Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

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¿Qué es el pecado imperdonable?

Esperanza para los que sienten que han ido demasiado lejos

“Pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene jamás perdón.”

Esta una de las declaraciones más enigmáticas, controversiales y obsesionantes de Jesús. En los últimos dos milenios, muchas almas torturadas han luchado contra esta advertencia. ¿Habré cometido “el pecado imperdonable”? Cuando dirigí mi enojo profano a Dios, cuando hablé en rebeldía contra él, ¿cometí una blasfemia imperdonable? O, quizás con más frecuencia, especialmente en la epidemia actual de la pornografía en Internet, “¿podría realmente ser salvo si sigo volviendo al mismo pecado que tantas veces he prometido nunca volver?”

A pesar del enigma y la controversia, tenemos un camino simple hacia la claridad. La declaración de “blasfemia contra el Espíritu” de Jesús solo aparece en los Evangelios Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). Si tenemos una idea concreta de lo que significó (o no significó) allí, entonces estamos en condiciones de responder a lo que ese “pecado imperdonable” podría significar (y no significar) para nosotros hoy.

Lo que Jesús dijo en realidad

Jesús no había estado enseñando en público durante mucho tiempo cuando sus oyentes comenzaron a compararlo con sus maestros, llamados “los escribas”, parte del grupo judío conservador conocido como los Fariseos. Las multitudes crecientes “se admiraban de Su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Marcos 1:22). Los escribas escucharon la comparación y sintieron la tensión, y pronto la intensificaron (Marcos 2:6, 16), ya que estos maestros bíblicos de esos días, con sus muchas tradiciones añadidas, rápidamente crecieron en su envidia, y luego odio, por Jesús. La amenaza es tan grande que incluso estos conservadores están dispuestos a cruzar la línea para conspirar junto a sus rivales liberales, los herodianos (Marcos 3:6).

El enfrentamiento viene en Marcos 3:22-30 (Mateo 12:22-32). Los escribas habían descendido de Jerusalén para corregir a la gente pobre y engañada por el remanso de Galilea. “¡Está poseído por Beelzebú!”, dijeron. “Expulsa a los demonios por medio del príncipe de los demonios” (Marcos 3:22 NVI).

Jesús calmadamente responde su mentira con lógica básica (versículos 23-26) y la convierte en una declaración acerca de su señorío (versículo 27). Luego advierte a estos mentirosos, que saben mejor en el fondo, del peligro espiritual en el que se encuentran.

“En verdad les digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias con que blasfemen, pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene jamás perdón, sino que es culpable de pecado eterno.” Porque decían: “Tiene un espíritu inmundo.” (Marcos 3:28-30)

Una cosa es suponer que Jesús está loco (su familia temía tanto esto en esta etapa inicial, Marcos 3:21), pero otra cosa es atribuir la obra del Espíritu de Dios al diablo —observar el poder de Dios desplegándose en y por medio de este hombre Jesús, ser obsesionado por esto con un corazón insensible, y engañar a otros atribuyendo la obra del Espíritu a Satanás. Esto evidencia una dureza de corazón tan profunda en estos escribas que deberían temer que estén al borde de la ruina eterna— si no es demasiado tarde. Jesús no necesariamente declara que los escribas ya están condenados, pero les advierte gravemente de su precaria posición.

¿A quién han blasfemado los escribas?

Antes de preguntar sobre nuestro pecado hoy, juntemos las piezas en los Evangelios. Los maestros del pueblo del pacto de Dios, aquí en este punto crucial y único en la historia de la redención, tienen a Dios mismo entre ellos. El reino largamente esperado de Dios está amaneciendo. “Si Yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a ustedes” (Mateo 12:28). El mismo día para el que sus historias, profetas y Escrituras los habían preparado, se revelaba delante de ellos, y ellos en sus corazones duros e impenitentes, lo rechazan.

Y no solo están fríos con respecto a cómo Dios lo está haciendo, y murmurando sobre eso el uno al otro, sino que como maestros del pueblo de Dios, ahora están hablando para alejar a otros de la verdad. Y lo hacen al declarar que el poder que actúa en Jesús, manifiestamente de Dios, es el poder de Satanás. Aquí Jesús les advierte: “Cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene jamás perdón, sino que es culpable de pecado eterno” (Marcos 3:29). ¿Porque?

