Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

¿Qué hacer cuando tu espíritu decae?

Este fin de semana hemos estado hablando bastante sobre disfrutar a Jesús. Hasta incluso he tratado de dejar en claro que la propia naturaleza de la gracia salvadora es el despertar del goce de Jesús. Y el viernes resalté que esto puede ser inquietante para las personas porque todos sabemos que nuestras experiencias de disfrutar a Jesús van de arriba para abajo; así que, adjuntar el goce de Jesús a la gracia salvadora puede hacer que parezca que tu salvación se vuelve frágil o se pone en peligro.

Pero la salvación cristiana es todo menos frágil. “A los que predestinó, a esos también llamó. A los que llamó, a esos también justificó. A los que justificó, a esos también glorificó.” (Romanos 8:30). Esa es la cadena dorada de certeza inquebrantable. Si has sido justificado por la fe, no hay condenación, y eres tan bueno como glorificado, porque Dios guarda lo Suyo. Dios guarda.

Me gusta preguntar a las personas, te voy a preguntar a ti, ‘¿qué te hace pensar que mañana te levantarás como cristiano?” La respuesta que des a esa pregunta dice mucho acerca de tu teología, tu manera de ver a Dios y Su salvación. Y la respuesta no es, “porque lo sé, sin lugar a dudas, que utilizaré mi libre albedrío para confiar en Jesús por la mañana.” Tú no sabes nada de eso. Lo que sí sabes es Judas 24-25

Y a Aquel que es poderoso para guardarlos a ustedes sin caída y para presentarlos sin mancha en presencia de Su gloria con gran alegría, al único Dios nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea gloria, majestad, dominio y autoridad, antes de todo tiempo, y ahora y por todos los siglos. Amén.

Eso es lo que sabemos. Dios guarda a los que llama. El control soberano de Dios sobre nosotros es la base de nuestra seguridad. Él nos sostendrá. Él nos sostendrá. “Pues me ama el Salvador; Él me sostendrá.”

Pero no solucionamos el problema de las subidas y bajadas de nuestro gozo al pretender que no hay subidas y bajadas en nuestra fe. Jesús habla de la fe pequeña y de la fe grande. Los discípulos le piden que haga crecer su fe. Pablo habla de la fe que aumenta (2 Tesalonicenses 1:3). Entonces, ya sea que nos concentremos en la fe en Jesús o en el goce de Jesús, la vida es una guerra. Luchamos por la fe y luchamos por el gozo. Si te descuidas, el enemigo te sacará ventaja. Ya sea que tengas 18 u 80, la batalla de la fe, la batalla por el gozo, es una batalla hasta el final. Al final de su vida, Pablo dijo, “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7).

Así que, en esto me quiero concentrar esta mañana: la subida y la caída de la fe, la subida y la caída del goce en Jesús, y especialmente la caída: qué hacer cuando tu espíritu decae.

El patrón de vida de David

Uno de los patrones recurrentes de la vida en los Salmos es meterse en un hoyo y salir de nuevo. Muchos Salmos son descripciones del abatimiento de nuestros espíritus, cuando nos sentimos secos espiritualmente y nos preguntamos si en verdad somos cristianos. Nos falta ese tipo de gozo que sabemos que debemos tener, y somos alejados por diferentes cosas. Puede ser una temporada bastante aterradora. Y la pregunta que estoy tratando de responder esta mañana es si esas temporadas son normales y qué debemos hacer cuando llegan. 

Una de mis afirmaciones favoritas de este patrón de vida viene de la experiencia de David que encontramos en el Salmo 40. Nos vamos a concentrar en los versículos 1-3.

Para el director del coro. Salmo de David.
Esperé pacientemente al Señor,
Él se inclinó a mí y oyó mi clamor.
Me sacó del hoyo de la destrucción, del lodo cenagoso;
Asentó mis pies sobre una roca y afirmó mis pasos.
Puso en mi boca un cántico nuevo, un canto de alabanza a nuestro Dios.
Muchos verán esto, y temerán
Y confiarán en el Señor 

Estos versículos presentan un patrón de vida que, al menos en parte, todo cristiano experimentado conoce de primera mano. Y espero que uno de los efectos de este mensaje sea que todos estén capacitados en seguir el patrón completo desde el inicio hasta su emocionante conclusión. David nos guía por seis etapas de su experiencia, y quiero que le sigamos muy de cerca. Las voy a nombrar, y luego voy desdoblar cada una de ellas.  

