Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

¿Pedir lo que quiera?

Las audaces promesas de Dios sobre la oración

Cada día nuevo, dos de las grandes maravillas del mundo de Dios pasan justo delante de nuestras narices.

Estas dos maravillas se vuelven tan comunes que a menudo pasamos por alto su gloria. Por un lado, son ordinarias y cotidianas, pero cada cierto tiempo, hacemos bien en tomar una pausa y asombrarnos nuevamente de Dios y sus medios especiales para nuestro bien.

La primera maravilla es que Dios habla. El Dios que hizo el universo no tenía que comunicarse con nosotros. Pero lo hace. Y Él sí que habla. Podríamos decir que es conversador, que habla a través de los cielos y la tierra, habla con mayor claridad a través de de Sus profetas y apóstoles, y como punto máximo, habla a través de Su propio Hijo hecho hombre, el Verbo encarnado.

Es impresionante tener Su Palabra en el Libro que llamamos Biblia. Aquel que nos creó nos habla.

La segunda gran maravilla es que Dios escucha. Así como habla, también escucha, inclinándose y prestando atención a Sus hijos amados, no solo dispuesto, sino entusiasmado por escucharlos, invitándonos a esta comunicación bidireccional de una relación real. Él habla para que lo escuchemos y escucha para oirnos. Aquello que llamamos oración es una maravilla que escapa todo entendimiento, tanto por su sencillez y cotidianidad como por sus misterios profundos y efectos del mundo real.

Pese a la gran mayoría de preguntas sin respuestas que tenemos sobre la oración, Dios deja muy en claro que quiere que oremos. No es que Él solo tolera nuestras oraciones, Él se deleita en ellas. Nos invita a orar. Nos llama. Nos conquista. Nos exhorta a orar y nos recuerda que oremos, y pone en acción a Sus ángeles para suscitar nuestras oraciones. Él quiere escuchar a Su pueblo.

Y una de las grandes expresiones de ese corazón es la cantidad de versículos en los que Su Hijo dice: “Pidan lo que quieran”.

¿En verdad pedir lo que quiera?

Mateo, Marcos y Lucas registran cada uno los llamados enfáticos de Jesús a orar:

Y todo lo que pidan en oración, creyendo, lo recibirán. (Mateo 21:22)

Todas las cosas por las que oren y pidan, crean que ya las han recibido, y les serán concedidas. (Marcos 11:24)

Así que Yo les digo: pidan, y se les dará; busquen, y hallarán; llamen, y se les abrirá. (Lucas 11:9)

Estas invitaciones lujosas están llenas de autenticidad divina. ¿Qué ser humano se atrevería a inventarse algo así y a ponerlo en la boca de Jesús? Solo Jesús, solo Dios mismo podría idearlo y decirlo. Y estos llamados o invitaciones a orar se intensifican especialmente en el Evangelio de Juan, en el aposento alto, la noche antes de su muerte.

Y todo lo que pidan en Mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me piden algo en Mi nombre, Yo lo haré. (Juan 14:13-14)

Pidan lo que quieran y les será hecho. (Juan 15:7)

Yo los escogí a ustedes… para que todo lo que pidan al Padre en Mi nombre se lo conceda. (Juan 15:16)

En verdad les digo, que si piden algo al Padre en Mi nombre, Él se lo dará. Hasta ahora nada han pedido en Mi nombre; pidan y recibirán, para que su gozo sea completo. (Juan 16:23-24)

Sí, estas promesas extraordinarias despiertan preguntas. Pero antes de apresurarnos a limitarlas con contextos y condiciones, no perdamos de vista el magnánimo corazón divino detrás de ellas: Dios quiere que ores. No es que Él esté dispuesto a tolerar tu voz. Que hables con Él en oración fue idea Suya, es Su propósito y Su deseo. ¡Oh, cuánto anhela que ores!

Aire fresco para tus oraciones

Reconozco que algunos teólogos han condicionado esta oferta de tal manera que al final terminamos orando menos y con menos esperanza de lo que, de otro modo, lo haríamos. Eso es trágico. Y es no comprender el propósito por el que Jesús hace tales promesas audaces y sin reservas. Cuando Él dice: “Pide lo que quieras”, de ninguna manera está tratando de frenar tus oraciones; al contrario, está soplando oxígeno fresco sobre cualquier llama que aún arda en ti. 

Jesús dice: “Pide lo que quieras”, una y otra vez porque en verdad quiere que ores. Y en medio de las diversas y honestas maneras de aclarar esta invitación a orar, pongamos nuestra atención en la gran verdad y sólido respaldo que infunde valentía para orar con más libertad, no con menos.

