Mi Salvador sufriente me enseñó a cantar
¿Jesús cantaba?
¿Alguna vez te has preguntado cuándo cantó Jesús? Podemos estar seguros de que cantó en la sinagoga durante el Sabat o los festivales religiosos en Jerusalén, lo puedo ver como un niño parado con su familia en los atrios del templo mirando a los Levitas dirigiendo el tiempo de alabanza. Seguramente le enseñaron a cantar el Hallel durante la Pascua Judía, cada buen niño judío cantaba esos Salmos. La acción de cantar seguro era muy natural para Jesús.
¿Tarareaba un himno cuando trabajaba en la tienda de carpintería de su papá? Seguramente conocía varios himnos escritos por Asaf, el jefe de coro de David. ¿Sería Jesús el primero en iniciar una melodía al caminar con sus discípulos por la costa de Galilea con una suave brisa del mar? ¿los otros se unían? ¿qué tal cuando su corazón rebosaba de gozo que tenía que alzar su brazos y entonar una canción?
Solo hay un lugar en la Biblia donde está registrado que Jesús cantó. La escena no es en un valle soleado, no en una boda llena de gozo, no es cuando Jesús cruzó el mar con sus amigos, o cuando tomó una caminata solitaria en lo fresco del amanecer. En vez de eso, la escena de la canción fue en el aposento alto la noche en la que fue traicionado.
«Él estaba al borde de ese gran abismo de miseria en el que estaba a punto de sumergirse; y sin embargo, es ahí donde los hace entonar un himno.»
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Mateo 26:30 describe el momento. Sucedió cuando Jesús le dio a sus discípulos el pan y el vino. Después de eso, “Y después de cantar un himno, salieron hacia el monte de los Olivos.” De todos los tiempos y lugares en los que Dios pudo haber elegido para que nosotros recordemos a Su Hijo cantando, eligió el momento en el que fue llevado a su muerte. Este fue el momento más horrible, grabado para la posteridad, en el que nuestro Salvador cantó. Considera lo que esto implica para nosotros:
Él estaba al borde de ese gran abismo de miseria en el que estaba a punto de sumergirse; y sin embargo, es ahí donde los hace entonar un himno. ¿Qué es lo que nos enseña con eso? Acaso no nos dice a cada uno de nosotros, sus seguidores, “Yo, su Señor, con mi ejemplo los instruiré en cantar aún cuando la última hora solemne de sus vidas haya llegado. Yo soy su Señor que canta.. mi voz moribunda te guiará: a pesar de todos los dolores que abruman mi corazón. Yo seré el jefe de coro, y seré para ti el dulce cantante de Israel.” ¹
No es coincidencia que un himno hiciera eco en el corazón de Jesús mientras contemplaba las garras de un sufrimiento incomprensible. Y Dios nos pide con audacia que hagamos lo mismo cuando llegue nuestro momento de gran aflicción. “Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan Sus pasos” (1 Pedro 2:21).
Mi canción en el sufrimiento
He vivido con cuadriplejia por más de medio siglo y he batallado con el dolor crónico por la mayoría de ese tiempo. Lucho con problemas para respirar y estoy en una batalla contra el cáncer. Todo esto crea una tormenta perfecta de desánimo.
Sin embargo, cuando mi cadera y espalda se congelan en dolor, o simplemente es un día más de parálisis, me fortalezco con el ejemplo de Jesús en el aposento alto. Mi salvador sufriente me ha enseñado a siempre escoger una canción, una canción que fortalece mi fe en contra del desánimo y trae esperanza a mi corazón. Por eso, diariamente tomo mi cruz al son de un himno.
Pero no cualquier ritmo o letra. La canción debe poseer suficiente tono muscular espiritual para meterse en mi alma y sacudir en ella una respuesta con esperanza. Tiene que ser un himno cuya letra me eleve espiritualmente a un plano diferente; debe generar en mí los medios emocionales para recordar mi posición en la vida para poder superar mis circunstancias. Una canción de sufrimiento bien elaborada, llena de verdades sobre la vida y sobre Dios, tiene el poder para hacer eso. Muele la verdad Bíblica en nuestras almas, como un mortero muele polvo en un crisol.
El cantar canciones de sufrimiento no es opcional para los seguidores de Cristo. No es una mera invitación. Cuando los cristianos en Coloso luchaban por sobrevivir bajo el reinado del loco Neron, Pablo les ordenó, “Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones” (Col 3:16). Cuando los Efesios eran perseguidos y amenazados con tortura, Pablo les mandó a que, ‘hablen entre ustedes con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con su corazón al Señor” (Ef 5:19). El mismo Pablo toma su propio consejo cuando; ensangrentado, golpeado y encadenado en prisión; entona a todo pulmón un himno a medianoche, probando que las canciones espirituales pueden proveer municiones poderosas para los cristianos en batalla. (Hechos 16:25).
La vida es una guerra. Me despierto cada mañana sintiéndome acosada por varias aflicciones. Sin embargo, me veo en el coro de los Levitas que marchaban al campo de batalla delante de las tropas de Josafat, cantando, “Den gracias al Señor, porque para siempre es Su misericordia” (2 Crónicas 20:21-22).
En la mañana, sintonizo mi corazón con un himno. Y por la noches cuando el dolor me mantiene despierta, cuando no me puedo cambiar de posición en la cama y no quiero molestar a mi esposo una tercera vez, cuando mi mente está tan nublada que apenas puedo poner dos oraciones juntas en oración, me apoyo en las Escrituras. Pero también me apoyo en las estrofas de himnos asombrosos que he memorizado con los años.
