Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

Por Su Muerte -Ep.6

Transcripción de audio

6. Por Su muerte conocemos cuán profundos son su amor y su compromiso.

9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. (1 Juan 4:9-10 NBLA)

Parece raro que una comunidad caracterizada por el canto, la esperanza, y el gozo recuerda continuamente los detalles horribles de la inmolación de su figura principal. A lo mejor, podemos decir que el canto, esperanza, y gozo vienen a pesar de Su muerte, sin embargo la misma Biblia nos presenta una y otra vez hechos, con perspectiva que hace temblar, que el canto, la esperanza, y el gozo vienen POR la muerte del Señor Cristo Jesús. 

1 Juan 4:9-10 es uno de los varios pasajes que nos presiona con la verdad de que el amor de Dios es visto POR la muerte de Cristo, no a pesar de ella. El versículo 9 dice que el amor de Dios “se manifestó” – literalmente “resplandeció” – en el envío de Cristo, con el propósito de que podamos vivir por medio de Él. Tan demandante y ofensivo como es con el ego humano, eso es lo que dice. La posibilidad de vivir ha venido porque Cristo fue enviado. No Cristo, no vida. Tú estás muerto, a pesar de que caminas por ahí, muerto a la verdadera belleza, muerto al verdadero peligro, muerto a la verdadera bondad, dirigiéndose a la destrucción eterna descuidadamente y voluntariamente. 

¿Cómo es eso de que Su envío a este mundo fue amor? ¿cómo es eso de que Su envío nos hace vivir? De hecho, el versículo que sigue da la respuesta. Su amor se hizo manifiesto entre (literalmente “en”) nosotros, pero no se trata de nosotros ni de lo que nosotros hacemos. 

Si queremos conocer el amor de Dios, debemos de pensar en la venida del Hijo. Especialmente en la venida del Hijo “como propiciación por nuestros pecados”. “Propiación” significa remover la culpa real por el pago de la muerte. La culpa demandó satisfacción. No es una palabra fácil. Muy pocos de nosotros leyéndo esto somos judíos, pocos de nosotros hemos visto a un sacerdote sacrificar un animal, pero mas o menos entendemos la idea. El castigo es justo y merecido, el animal toma el lugar del ofensor, el animal es inmolado, su sangre es esparcida, la paz es restaurada. Y es por la muerte de Jesus, que conocemos el amor de Dios. Esto es asombroso, una vez más, puesto que sus enseñanzas fueron (y son) sorprendentes, su ejemplo fue (y es) incomparable, y sus milagros fueron (y siguen siendo) increíbles. Sin embargo, es en Su muerte donde el amor de Dios resplandece. 

Vemos la profundidad del compromiso sacrificial de Su amor, por ejemplo en versículos como Lucas 22:42-44, cuando suda gotas de sangre en angustia, anticipando el horror de la cruz: 

Diciendo: «Padre, si es Tu voluntad, aparta de Mí esta copa; pero no se haga Mi voluntad, sino la Tuya». Entonces se apareció un ángel del cielo, que lo fortalecía. Y estando en agonía, oraba con mucho fervor; y Su sudor se volvió como gruesas gotas de sangre, que caían sobre la tierra (Lucas 22:42-44).

Él no era ningún masoquista, Él no tenía ningún disfrute morboso del dolor y la muerte. En otro estudio regresaremos al coraje humano que se muestra aquí, pero en términos de amor – inclinemosnos y adoremos la profundidad del compromiso sacrificial de Su amor. Por Su muerte vemos la libertad majestuosa de Su amor. Él ama porque elige hacerlo. Es un amor libre, no forzado. El “amor” por puro compromiso deja un sabor amargo. Este es libre, escúchalo a él en Juan 10:17-18:

Por eso el Padre me ama, porque Yo doy Mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que Yo la doy de Mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de Mi Padre» (Juan 10:17-18).

Oh, que pasemos mucho tiempo admirando la profundidad de Su compromiso y la riqueza del amor no obligado del Dios viviente, el cual no vemos A PESAR DE la cruz, sino más bien POR la muerte de Cristo. Está comprometido, pero no nos ama por compromiso. Habiendo visto siquiera un poco, que volvamos a Él, y nos alejemos de todo lo que le desagrada.

Por: David Bhadreshwar

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