manera. Él está persiguiendo pecadores.
2. Dios es feliz de tener a los pródigos de vuelta en casa
Segundo, en las tres parábolas, hay esta celebración llena de júbilo por un solo pecador que se arrepiente. “Les digo que de la misma manera, habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento.” (Lucas 15:7). Y en la parábola del hijo pródigo, el padre dice, “traigan la mejor ropa y vístanlo… comamos y regocijémonos” (Lucas 15:22-23). Entonces, el corazón de Dios en esta parábola, en las tres parábolas, está feliz de tener a los pródigos volviendo a casa. Él no está mostrando resentimiento o enojo: Él está feliz.
3. Dios, no la culpa, está a la vista
Tercero, en estas tres parábolas, no hay un enfoque en la culpa de la mujer que perdió la moneda, o del pastor que perdió a la oveja, o del padre que perdió al hijo. Ahora, no estoy diciendo eso para hacer algún comentario sobre la calidad de tu o mi paternidad, que todos nosotros sabemos que pudo haber sido mejor en todo sentido. Las personas a veces me preguntan, “¿Qué harías distinto?” y yo digo, “Todo. Intentaría hacer todo mejor.”
Simplemente estoy diciendo, cuando observo esto, que este no es el tema aquí. Jesús simplemente no está trayendo atención a eso, lo cual queda tan claro como el agua en la parábola del hijo pródigo, porque el padre es una imagen de Dios, quien es el Padre absolutamente perfecto, y sin embargo, tiene a su hijo perdido. Me refiero, ve averígualo – ¿Cómo puedes ser un padre perfecto y tener un hijo perdido? Se nos anima a poner nuestra mirada en estas parábolas no en nosotros mismos, no en nuestros logros, sino en el tipo de Dios con el que estamos lidiando en estas parábolas.
4. Dios puede traer sanidad mediante la miseria
Cuarto, el hijo pródigo experimenta un cambio de corazón en el punto más bajo de su vida miserable. Él está listo para compartir la comida con los chanchos. En el punto más bajo del muchacho, él vino a sí mismo (Lucas 15:17). Y lo alentador es que justo cuando se veía completamente sin esperanzas – ¿Cómo podrías volver de algo tan bajo? – él experimentó su despertar.
5. El corazón de Dios corre hacia Sus hijos
Quinto, quizás el momento más tierno, hermoso y poderoso en la parábola, que Jesús seguramente tenía este efecto planeado porque él contó la parábola de esta manera, es el momento en el que el padre ve al muchacho a la distancia y corre a recibirlo – no camina; el corre a recibirlo. “Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él, y corrió, se echó sobre su cuello y lo besó” (Lucas 15:20). Entonces, él vió, él sintió, él corrió, él abrazó, él besó. Así que, oh, mantengamos – quiero decirlo a mí mismo – mantengamos esa imagen en nuestras mentes, no solo como una imagen del corazón de Dios, sino también para hacer de nuestros corazones tiernos en esa forma y entusiasmados en esa forma.
6. Dios puede levantar a los muertos
Sexto, el padre describe el cambio en la vida del muchacho como el cambio de la muerte a la vida. “porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado” (Lucas 15:24). Esto es alentador porque el padre no minimizó la espantosa condición del muchacho. El muchacho estaba muerto. Desde una mera perspectiva humana, él no tenía esperanzas. Así que, nunca veas la dureza, la indiferencia, incluso la amargura o el cinismo de un pródigo y pienses, “Eso no puede cambiar. Esto nunca va a cambiar.” No pienses de esa manera. Puede. Él estaba muerto y ahora vive.
7. Dios invita a ambos hijos a casa
Y luego, finalmente, séptimo: Recuerda que este padre en la parábola del hijo pródigo tuvo dos hijos pródigos, no solo uno. Cuando Jesús estaba comiendo con los recolectores de impuestos y pecadores, habían dos grupos de personas perdidas con los que tenía que lidiar. Uno era el de los recolectores de impuestos y los pecadores, y el otro era el de los fariseos y escribas.
Los recolectores de impuestos y los pecadores son representados en la parábola por el hijo pródigo, y los escribas y fariseos son representados por el hijo mayor que estaba molesto. Él estaba molesto porque el padre celebraba el regreso del hijo menor. Vida – él estaba molesto por la nueva vida. Este hermano mayor, como los fariseos, vio su relación con el padre en términos de ganancia de privilegios en vez del disfrute de una relación. Entonces, ¿cómo respondería el padre con este tipo de hijo desviado, el segundo hijo pródigo? ¿Cómo respondería?
Algunas veces las personas dicen – y escuché esto cuando estaba en Alemania escribiendo una disertación en el amor a tus enemigos – “no hay forma de que Jesús haya intentado ganarse a los fariseos. Él solo tenía palabras duras para decir sobre los fariseos. Él nunca los invitó a creer.” Y yo señalé en mi disertación que justo eso es lo que pasa aquí . Mira el versículo 28. El hijo mayor estaba molesto, y no quería ir y ser parte de la celebración de la vida y salvación. Y su padre, justo como hizo con su hijo menor, vino y le habló suavemente – no le ordenó, no estaba molesto – le suplicó. Él había salido a darle el encuentro al hijo disoluto. Él salió y trató con amor y rogó con el hijo mayor legalista.
Así que, aquí va mi conclusión, para mí, para todos nosotros: Animémonos con al menos estas siete razones, y recordemos el ánimo de Jesús en el capítulo 18, solo unos versículos a continuación, de que debemos “orar en todo tiempo, y no desfallecer” (Lucas 18:1).
Por: John Piper
Fuente: Seven Encouragements for Parents of Prodigals
Traducido por: Mariafernanda Artadi
Deja un comentario