La gran verdad: En el Hijo

La orientación principal que Jesús añade en Juan 14-16 es Su propio Nombre: “Si piden algo [al Padre] en Mi nombre…” (Juan 14:13; 15:16; 16:23). “Si me piden algo en Mi nombre…” (Juan 14:14).

Orar en “Su Nombre” no significa que añadimos Jesús como una palabra mágica o algún tipo de encantamiento. “Las oraciones en Su Nombre”, menciona D.A. Carson, “son oraciones que son ofrecidas en plena consonancia con todo lo que representa Su Nombre” (John, 497). Su Nombre lo representa, Su persona y Su obra, y todo lo que hay en Él, recibido y disfrutado como es debido por quien ora.

Orar en el Nombre de Jesús es orar como alguien que está al día con la revelación total del Dios verdadero. A diferencia de Abraham, Moises y David, nosotros oramos en el Nombre de Jesús, sabiendo que Dios mismo ha venido y ha morado entre nosotros en la persona de Su Hijo, que Él murió la muerte sacrificial que nos correspondía, y que ha resucitado para reinar sobre todo, en este momento, para construir Su iglesia. 

Orar en “Su Nombre” no es simplemente parte de la fórmula (“en el Nombre de Jesús oramos, amén”); es conocerlo como lo más superior y el héroe de la historia, recibirlo con alegría como mi propio Redentor y justicia perfecta. Orar en el Nombre de Jesús es reconocer que Dios hizo el mundo y gobierna la historia y reconcilia a pecadores para exaltar a Su Hijo. Orar en el Nombre de Jesús es estar consciente de Su majestad, anhelar Su gloria y desear que se expanda a lo largo del tiempo y del espacio.

Lo cual nos trae de nuevo a la relación profunda entre la Palabra de Dios y nuestras oraciones. Jesús comparte una enseñanza extraordinaria acerca de la oración, y de la respuesta de oración, en la condición que introduce el “pidan lo que quieran” de Juan 15:7:

Si permanecen en Mí, y Mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y les será hecho.

¿Cómo permanecemos en Jesús? Aquí Él apunta a Sus Palabras, y no que permanezcamos en ellas, sino que sus palabras permanezcan en nosotros. ¿Qué es lo que las Palabras de Jesús revelan? Su propio corazón y voluntad, y el corazón y la voluntad de Su Padre. Entonces, una persona que tiene las Palabras de Jesús (y voluntad) habitando en su corazón y mente “demuestra ser efectivo en la oración, ya que todo lo que él o ella pide es conforme a la voluntad de Dios” (John 518).

El misterio se mantiene, pero me resulta esclarecedor e inspirador saber que, cuando las Palabras de Dios se albergan en mi espíritu, no solo alimentan, avivan y forman a mi hombre interior, sino que también me hacen mucho más efectivo en la oración, porque mi alma ha sido moldeada para pedir precisamente aquello que Dios ama.

Respaldo: Por el Espíritu

Una pieza más por añadir es el precioso “respaldo” que tenemos en la oración, si es que podemos llamarle así al Espíritu Santo. Una de las grandes maravillas del nuevo pacto es que el Cristo resucitado da Su Espíritu para que more en los creyentes. Su Espíritu no solo está con nosotros sino en nosotros (Juan 14:17; 7:38-39). Y el Espíritu en nosotros nos impulsa a orar e intercede por nosotros cuando oramos, para hacer nuestras oraciones efectivas cuando no sabemos por qué orar.

El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Y Aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque Él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios. (Romanos 8:26-27)

Así que, sí, ora en el Nombre de Jesús, y ora sabiendo muy bien que en Cristo tú tienes el Espíritu Santo obrando en ti, impulsándote a orar y moldeando tus oraciones según la voluntad de Dios para tu bien supremo y plenitud de gozo.

Libres para pedir

El Espíritu en ti es otra expresión de cuánto tu Padre quiere que ores. Él no quiere que dudes en hablar con Él. No saber qué orar no debería detenerte. Nuestro Padre no quiere que Sus ovejas se avergüencen cuando le pidan algo. Él quiere que sepamos que es generoso, Él quiere darnos nuestros anhelos santos, y quiere moldearnos en el tipo de hijos que quieren lo que Él quiere, al quererlo a Él por sobre todas las cosas. 

Dios quiere oír de nosotros, de los que vivimos del alimento de Su Palabra, de los que tenemos Su voluntad habitando en nuestra alma por Sus Palabras, y luego, a la vista de Jesús, le respondemos, conversamos con Él con la confianza de un hijo amado. Un corazón santo libre para pedir y pedir y pedir; y sabiendo que, aún cuando no sabemos cómo orar, tenemos el Espíritu en nosotros intercediendo por nosotros. 

Por: David Mathis
Fuente: Ask Whatever I Wish?
Traducido por: Mariafernanda Artadi

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