Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

Los primeros pasos hacia una amistad profunda

“¿Qué deberíamos leer después?” Pregunté. Mi amiga y yo acabábamos de terminar el Sermón del Monte después de varios meses, y ya era momento de planear nuestro siguiente proyecto de lectura de la Biblia.

A ella no se le escapaba nada. “¡Leamos Ezequiel! He estado pensando en él últimamente”.

Me quejé en mi interior, pero no cuestioné su elección. Después de todo, si tienes 95 años y quieres tomar Ezequiel como tu lectura devocional, ¿quién soy yo para cuestionarlo?

Mi amiga y yo hemos estado leyendo juntas las Escrituras por 25 años. Cuando empezamos, yo era una mujer ansiosa de treinta y pico, madre de cuatro hijos. Nuestro ministerio de mujeres nos estaba animando a leer el Nuevo Testamento juntas en un año, y nosotras aceptamos el reto. En conversaciones largas por teléfono, analizábamos lo que estábamos aprendiendo y cómo el Espíritu de Dios estaba usando el texto sagrado para señalar las áreas de desobediencia y transigencia en nuestro caminar con Él.

Cuando terminó el año, una de nosotras sugirió que intentemos leer toda la Biblia juntas. El año siguiente, empezamos a experimentar con sumergidas más profundas a un ritmo más pausado, entonces era mi trabajo crear el cronograma de lectura. Haríamos una lectura panorámica de todo el libro (si es que era lo suficientemente corto) y luego consideraríamos cada capítulo con calma, leyendo y volviendo a leer, a veces escogiendo una sección para memorizar juntas hasta que hayamos terminado con nuestro paso lento por el libro. 

Mi amiga cumplió 96 cuando terminamos de leer Ezequiel, y yo ya estaba cerca para cumplir con los requisitos del programa de adulto mayor. 

Seguíamos leyendo juntas, y seguíamos siendo amigas cuando ella falleció en este invierno.

Obstáculos para las amistades espirituales

Tristemente, una amistad de tantos años como la nuestra es inusual. Muy pocas amistades pasan la prueba del tiempo. Los retos geográficos son desalentadores. Las diferencias de opiniones dividen. Los constantes cambios en los horarios y el incesante tic tac del reloj han hecho que la amistad parezca un lujo que no podemos adquirir o algo para lo que ya encontraremos tiempo más adelante. 

La soledad es el fruto de las vidas que están tan planificadas que llegan a ser asfixiantes. Añádele a eso los efectos de las redes sociales, haciéndonos creer que estamos conectados a “nuestras personas” cuando afirmamos sus fotos de vacaciones con un “me gusta” y comentamos en el video de su nuevo perrito. Sabemos más de nuestros amigos de instagram que de nuestros vecinos que viven al costado, a menudo nos sentimos cabizbajos por la comparación y competencia con sus fotos aparentemente perfectas. 

Las amistades en persona implican un nivel de riesgo de vulnerabilidad y humildad. Todos hemos experimentado la decepción de una amistad que inició como un rayo de esperanza, pero luego surgieron diferencias y todo se derrumbó. 

El novelista del siglo veinte, Wallace Stegner escribió que la amistad “no es mantenida por leyes ni propiedades ni sangre. No hay pegamento en ella, solo el agrado mutuo. Por lo tanto, es rara” (Crossing to Safety, 96). En una amistad espiritual, el “pegamento” más fuerte es un compromiso con forma de fe a la verdad. 

Mientras que muchas otras amistades han pasado por altibajos con el paso de los años y las diferentes etapas de nuestros hijos, o con nuestra presencia en algún comité o proyecto, la amistad espiritual establece un vínculo duradero centrado en la verdad eterna. ¡Solo en el último año descubrí que mi amiga (profesora fiel de escuela dominical, esposa de diácono y mujer de iglesia de toda la vida) no tenía el hábito de profundizar en las Escrituras hasta que empezamos a leer juntas! Ella necesitaba la responsabilidad mutua de una amistad espiritual.

«La soledad es el fruto de las vidas que están tan planificadas que llegan a ser asfixiantes.»