Mateo agrega un detalle que no tenemos en Marcos. “Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:32). Atacar a Jesús es una cosa. Él se refiere a sí mismo como “el Hijo del Hombre” —Dios mismo entre su pueblo, pero aún no completamente revelado en su muerte y resurrección. Ataca a este enigmático Hijo del Hombre, y el Espíritu puede superar eso. Pero otra cosa es ver lo que Dios está haciendo y atacar a Su Espíritu. ¿Quién queda para ayudar a estos escribas si se están poniendo en contra del Espíritu de Dios? Insulta, deshonra, y sé enemigo del Espíritu, y ¿quién queda para traerte de vuelta?

La razón por la que estos escribas están peligrosamente cerca de ser culpables del “pecado eterno” es porque están evidenciando una dureza de corazón tan arraigada, no solo contra este misterioso “Hijo del Hombre”, sino ahora explícitamente contra el Espíritu —por el cual sus corazones pueden no ser capaces de arrepentirse más. No es que ellos puedan estar genuinamente arrepentidos pero se les niega el perdón, sino que ellos “nunca tendrán perdón” porque nunca llegarán a la condición simple, incalculable y de corazón blando para ello: el arrepentimiento.

¿Alguien es imperdonable hoy?

Cuando Jesús se dirige a los escribas en su día, está al borde de un cambio sísmico redentor-histórico que viene con su vida y ministerio. Entonces, ¿en qué sentido podría su advertencia a los escribas acerca de “la blasfemia contra el Espíritu” ser únicamente para los días de Jesús, en la cúspide del antiguo pacto siendo cumplido y la de un nuevo pacto siendo inaugurado? ¿Deberían estas palabras caer de la misma manera en nuestros oídos veinte siglos después?

Cuando avanzamos en la historia de los Hechos y las Epístolas, no encontramos nada llamado “blasfemia contra el Espíritu”. Lo que señala nuestra necesidad de ejercer cuidado al aplicar este preciso término hoy. Sin embargo, sí encontramos un concepto similar al “pecado imperdonable”, incluso si los términos no son exactamente iguales. La esencia de la advertencia de Jesús a los escribas en sus días nos llega de alguna forma, aunque no de la manera exacta en que llegó originalmente para los escribas.

Efesios 4:30 habla de “[entristecer] al Espíritu Santo”, pero esto no es lo mismo que la advertencia de Jesús a los escribas. Aquellos que “[entristecen]” al Espíritu se les recuerda que por Él están “sellados para el día de la redención”. Sin embargo, Hebreos 10:29 habla de “[ultrajar] al Espíritu de gracia”, y Hebreos 12:17 advierte a los que profesan ser cristianos a no ser como Esaú que “no halló ocasión para el arrepentimiento”. Al igual que la advertencia de Jesús a los escribas, no se nos dice que Esaú pidió perdón, pero que se le negó. Más bien, “no halló ocasión para el arrepentimiento” —su corazón se había vuelto tan insensible, ya no era capaz de arrepentirse genuinamente y, por lo tanto, cumplir con la condición para la oferta gratuita de perdón.

A lo largo de su carta, el autor de Hebreos advierte a su audiencia sobre este peligro. En el pasado, ellos habían profesado fe en Jesús y habían declarado abrazarlo. Ahora, debido a la presión y la persecución por causa de los judíos incrédulos, sienten la tentación de abandonar a Jesús para restaurar su paz y comodidad. Ellos habían experimentado notables medidas de gracia en relación con el pueblo del nuevo pacto de Dios (Hebreos 6:4-5), pero ahora están acercándose al borde de apartarse de Cristo —y Hebreos les advierte del peligro: habiendo conocido la verdad, y la rechazaron, ¿están ahora llegando a una especie de dureza de corazón que los coloca en una situación de la cual ya no serán capaces de arrepentirse y así ser perdonados?

