Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

Siete cosas para hacer después de mirar pornografía

Una gran cantidad de consejos cristianos acerca de la adicción a la pornografía son inútiles, es decir, no contribuyen al progreso real del arrepentimiento, sanidad, restauración, y recuperación. Muchos de ellos, fracasan al abordar los problemas que están debajo del uso de la pornografía. A menudo, los consejos cristianos también tienen su pensamiento en las nubes de la teología y las referencias bíblicas, o son una lista de tareas superficiales, y llegan a ser descartadas en la arena de la vida real, o el fracaso, y en la lucha por la esperanza. ¿De qué manera el evangelio es relevante en fallar e intentarlo otra vez? ¿y en fallar e intentarlo otra vez? ¿y en fallar e intentarlo otra vez?
Con demasiada frecuencia nos permitimos ideales inalcanzables para dictar lo que permitimos que digan, los problemas que permitimos relacionados con la congregación, con la lucha y con el espejo. ¿Nos permitimos hablar sobre lo que Cristo puede hacer (y lo que nosotros podemos hacer) justo después de darle indulgencia a la pornografía? ¿o miramos a las nubes y esperamos lo mejor? “¿por qué pensar en cómo Dios te encuentra en medio del fracaso? Incluso no deberías estar en un situación ‘después de la pornografía’”. Pero a menudo muchos están en una situación así, y porque Dios puede y actúa en el momento de remordimiento.
A menudo en el momento después de cerrar la puerta, en la oscuridad, con la luz de la pantalla, y el acto oculto, después de dar indulgencia a la pornografía, es que Satanás lanza su más elocuente telaraña: los amenazadores patrones de pensamientos; la negociación con la desaprobación y el alejamiento de Dios; nos hacen odiarnos a nosotros mismos. Es en el momento después de la indulgencia a la pornografía que Satanás hace su más fino trabajo. Es en este momento que necesitamos que Dios haga su más fina salvación. Aquí hay algunas maneras específicas para la búsqueda de la gracia en el momento después del oscuro acto de la indulgencia a la pornografía.

1. Conoce a tu enemigo.

Tan pronto como te satisfaces, ya sea que te sumerjas en el odio a ti mismo, o en la auto-anulación. Satanás estará satisfecho de cualquier manera. Ambos caminos tienen sus propias acusaciones (Mateo 16:23; 2 Corintios 7:10). Reconoce que tienes un agente personal con poder que está enfocado específicamente en tu destrucción (Job 1:7; Efesios 2:2; Judas 1:19). Cada experiencia que tengas, tus pensamientos, tus odios, tus impulsos, tus emociones, tus planes, tus ideas, deben tener en cuenta que Satanás está obrando. Tan pronto olvides eso, es más fácil creer mentiras ocultas, subversivas, sutiles y destructivas. Cuando Jesús dijo a los Fariseos que su padre era el diablo, el gran mentiroso, no es de extrañar que ellos no lo sabían. Satanás quería que ellos olviden que él es su padre, porque la maldad gana poder cuando es olvidada (Juan 8:44). No olvides: Después de tu indulgencia al pecado, todavía estás a la mitad de la batalla contra una persona tenaz y malévola empeñada en robar tu vida, y él aún no lo ha conseguido.

2. Lucha contra el odio a ti mismo.

No hay duda: la pornografía es la manipulación retorcida de la inocencia para satisfacer el crudo deseo del apetito erótico. Tener una conciencia afligida es una cosa buena. Pero cuando Judas se dio cuenta que “[había] pecado entregando sangre inocente”, no es de extrañar que “se marchó; y fue y se ahorcó” (Mateo 27:4-5). Es un sentimiento común: querer castigarnos a nosotros mismos por haber traicionado ‘al inocente’. En una inocencia retorcida, nos corrompemos a nosotros mismos. No es una sorpresa que las tasas de suicidio sean altas entre los usuarios de pornografía. “No soy tan bueno como los predicadores y bloggers cristianos quieren que sea”. Deformar la dignidad humana, al final, sólo deforma más al usuario, lo deforma psicológicamente para que se odie a sí mismo; lo deforma hacia el auto-disgusto. Nos aborrecemos, criticamos, despreciamos, y detestamos a nosotros mismos. Revolcarse en el autodesprecio y sentirse como pagar la penitencia a Dios por el pecado es una tortura triste y férrea. Es falsa, y es una opresión malvada. Pero la gracia tiene una palabra para esto.
No es de extrañar que David use este tipo de profundas metáforas físicas cuando suplica a Dios por gracia sobre su pecado sexual: “borra mis transgresiones”, “lávame”, “límpiame”, “en pecado me concibió mi madre”, “purifícame”, “lávame” (otra vez), “borra todas mis iniquidades”, “crea en mí un corazón limpio” (Salmos 51:1,2,5,7,9,10). Es una petición simple y estruendosa: “Está en mi. !Sácalo!” “Detenme”. “Lo odio”. “Me odio”. “Purifícame”. Dios nos da una liturgia de tristeza y esperanza extendida en el mismo gemido. Pelea, junto a David. Grita, junto a David. Reemplaza el gemido humano del odio a ti mismo por un inquebrantable clamor de guerra por amor divino.
Si eres tentado a sumergirte en la pena, no dejes que tu (buen) odio intuitivo al pecado te conduzca a odiarte a ti mismo. Sé paciente contigo mismo, porque Dios es paciente. Él está luchando por tu vida (Génesis 32:24; Juan 10:10). Él no te ha olvidado. No te ha dejado. Continúa peleando junto a Él. Continúa jadeando por el aire de la vida divina, el Espíritu que da Vida (1 Corintios 15:45).