Recompensas de una amistad espiritual

La amistad espiritual empuja en contra de los obstáculos culturales y personifica la hermosa verdad de Romanos 15:7: “Acéptense los unos a los otros, como también Cristo nos aceptó para la gloria de Dios”. Nunca fuimos diseñados para navegar la vida por nuestra cuenta, como lo demuestran todos los pronombres plurales que aparecen en muchos mandamientos del Nuevo Testamento. La hospitalidad empoderada por el Espíritu extiende la bienvenida del evangelio, en el que Cristo es nuestro anfitrión.  

Si nos comprometemos a ser honestas acerca de nuestra relación con Dios y de lo que Él nos enseña cada vez que nos encontramos con las palabras de las Escrituras y reflexionamos en ellas, ese tiempo en el que procesamos, pensamos y reflexionamos juntas empieza a unir corazones con lazos de entendimiento mutuo, dificultades compartidas, y el regalo de la oración de intercesión. Cuando las diferencias surgen y las tendencias del pecado son expuestas, es importante inclinarnos en vez de escaparnos. Para aquellos que son lo suficientemente valientes para admitir y reconocer todas las áreas en las que luchan, las oraciones de un amigo de confianza son un gran apoyo. 

Sin duda, tener una amiga de la misma edad tiene muchos beneficios, una compañera de viaje en la vida, ya sea para compartir anécdotas sobre la etapa de dejar pañales o para quejarse de la perimenopausia y del nido vacío. Sin embargo, no debemos pasar por alto los beneficios de la diferencia de edad. He sido bendecida por poder compartir mi familia con mi querida amiga, y ella ha compartido el regalo de su experiencia vivida conmigo. Alguien que recuerda el racionamiento posterior a la Segunda Guerra Mundial, estaba muy bien equipada para ver con perspectiva el caos cultural o noticias alarmantes que me preocupaban. Una mujer que enfrentó la decepción de la infertilidad durante una época en la que “tales cosas” no se discutían en conversaciones educadas tenía perspectivas valiosas para ofrecerle a una madre joven que estaba con los nervios de punta con su niño rebelde. Una amistad cristocéntrica provee otra mirada con una perspectiva fresca sobre nuestras circunstancias, si es que estamos dispuestos a abrirle nuestras vidas.

Haciendo espacio para la amistad

La amistad espiritual es importante porque Dios nos creó para la comunidad. Los creyentes del Nuevo Testamento estarían horrorizados con los intentos de la actualidad para privatizar nuestra fe y vivir la vida cristiana por nuestra cuenta. Tim Keller escribió: “La comunidad lleva el evangelio a todos los rincones de nuestra vida”. Junto a un amigo cercano, recordamos que la santificación es una caminata lenta, que el perdón realmente es posible, y que la gracia es lo único que va a lubricar los engranajes relacionales. Las amistades que perduran necesitan más que un evangelio teórico.

La amistad pide expectativas creativas y realistas. El tiempo que mi amiga y yo pasábamos juntas era escaso y precioso. Yo estaba criando y dando educación en casa a mis cuatro hijos mientras ella y su esposo viajaban con frecuencia en sus años de jubilación. Nuestras agendas y Biblias nos acompañaban a mesas de picnic y parques para niños. Pero incluso ahí, nuestra fe estaba siendo moldeada por las Palabras fuertes de las Escrituras.

Estoy agradecida por una amistad que ha soportado la prueba de Proverbios 17:17: “En todo el tiempo ama el amigo”, fiel a lo largo de las temporadas de cambios. Varios años atrás, mi amiga se mudó a una comunidad de jubilados en otro estado, lo cual redujo drásticamente nuestro tiempo en físico. Nos veíamos solo un par de veces al año, hasta su muerte, le enviaba nuestros cronogramas de lectura por correo electrónico. Las amistades cambian porque las personas cambiamos. Sin embargo, en la amistad espiritual encontramos una base común duradera en Cristo. Extendemos la bienvenida y nos adentramos juntas en la verdad.

Por: Michele Morin
Fuente: Take the First Steps Toward Deep Friendship
Traducido por: Mariafernanda Artadi 

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