  1. David está en un hoyo lodoso.
  2. Él clama a Dios por ayuda.
  3. Él espera al Señor.
  4. Dios lo saca del hoyo y lo pone en un lugar seguro.
  5. Dios le da a David una nueva canción para cantar (probablemente es esta que estamos leyendo).
  6. Muchos otros empiezan a confiar en Dios cuando ven este patrón de vida.

Aquí está el rey David, un hombre tras el corazón de Dios. Veamos si podemos hacer que su patrón se haga parte de nuestra vida.

1. El hoyo del rey

En primer lugar, el rey está en el hoyo (Salmos 40:2). ¿Qué es esta experiencia? ¿Qué se supone que debemos sentir con el rey cuando leemos lo que es estar atrapado en un pozo desolado de lodo cenagoso? Busqué esta palabra, traducida destrucción en la NBLA, desesperación en la RV60 y fatal en la NVI. Lo que descubrí es que en otros lugares se refiere al rugido o al tumulto, como las olas tormentosas. Cuando consideras que el significado real de hoyo es un pozo o una cisterna, la imagen que tienes es impresionante. Es como si David se hubiera caído a un pozo profundo y oscuro, y no se sumergió en un estanque limpio y plácido, sino en una tormenta rugiente, completamente oscura y subterránea. 

Luego, junto con esa imagen está el fango y el barro. Las dos no parecen encajar. Pero no te olvides que estas son imágenes con la intención de hacerte sentir lo que David estaba sintiendo. No son fotografías. Tener esta imagen del barro me ayuda a leer lo que el rey Sedequías hizo con Jeremías cuando quería deshacerse de él. Dice en Jeremías 38:6, “Entonces ellos tomaron a Jeremías, y bajándolo con cuerdas lo echaron en la cisterna de Malaquías, hijo del rey, que había en el patio de la guardia. En la cisterna no había agua, sino lodo, así que Jeremías se hundió en el lodo.” 

Entonces, quizás lo que tenemos que imaginar es que caemos en un hoyo y nos hundimos profundamente en el lodo al fondo y vamos cada vez más profundo cada vez que intentamos levantar el pie, y luego de repente vienen aguas rugientes de algún lugar, y nos rodea en la oscuridad. Y después viene ese sentimiento de impotencia y desesperación, y luego de repente el aire (¡solo aire!) vale un millón de dólares. 

Impotencia, desesperación, aparente impotencia, el punto de quiebre para el empresario sobrecargado, los límites máximos de la exasperación para la madre de tres niños llorando, las expectativas imposibles de demasiadas clases en el colegio, el estrés agotador de una enfermedad prolongada, el ataque inminente de un enemigo poderoso. Es bueno que no sepamos cuál fue la experiencia. Se nos hace más fácil vernos en los pozos con el rey. Cualquier cosa que provoque una sensación de impotencia y desesperación y amenace con arruinar la vida o arrebatársela, eso es el pozo del rey.

2. El clamor del rey

Ahora el clamor del rey, “Esperé pacientemente al Señor, Él se inclinó a mí y oyó mi clamor” (Salmo 40:1). Una de las razones por la que Dios amaba tanto a David era porque él clamaba mucho. Salmo 6:6: “Cansado estoy de mis gemidos; todas las noches inundo de llanto mi lecho, con mis lágrimas riego mi cama.” Salmo 56:8: “Pon mis lágrimas en Tu frasco; ¿acaso no están en Tu libro?” Ciertamente están, porque “bienaventurados los que lloran” (Mateo 5:4).

Es una cosa hermosa cuando un hombre quebrantado genuinamente clama a Dios. No como el deportista que sufre un calambre mientras nada, pero se esfuerza por llegar a la orilla sin ayuda para no parecer débil, sino como el niño pequeño que se aleja demasiado de la orilla y empieza a ser arrastrado por la corriente y clama inmediatamente: “¡papi! ¡papi!” A Dios le encanta responder oraciones infantiles. Pero asegúrate que el clamor sea a Dios y por Dios, no para el hombre.

Fíjate en la conclusión a la que llega David en el Salmo 40:4: “Cuán bienaventurado es el hombre que ha puesto en el Señor su confianza, y no se ha vuelto a los soberbios ni a los que caen en falsedad.” Algunos están dispuestos a decir que necesitan ayuda, pero la buscarán en cualquier lugar menos en el Señor. Pero Dios está bastante disgustado con dicho comportamiento. Un buen ejemplo es el rey Asa. Dios lo castigó por confiar en Siria como aliado en vez de confiar en Dios. Pero Asa se negó a aprender la lección, y al final de su vida dice, “En el año treinta y nueve de su reinado, Asa se enfermó de los pies. Su enfermedad era grave, pero aun en su enfermedad no buscó al Señor, sino a los médicos” (2 Crónicas 16:12).