3. Lucha contra la neblina de la confusión.

Justo después de la indulgencia al pecado, una neblina de confusión entra en acción. Jesús lo sabía. “Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios” (Mateo 5:8). La pureza es un festín en medio de una virtud luminiscente. ¿Qué es la impureza? Es el festín que se convierte en el auto-aislado evitamiento de Dios, y el hombre y sí mismo, entumecido, aturdido, amortiguado e insensible. La impureza sexual induce una catarata en los ojos espirituales. Otra vez, el sentimiento es común, el historial del navegador borrado, afanado durante el resto del día, avanzando torpemente de tarea en tarea, de persona en persona; sin sentido, sin identidad, sin pasión. Esta experiencia se integra a la fábrica de indulgencia a la pornografía.
Por lo general no hay nada que hacer, si somos honestos, excepto subirse a la ola de la confusión y el aturdimiento. Sigue orando (Efesios 6:18). Sigue jadeando por aire. Mantente despierto. Las misericordias de la mañana pueden ser el botón de ‘reinicio emocional’ que necesitamos cuando pasamos nuestro ‘caché emocional’ diariamente en la pornografía (Lamentaciones 3:22-24). El lamentador está jadeando. Él ora aquello que no puede hacer. “El Señor es mi porción… por tanto en Él espero” (Lamentaciones 3:24). ¿De verdad? ¿vas a esperar en Él? La oración es un acto de esperanza. La oración es la porción del lamentador de la obra de Dios. Sigue dando pasos adelante. Sigue tomando un respiro. Sin indulgencias al pecado repetidas, la niebla de la confusión finalmente desaparecerá.

4. Proteja a los demás.

La pornografía es una sesión de entrenamiento en la habilidad de usar a otros para el placer personal. Sólo sé consciente que ahora estás inclinado a usar a las personas cercanas de la misma manera que las usas en la pornografía, con motivos egoístas, con una actitud negligente, sin arrepentimiento. La pornografía pone esos anteojos relacionales en nosotros, esto impide profundamente nuestra capacidad de amar bien a los demás. Así que, el mejor rumbo de acción es caminar como si tuviéramos puestos físicamente esos anteojos: Camina lentamente, y asume que actualmente somos muy vulnerables y propensos a tratar a aquellos que nos rodean como subhumanos. Después de la indulgencia, es vital tener en cuenta que aquellos que no están en la pantalla merecen el respeto y dignidad que acabamos de fallar en mostrar a aquellos que vemos en la pantalla.
La pornografía reduce a sus usuarios en un drama, un personaje, una historia con un guión, líneas y acciones: una persona para dar placer, una persona por ser satisfecha; una persona haciendo sacrificios, otra recibe los sacrificios; un subhumano, un dios. Se necesita autocontrol para recordar que la pornografía es una historia falsa; para luchar contra el falso drama que la pornografía nos ofrece, debemos pensar activamente menos en nosotros mismos y más en los demás: recordar la dignidad humana, el amor de Cristo por aquellos a nuestro alrededor, que no somos dioses. El Espíritu obra en nosotros para impedir que la carne nos gobierne (Gálatas 5:17). El Guardián protege a los demás de las consecuencias de nuestro modo de pensar que somos dioses.