Todo el camino mi Salvador me guía
Alegra cada camino sinuoso que piso
Me da gracia para cada prueba
Me alimenta con el Pan de Vida
Aunque mis pasos agotados desfallezcan
Y mi alma esté sedienta
Brotando de la Roca ante mí
¡Lo, un Manantial de gozo veo! ²
Permite que la canción habite en ti abundantemente
Antes de que la cantes, tienes que saberla. Y conocerla de memoria. Mi esposo suele alardear de mí delante de sus amigos, diciendo, “Solo tararea una línea de una canción de los 60s, algo de los Beatles o de los Beach Boys, cualquier cosa, y creéme Joni sabrá esa canción”. Eso no es nada para presumir, pero Ken está fascinado por el hecho de que conozco todas estas canciones de memoria. Crecí con mis hermanas mayores que andaban pegadas de sus radios, mi mente no podía estar más saturada con canciones de Elvis Presley y de los Supremes. Inconscientemente memoricé canciones del Top 40 simplemente por compartir habitación con mis hermanas.
«La memorización de himnos da un buen comienzo para comprender la doctrina cristiana, y sus melodías nos enriquecen más de lo que nos damos cuenta.»
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Hay himnos mucho mejores para nuestras vidas que canciones frívolas que alimentan la carne, debilitan al espíritu, o que desentierran recuerdos empañados y viejos arrepentimientos. Hay himnos celestiales llenos de valor que podemos aprender, himnos que nos llevan de fuerza en fuerza, de fe en fe, de gracia en gracia. Canciones valientes que fortalecen nuestros corazones para las batallas de la vida.
Por eso es que debemos memorizar himnos. Has escuchado lo que se dice, “somos lo que comemos”, pero yo digo, “somos lo que cantamos”. Incluso ahora, me esfuerzo por guardar mi memoria mientras remuevo esas viejas canciones de pop con sus letras tan inútiles como el algodón de azúcar. En su lugar, he programado mi cerebro para escuchar himnos valientes. Estos himnos ahora son la partitura de mi vida. ¿Por qué ceder el precioso espacio de mis células cerebrales a cosas que cargan mi espíritu en vez de elevarlo?
La memorización de himnos da un buen comienzo para comprender la doctrina cristiana, y sus melodías nos enriquecen más de lo que nos damos cuenta. Nuestras mentes están programadas para recordar mejor los patrones de la música que los patrones de las palabras solas. “Cada cultura tiene canciones y ritmos para ayudar a los niños a aprender el alfabeto, números y otras listas. Incluso como adultos, somos limitados en nuestra habilidad para memorizar series o mantenerlas en nuestra mente a menos que usemos patrones [musicales], y los dispositivos más poderosos son la rima, la métrica y la canción.”³
Dios mismo usó la música para ayudar a Su pueblo a recordar Su Palabra. Israel estaba a punto de entrar a la tierra prometida, Dios instruyó a Moisés en Deuteronomio 31 a enseñar al pueblo una canción para que ellos recuerden no solo Sus promesas sino también Sus terribles advertencias. La lección es clara: concéntrate en cantar palabras que Dios quiere que recuerdes.
Tus canciones de sufrimiento
Tú [puedes estar] sufriendo. Ya sea física o emocionalmente, duele y es difícil. Necesitas una canción. La música se ha drenado de tu corazón, y necesitas himnos celestiales con valor para llenar el vacío. Canciones que te ayudarán a ir de fuerza en fuerza. Quiero ser tu líder de canciones.
¡Confía! Pronto cantarás una canción diferente de sufrimiento. Cantarás con alegría en ese día cuando Dios “enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado” (Apocalipsis 21:40). John Piper describe esta canción gloriosa: “Vamos a cantar sobre el sufrimiento por la eternidad, no de nuestro sufrimiento sino el de Cristo. Recordaremos que Él fue herido por nuestras transgresiones y molido por nuestras iniquidades, y nuestros corazones rebosarán con una canción de alabanza al Cordero quién padeció el dolor supremo para redimirnos.”⁴
Vamos a glorificar a nuestro Señor valiente por elegir cantar en la noche de su traición. Lo enalteceremos por marchar hacia Su muerte con esa misma canción resonando en Su corazón. Acompáñame en seguir Sus pasos. Sube la potencia de la gloria de tu Salvador que canta, el Hombre de dolores que preparó el camino para ti, al levantar una canción antes de cargar la cruz. Oh, que hagamos lo mismo.
Notas:
- Charles Spurgeon, “The Memorable Hymn, No. 2982,” Spurgeon Gems, Abril 5, 1906, https://www.spurgeongems.org/.
- Traducción literal del himno de Fanny Crosby, “All the Way My Savior Leads Me,” 1875.
- Oliver Sacks, Musicophilia: Tales of Music and the Brain (New York: Knopf, 2007), 158.
- John Piper, “Singing, Suffering, and Scripture: How God Keeps Us through Song,” mensaje dado en la conferencia global Sing! Global Conference, Septiembre 2, 2020, Nashville, TN; se añadió énfasis.
Por: Joni Eareckson Tada
Fuente: My Suffering Saviour Taught Me To Sing
Traducido por: Mariafernanda Artadi
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