El punto aquí no es que los doctores sean malos, sino que está mal hacer al doctor tu Dios, pensar que solo con él hay sanación. Cualquier beneficio que venga de los médicos viene del Señor; y por lo tanto, debemos buscar Su ayuda. “Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en el hombre. Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en príncipes” (Salmos 118:8-9). Por lo tanto, cuando estás en el pozo, no simplemente clamas por ayuda a cualquiera; tú clamas a Dios.

3. La paciencia del rey

Y luego, luego hay una parte muy importante de este patrón, esperas. “Esperé pacientemente al Señor” (Salmo 40:1). La razón por la cual esto es tan importante que nosotros escuchemos es que nos guarda de la incredulidad cuando la ayuda de Dios parece tardar en llegar. No podemos poner fechas límites para Dios. Él se apresura o se demora según le parezca conveniente.

Él conoce el tiempo para el gozo y seguramente
Lo enviará cuando lo vea necesario 
Cuando Él te haya probado y purgado debidamente
Y te haya hallado libre de todo engaño. (Del himno “If Thou But Suffer God to Guide Thee”)

Esperar al Señor es una gran parte de la vida cristiana. Hay al menos dos elementos esenciales en la manera en la que debemos esperar con el rey en el pozo: humildad y esperanza. Mira en el Salmo 37:9: “Porque los malhechores serán exterminados, pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.” Luego en el versículo 11 se repite la misma promesa, pero en lugar de los que esperan está los humildes: “Pero los humildes poseerán la tierra y se deleitarán en abundante prosperidad.” Aquellos que esperan son los humildes.

¿Alguna vez has estado en una larga sala de espera en el consultorio del doctor cuando el doctor está retrasado volviendo de una visita y los pacientes se acumulan? ¿Quienes son los que se enfadan con la recepcionista y se quejan con todos? No los mansos, no los humildes. Las personas humildes pueden esperar. No son tan presuntuosos con respecto a sus derechos. Lo mismo ocurre cuando esperamos al Señor. Cuando no esperamos con paciencia, simplemente demostramos cuánto necesitamos el castigo de su demora. 

En segundo lugar, aquellos que esperan pacientemente confían en Dios. Salmo 39:7: “Y ahora, Señor, ¿qué espero? En Ti está mi esperanza.” Salmo 130:5: “Espero en el Señor; en Él espera mi alma, y en Su palabra tengo mi esperanza.” El alma del que espera al Señor no es desganada. No es como una veleta que apunta primero hacia un lado y luego hacia otro, sino más bien como un animal desesperadamente sediento que se esfuerza por llegar al arroyo. “Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por Ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente” (Salmo 42:1-2). Los que esperan como David anhelan el momento en el que Dios vendrá, y ponen su esperanza en Él. ¿Cuándo vendrá? En el momento oportuno. Eso es todo lo que podemos saber. Y eso es suficiente.

4. El rescate del rey

Cuando Él venga, nos sacará del pozo. “Me sacó del hoyo de la destrucción, del lodo cenagoso; asentó mis pies sobre una roca y afirmó mis pasos” (Salmo 40:2). Hay un mundo de diferencia entre la arena movediza y la roca. Cuando Dios viene, Él nos transfiere de un sentido de desesperación a un sentido de seguridad. En el pozo, no nos hemos olvidado de Dios, pero nuestra sensación de Su presencia y Su consuelo no era tan intenso como cuando nos rescata. De hecho, la esencia del rescate es la restauración de ese fuerte sentimiento de la cercanía y la ayuda de Dios. 

Para David, el rescate pudo haber sido la sanación de algún tipo de enfermedad también. Este era el caso en el Salmo 30:2: “Oh Señor, Dios mío, a Ti pedí auxilio y me sanaste.” O pudo haber sido la liberación de sus enemigos como en el Salmo 69:1, 4: “Sálvame, oh Dios…Más que los cabellos de mi cabeza son los que sin causa me aborrecen; poderosos son los que quieren destruirme.” O pudo haber sido la liberación de la culpa opresiva del pecado que había cometido, como en el Salmo 51:1-2: “Ten piedad de mí, oh Dios… Lávame por completo de mi maldad, y límpiame de mi pecado.” Sea lo que haya sido, Dios apareció en el momento correcto y puso los pies de David sobre la roca.

