Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

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A los pastores desanimados y sus esposas

Feliz lunes, y bienvenidos una vez más. Bueno, es sabido que los lunes son difíciles para los pastores. La «melancolía del lunes», como la llaman, puede llegar después de entregar nuestra vida y nuestra alma el domingo. Si no eres pastor, ora por tu pastor hoy mientras escuchas.

Y todo esto se multiplica para los pastores que luchan con la tensión en el liderazgo de sus iglesias, lo que luego genera tensión en el matrimonio y la familia. Todo esto lleva a una pregunta de una esposa anónima de un pastor desanimado.

«Pastor John, realmente aprecio su programa Ask Pastor John. Es uno de mis favoritos que escucho mientras camino, lavo la loza o doblo la ropa. Muchas gracias. Le escribo como esposa de un pastor desanimado. Mi esposo y yo hemos estado en el ministerio juvenil a tiempo completo durante cuatro años, y me duele el corazón decirlo, pero me siento casi harta del ministerio. Mi esposo se frustra y desanima mucho a veces. Yo me someto a su liderazgo en nuestra familia y en su llamado al ministerio. Pero estoy muy desanimada. El último año ha sido realmente difícil para nosotros, mi esposo, nuestro matrimonio y nuestra familia. Algunos días mi esposo se ve muy derrotado. Eso me rompe el corazón. Hemos recibido críticas difíciles de miembros de la iglesia. Me cuesta mucho evitar tomar la crítica personalmente. Algunas de estas personas son amigos queridos, y cuesta no sentirse traicionados. El liderazgo de nuestra iglesia permanece bastante silencioso respecto a las críticas y no ofrece apoyo ni orientación respecto a de qué manera mi esposo puede mejorar. Sé que no somos perfectos, en absoluto, pero sin la orientación no sabemos qué quiere la iglesia de nosotros. Nos sentimos solos. ¿Puede usted ofrecernos alguna palabra de aliento?».

Mi corazón realmente está con la situación de este joven matrimonio; con los pastores, especialmente los más jóvenes, que no están en la posición de pastor principal, sino que sirven en roles de apoyo como los pastores de jóvenes. Sus logros y su alegría a menudo dependen de patrones de liderazgo establecidos por aquellos que los supervisan, lo que los hace más vulnerables que otros. Tengo un especial punto sensible de preocupación por que tengan un buen liderazgo, no líderes que simplemente ignoren los problemas.

Hay tres cosas que podrían resultar útiles. Una es un testimonio. Quiero dar un pequeño testimonio de mi propio desánimo a los seis años de ministerio. Otra es una serie de preguntas de diagnóstico que podrían proveer una forma de reflexionar sobre esta situación. Y finalmente, algún aliento desde la Palabra.

Cómo fue que casi renuncié

Este es el testimonio. Yo llevaba seis años en la Iglesia Bethlehem como pastor principal. En ese momento tenía cuarenta años, que creo que es un momento emocionalmente vulnerable para un hombre.

Creo que hay verdaderos problemas de la mediana edad, y en mi diario del 6 de noviembre de 1986 escribí estas palabras. (De hecho, puedes leer todo el texto en desiringGod.org y buscar el artículo «How I Almost Quit» [Cómo fue que casi renuncié]).

Esto es parte de lo que dije:

La iglesia está buscando una visión para el futuro, y yo no la tengo. ¿Significa esto que mi tiempo en esta iglesia se terminó? ¿Significa que hay una alternativa radical que no he previsto? ¿Significa que hoy simplemente estoy en un mal momento, incapaz de sentir la belleza, el poder, el gozo y la fructificación de una infraestructura y un ministerio extendidos?

Oh Señor, ten misericordia de mí. Estoy tan desanimado. Estoy en blanco. Siento que hay oponentes en cada flanco, aun cuando sé que la mayoría en la iglesia está a mi favor. Estoy tan ciego al futuro de la iglesia.

Oh, Padre, ¿estoy ciego porque no es mi futuro? Quizá ni siquiera viviré todo el año, y tú estás librando a la iglesia de la carga adicional de un futuro que yo había creado y no pude completar. No dudo ni por un momento de tu bondad, poder u omnipotencia en mi vida o en la vida de la iglesia.

Confieso que el problema es mío, la debilidad es mía, la ceguera está en mis ojos. El pecado (revélame mis faltas ocultas) es mío y es mía la culpa. Padre, ten misericordia; ten misericordia de mí. Debo predicar el domingo, y apenas puedo levantar la cabeza.

Ahora bien, de hecho, me mantuve en ese rol otros 27 años, lo cual es una advertencia contra renuncias precipitadas cuando Dios puede tener algo maravilloso guardado cuando se persevera en medio de épocas de vacío. Ciertamente él lo hizo por mí, y estoy muy agradecido de que no me dejara. No me dejó partir de la iglesia ni me dejó solo.

Preguntas de diagnóstico

Sin embargo, no todas las renuncias, no todos los cambios en el ministerio se deben a la cobardía, al temor, a la pereza o a una sensación de fracaso, así que quiero dar algunas preguntas de diagnóstico que podrían ayudar a este joven matrimonio a discernir cuál es realmente el problema, porque quizá un cambio en el ministerio es apropiado o quizá no lo es.

1. Dones

¿Hay alguna incompatibilidad entre los dones espirituales de tu esposo y el rol que se le pide que cumpla?