Para los cristianos de hoy, no debemos temer un momento específico de pecado, sino una especie de dureza de corazón que vería a Jesús como la verdad y, sin embargo, alejarnos —con una especie de dureza de corazón incapaz de arrepentirse. Nuevamente, no es que el perdón no se conceda, sino que no se busca. El corazón se ha vuelto tan recalcitrante, y en tan desacuerdo con el Espíritu de Dios, que se ha vuelto incapaz de un verdadero arrepentimiento.

Esperanza para los que se sienten “imperdonables”

Si temes que hayas cometido algún “pecado imperdonable”, o incluso que tu corazón ya haya alcanzado ese estado de dureza, Dios te ofrece esperanza. Si te preocupa el pecado imperdonable, entonces lo más probable es que no estés allí. Aún no. Los corazones que han llegado a tal dureza contra Jesús y su Espíritu no se preocupan por eso.

Es fácil ponerse nervioso por este enigmático “pecado imperdonable” en los Evangelios y perder la notable expresión del evangelio de los brazos abiertos de Jesús que viene inmediatamente antes de la advertencia: “En verdad les digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias con que blasfemen” (Marcos 3:28). Todos los pecados. Cualquier blasfemia pronunciada. Por la fe en Jesús. Aquí es donde todos los relatos del Evangelio conducen: a la cruz. Este Hijo del Hombre, como lo demuestra progresivamente en los Evangelios, es Dios mismo y el Señor del universo. Y se convirtió en uno de nosotros, y murió por nuestros pecados, y se levantó para ofrecer un completo y total perdón a todos los que se arrepienten y lo abrazan como Señor, Salvador y Tesoro.

Si tus preocupaciones acerca del “pecado imperdonable” se relacionan con un patrón de pecado y falta de arrepentimiento en tu vida, tus mismas preocupaciones pueden ser el Espíritu de Dios obrando para impedir que continúes endureciendo tu corazón más allá de su ablandamiento. No te desesperes. Y no lo trates a la ligera. Ya que el Espíritu Santo alienta a sus oyentes al borde de tal peligro, “Si ustedes oyen hoy Su voz, no endurezcan sus corazones” (Salmo 95:7-8, Hebreos 3:7-8). No tienes garantizado el mañana. Pero tienes el hoy. No es demasiado tarde, si todavía tienes en ti el arrepentirte.

Más buenas noticias

Sin embargo, debemos tener cuidado de que el enigma y la controversia sobre el “pecado imperdonable” nos impida ignorar la realidad principal debajo de este episodio en Marcos 3 y Mateo 12. El punto principal de Jesús no es que haya tal pecado como la “blasfemia contra el Espíritu”, sino que ¡hay una persona como el Espíritu Santo! Qué extraordinario es que Dios no nos haya dejado a nosotros mismos en los altibajos de esta vida. Como lo hizo con su propio Hijo en su plena humanidad, Él pone a nuestra disposición un poder sobrenatural por su Espíritu.

¿Cómo hizo Jesús, como hombre, tales milagros? Por el poder del Espíritu. “Yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios” (Mateo 12:28). Cuando Jesús oye que los escribas dicen: “expulsa los demonios por medio del príncipe de los demonios”, escucha un ataque escandaloso, no sobre sí mismo, sino sobre el Espíritu. La última palabra en la historia lo explica todo: “Porque decían: ‘Tiene un espíritu inmundo’” (Marcos 3:30).

Qué maravilloso es que el mismo Espíritu que dio poder a Jesús en su vida terrenal, y en el camino a su muerte sacrificial, nos haya sido dado hoy. Nosotros “tenemos el Espíritu” (Romanos 8:9, 15, 23; 1 Corintios 6:19). Qué regalo hemos recibido (Romanos 5:5; 1 Corintios 2:12; 2 Corintios 5:5; 1 Juan 3:24). ¿Cuánto menospreciamos qué poder tenemos disponible para nosotros (y a través de nosotros) por el Espíritu?

Por: David Mathis © Desiring God Foundation.

Fuente: “What Is the Unforgivable Sin?”.

Traducido por: Daniel Elias.

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