5. La canción del rey 

Dios nos puede liberar de cualquier pozo y lodo, y liberará a sus siervos de cualquier situación difícil que destruiría su fe. Y cuando lo haga, nosotros cantaremos. Salmo 40:3: “Puso en mi boca un cántico nuevo, un canto de alabanza a nuestro Dios.” ¿Qué es lo que significa cantar? Significa que hemos llegado a valorar algo profundamente, o que sentimos una gratitud intensa por algo. Aquellos que no cantan parece que toman la vida por sentada. Nunca se elevan con una sensación de gozo en su corazón.

Todos nosotros gravitamos en esa condición por nuestra naturaleza caída. Y una de las maneras en las que Dios nos mantiene despiertos es dejándonos caer en pozos, dejarnos ahí por un tiempo, y luego sacarnos de ahí hacia el aire fresco de Su gracia. ¿Conoces otra manera para hacer que alguien ame el aire a parte de dejarlos al borde de la asfixia y luego que vuelvan a respirar?

Una vez estaba nadando en el fondo de la piscina como a unos 3 metros de profundidad, y mi dedo se atrapó en la tapa para el desnatador. En cuestión de segundos, el aire era todo lo que me importaba. Estuve bien por treinta segundos más, y clamé a Dios, y Él soltó mi dedo y me puso sobre el piso de concreto y colocó una nueva canción en mi boca, un himno al aire (aire precioso, dulce e invaluable) y a Dios.

Ese es el tipo de amor que Dios quiere que tengamos para Él. Y si debe hacerlo, lo conseguirá escondiéndose durante una temporada, hasta que lo anhelemos como un niño que se ahoga anhela el aire. Y cuando Él se vuelva a mostrar y lleguemos jadeando a Su presencia, cantaremos como nunca antes. Todas las viejas canciones serán nuevas. Y si no son adecuadas, escribiremos las nuestras propias. 

La iglesia no debe limitarse a cantar las canciones de los santos de ayer. El versículo 3 dice: “Puso en mi boca un cántico nuevo.” Tienen que haber nuevas canciones, y tienen que venir de ti, porque Dios las ha puesto en tu boca. Deja que todos los poetas y músicos salgan. Las canciones más ricas y conmovedoras surgieron de estas experiencias en el pozo. La vieja canción dice, “De paz inundada mi senda ya esté, o cubra la mar de aflicción.” La nueva canción dice, “Bendito seas Tú en la tierra de plenitud, donde fluya abundancia yo te bendeciré… Bendito seas Tú en el tiempo de sequedad, en momentos de soledad te bendeciré.” Las olas y el desierto; el pozo, y luego la canción.

6. La influencia del rey

¿Quién sabe cuántas personas podrían ver y temer, y poner su confianza en el Señor? Ese es el final del Salmo 40:3: “Muchos verán esto, y temerán y confiarán en el Señor.” Este es el paso final en el patrón de vida descrito en estos tres versículos. ¿No es impresionante que, cada vez que Dios nos libera del pozo y pone un nuevo canto en nuestra boca, Su objetivo no sea solo nuestro beneficio, sino también el beneficio de los demás por medio de nosotros? Que no veamos nunca nuestra propia canción como el punto final de la misericordia de Dios. Él quiere que nosotros cantemos para atraer a otros al reino. ¿Cómo pasa esto?

Ellos miran, temen, y ponen su confianza en Dios. ¿Qué es lo que ven? Ellos ven a una persona que, contrariamente a la naturaleza humana, era humilde en la angustia; que nunca perdió la esperanza y confió en Dios; y que, cuando fue liberado, le dio la gloria a Dios. Ellos ven algo real, genuino y auténtico, algo que resuena como verdadero en el corazón humano. Y a medida que la convicción comienza a crecer en el incrédulo de que hay verdad y realidad en la vida de los piadosos, comienza a temer las implicaciones de su propia incredulidad. Si Dios es así de real y se puede confiar en Él para ayudar a aquellos que esperan en Él, entonces probablemente aquellos que lo ignoran y ponen sus esperanzas en todo tipo de cosas diferentes están en problemas (Filipenses 1:28). Y por la gracia de Dios, muchos darán el paso final y pondrán su confianza en el Señor. La música de los santos rescatados es una increíble forma de evangelismo.

¡Vaya sorpresa! Toda la historia termina siendo una lección sobre el evangelismo personal. ¿Cómo podemos ganar a otros para Cristo? (1) Cuando estás en los pozos con el rey, (2) clama al Señor como un niño desesperado, (3) luego con humildad y esperanza, espera pacientemente al Señor, (4) y cuando Él venga en Su tiempo y te de seguridad, (5) canta una nueva canción a Su gracia (6) para que la gente pueda ver y temer, y poner su confianza en el Señor.

Por: John Piper
Fuente: What to Do When Your Spirits Sink
Traducido por: Mariafernanda Artadi

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