5. Confiesa el pecado a un amigo.

Confiesa el pecado a un amigo que no te justifique, pero igualmente importante, que no te aplaste. A veces, cuando buscamos ayuda para levantarnos después de dar indulgencia a la pornografía (Proverbios 24:16), otros sólo nos empujan hacia abajo. Encuentra al amigo que te dé la esperanza que cura cuando escuche la confesión. El propósito de la confesión es “para que sean sanados” y para que “oren unos por otros” (Santiago 5:16). Por supuesto, el valor de “la oración (súplica) eficaz del justo” es que ésta “puede lograr mucho” (Santiago 5:16). Poder ¿para qué? para “limpiarnos de toda maldad (iniquidad)” (1 Juan 1:9). Confesar el pecado a un amigo (más apropiadamente, a un amigo del mismo sexo) no es una barrera entre el pecador y Cristo, sino un medio para reparar el quebrantamiento. El pecador sabio confiesa sus pecados a aquellos que no “[aplastarán] al afligido en la puerta” (Proverbios 22:22) ni a aquellos que “llaman al mal bien y al bien mal” (Isaías 5:20). Considera asistir a una reunión regular de Samsom Society (ayuda a adictos sexuales) en tu zona.

6. Usa tu claridad para lo bueno.

Sí, puede haber una neblina de confusión después de la indulgencia. Pero también puede haber una inundación de claridad, la comprensión del remordimiento. “Entonces Judas… viendo que Jesús había sido condenado, sintió remordimiento” (Mateo 27:3). La claridad de Judas lo llevó por un camino equivocado. Pero tú puedes usar tu claridad para volver al camino correcto. Del mismo modo, Pablo escribe sobre la rebelión de Israel, “Estas cosas sucedieron como ejemplo para nosotros, a fin de que no codiciemos lo malo, como ellos lo codiciaron” (1 Corintios 10:6). A veces, deseamos lo malo de todos modos. Y en ese caso, servimos como un ejemplo para los demás.
Como diría John Piper: “No desperdicies tu pesar”. Úsalo para la gloria de Dios y tu gozo. Establece límites. Usa la claridad que seguramente desaparecerá antes del siguiente momento de tentación para construir estructuras que impidan que suceda otra vez. Vuelve en sí y saca todas las estructuras que sean débiles e ineficaces, y establece medidas preventivas y sostenibles; la verdad básica es ésta: Si no tienes ninguna estructura formal establecida que impida que busques mirar pornografía en el futuro, esto absolutamente, con 100% de certeza, volverá a ocurrir. Si no tienes estructuras, no tienes razón de ser exigente; escoge algo. Aquí hay algunas acciones para escoger:

  • Instala Covenant Eyes o X3Watch (software para monitoreo de sitios web) en todos tus dispositivos.
  • No dejes una sola aplicación de navegador sin monitorear en tu iPhone (celular).
  • Elimina aplicaciones en tu navegador que permitan accesos ocultos sin monitoreo para el uso de internet.
  • Busca un amigo que bloquee la función de descarga de aplicaciones en tu celular para que el navegador nativo no sea una opción, y no puedas descargar Google Chrome (la aplicación Covenant Eyes/X3 funcionará como navegador).
  • Elimina las imágenes que has guardado.
  • Dile a un amigo sobre los códigos ocultos y engañosos que tienes en tu ‘bolsillo trasero’. Si no lo has planeado en absoluto, estás planeando fracasar. En ninguna parte esto es más cierto que en la práctica de la lucha contra la indulgencia a la pornografía.

7. Conoce a tu Dios.

Recuerda esto: Dios te ama, te ama mucho. Él está apenado por nosotros (Génesis 6:6), y quebrantado de corazón con nosotros, y poderoso para ti (Salmos 34:17-19). La neblina de la confusión puede obstaculizarnos de Dios: “El hombre torpe no tiene conocimiento, y el necio no entiende esto” (Salmos 92:6). Pero incluso cuando no podemos verle, incluso cuando fracasamos al obedecerle, oremos: Dios, desbarata nuestros planes de desobedecerte (Nehemías 4:15), y “ninguno de Tus propósitos puede ser frustrado” (Job 42:2). Más que cualquier cosa: “[Dios, ayúdanos a echar] toda [nuestra] ansiedad sobre [Ti], porque [Tú tienes] cuidado de [nosotros]” (1 Pedro 5:6-7).
Él no abandona al pecador. Él no se aparta del indulgente. Espera en su amor. “Edificándose… en el Espíritu Santo”: “consérvense en el amor de Dios, esperando ansiosamente la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna” (Judas 1:20-21). Conoce la diferencia entre la máscara de Dios que Satanás usaría para engañarte: disgustado, distante, no disponible, indiferente; y recuerda el rostro de tu verdadero Dios: amoroso, paciente, que obra, que no se sorprende, implacable, firme en su concepto de ti. Él no te dejará.
Por: Paul Maxwell © Desiring God Foundation.
Fuente: “Seven Things to Do After You Look at Pornography”.
Traducido por: Daniel Elias.

Hay un comentario publicado

  1. Anónimo dice:

    Es muy bueno los cosejos, es una herramienta para vencer a satanas muchas gracias
    Bendiciones

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