No es una derrota o un acto de desobediencia si descubres que el rol en el que estás exige dones que no tienes. Puede ser doloroso descubrir esa incompatibilidad, pero no tiene que ser vergonzosa. Es muy difícil hacer este llamado acerca de nosotros mismos.

Necesitamos compañeros amorosos, honestos y objetivos en el ministerio. Si ellos no están en el equipo o en la iglesia, entonces están fuera de ella. Pienso que los dones para el ministerio son descubiertos y confirmados de mejor forma por otras personas, no solo por nosotros. Los demás a veces ven más claramente que nosotros si nuestros dones están produciendo algún fruto espiritual o no, y cuál debería ser ese fruto.

2. Teología

¿Hay alguna posible incompatibilidad entre la teología de tu esposo y la teología del liderazgo?

Dependiendo de lo serias que sean las diferencias, esto puede ser un obstáculo en el ministerio continuo. Es muy agradable cuando hay una camaradería teológica en el equipo y nadie tiene que temer compartir abiertamente lo que cree y puede enseñar.

3. Filosofía del ministerio

¿Hay una posible incompatibilidad entre la filosofía del ministerio de tu esposo y la filosofía del ministerio del liderazgo de la iglesia?

Esto es distinto a la teología. Básicamente se trata de la manera en que se lleva a cabo el ministerio. En el ministerio juvenil, esto es explosivamente controvertido. Los padres suelen tener posturas sobre lo que piensan que debería ocurrir en el ministerio juvenil que ciertamente no debería ocurrir en el ministerio juvenil.

Si un ministro de jóvenes no tiene pleno apoyo del pastor principal o el resto del personal, probablemente no va a sobrevivir a la arremetida de estos padres a los que no les gusta lo que él está haciendo con sus hijos.

4. Cultura

¿Hay alguna incompatibilidad de la personalidad o la cultura?

Esto suele sentirse como una cuestión de pecado cuando, de hecho, su esencia no es necesariamente pecado sino genuinas diferencias que son casi indefinibles en la cultura del ministerio, en la personalidad del liderazgo, en el ministro de jóvenes, o en el personal de la iglesia.

Necesitamos amigos hábiles, con discernimiento espiritual dentro o fuera de la iglesia que nos ayuden a discernir si nuestras personalidades son simplemente como el agua y el aceite en este equipo. Quizá eso era parte de lo que ocurría con Pablo y Bernabé.

5. Un llamado al discernimiento

¿Es este desánimo actual una prueba de fidelidad y perseverancia, o es algo que no se debería soportar y necesita ser cambiado?

Dios sabe dónde están, y él los ha puesto allí. Su propósito es que perseveren en la gracia y venzan el mal con el bien. No importa cuál sea el resultado, ese es su llamado. El discernimiento respecto a si este es el caso requiere compañeros en el ministerio.

6. Sin excusas

Este es el número seis (pero en realidad una continuación del cinco). Supongo que la aseveración más desalentadora en la pregunta de esta esposa es: «El liderazgo de nuestra iglesia permanece bastante silencioso respecto a las críticas y no ofrece apoyo ni orientación respecto a de qué manera mi esposo puede mejorar».

Eso es simplemente inexcusable. Es inexcusable que un personal maduro y piadoso funcione de esa forma. Lamentablemente, no es nada inusual, y sugiere que el liderazgo es demasiado inmaduro o temeroso, como parte de su propia disfunción. Demasiado temeroso para abordar el conflicto cara a cara, directamente y aceptar las críticas que ello implique. Muchas estructuras de liderazgo experimentan cambios de personal simplemente por no abordar los problemas del personal. Esa es la única forma que conocen para tratarlos: «Bueno, si no hacemos nada, el miembro del personal que a nuestro juicio quizá no debería estar ahí simplemente no estará ahí si dejamos que las cosas empeoren lo suficiente».

Bueno, eso es terrible. No es la forma en que los cristianos deberían hacer las cosas. Cuando veo que eso ocurre sencillamente me irrita. No es la forma que se nos ha dicho que tratemos unos con otros. No debe ser así, y no sé si es el caso allí o no, pero esa afirmación fue para mí una gran luz roja de alerta. Fue muy triste leerla.

Viene la alegría

Quiero concluir con palabras de aliento. Claramente, Dios es soberano, y Dios está sobre este momento presente. Él los tiene en esta situación de tristeza, presión, carga y desaliento.

Su propósito para ustedes no es su perjuicio. No es su perjuicio. Esto lo sabemos por Romanos 8:28 y 8:32. Sabemos que con su sangre ha comprado bien para ustedes en cada circunstancia.

Sabemos que este es su propósito para ustedes, y él quiere el gozo de ustedes en el ministerio. Lo sabemos por Hebreos 13:17, donde dice: «Que ellos [los pastores] cumplan su tarea con alegría y sin quejarse, pues el quejarse no les trae ningún provecho». Sabemos que el propósito de Dios es que salgas de esta época más fuerte y feliz.

Permítanme concluir con estos dos salmos. Escucha con el corazón. Medita en esto.

«El que con lágrimas siembra, con regocijo cosecha» (Salmo 126:5). «El que con lágrimas siembra», como en el ministerio juvenil, «con regocijo cosecha. El que llorando esparce la semilla, cantando recoge sus gavillas» (Salmo 126:5-6).

Luego está esto del Salmo 30: «Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría» (Salmo 30:5).

Por: John Piper © Desiring God Foundation.

Fuente: “To Discouraged Pastors and Their Wives”.

Traducido por: Elvis Castro de Proyecto Nehemías.

Edición: Daniel Elias.

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