Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

La apostasía de la impaciencia 

Transcripción de audio

La última vez hablamos de la vanidad de la imagen propia. Hoy echaremos un vistazo a la impaciencia. Un hombre mayor que fielmente escucha este podcast nos escribe con esta pregunta: “¡Hola Pastor John! ¿Se puede perder por completo la paciencia, aunque sea un fruto del Espíritu? O sea, ¿puede un cristiano, que sinceramente ama a Dios y camina en obediencia, ver cómo su paciencia se agota, o incluso parece desaparecer y seguir permaneciendo dentro de los límites de la fidelidad espiritual?

“Entendemos la paciencia no solamente como una virtud humana, sino como gracia, una manifestación de la vida del Espíritu en nosotros, un testimonio silencioso pero poderoso de la realidad de Cristo en el alma (Gálatas 5:22-23). Es duradero por naturaleza. Sin embargo, la vida suele estirarnos mucho más de lo que pensamos que podríamos resistir. Hay momentos, incluso en nuestra devoción más profunda, en los que el comportamiento de otra persona nos hiere repetidamente, o cuando una dificultad particular persiste por meses o años agotando y desgastando nuestra determinación. Algunas veces, la misma espera; ya sea por sanación, resolución, claridad o liberación; se vuelve un desierto en sí mismo y nos encontramos clamando en ese momento, no por rebeldía, sino por agotamiento: ‘¿Hasta cuándo, Oh Señor?’”

No hay respuesta fácil 

Mi primera respuesta a esta pregunta es que está hermosamente escrita. Esa pregunta fue formulada y puesta en palabras con pensamientos serios, y aprecio eso. Mi impresión, tras escuchar con atención, es que detrás de esas hermosas palabras hay un alma hermosa y, me atrevería a decir, un alma cansada que ha sido probada varias veces. No hay una respuesta simple a la pregunta, “¿puede un cristiano, que sinceramente ama a Dios y camina en obediencia, ver cómo su paciencia se agota, o incluso parece desaparecer y seguir permaneciendo dentro de los límites de la fidelidad espiritual?”

No hay una respuesta simple a eso. Claramente, estoy tentado a decir que la respuesta es fácil: “Sí sí, es posible. Todos caemos en la impaciencia, y mediante el arrepentimiento y la confesión encontramos el perdón.” Pero esa no es una respuesta satisfactoria porque la paciencia y la impaciencia no son cosas simples. Son complejas. Entonces, permíteme intentar explicar a lo que me refiero con esta complejidad y la razón por la cual esta respuesta no es simple.

Hay dos palabras para la “paciencia” en el Nuevo Testamento. Una es makrothymia, que significa: “resistir con paciencia.” Puedes escuchar “resiste con paciencia” en la palabra macro. La mecha es larga antes de que explote el cohete. La otra palabra es hypomonē, y significa: “aguantar”, “resistir”, “fortaleza”, “perseverancia”.

Cuando haces un estudio de palabras (lo cual hice para prepararme para esto) y buscas todos los usos de esas dos palabras, lo que encuentras es que al menos hay seis respuestas diferentes para la pregunta: “¿Resistir con paciencia ante que?” Tú preguntas: “¿La paciencia tiene final?” Sí, probablemente tenga un final. ¿Antes de qué? O ¿soportar hasta qué punto? Y dependiendo de cómo respondas esas preguntas, el tema de la impaciencia será más o menos grave o peligroso.

Seis circunstancias

Entonces, aquí están. Aquí están las seis respuestas a la pregunta: “¿resistir con paciencia ante qué?”

Número uno, resiste con paciencia antes de enojarte. “Que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira;  pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios” (Santiago 1:19-20). Por lo tanto, ¿hasta qué punto resistes con paciencia? Hasta que te molestes. No te molestes más rápido de lo que debes.

Número dos, resiste con paciencia antes de abandonar la fe cristiana. Hebreos 6:12: “Sean… imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas.” O Romanos 8:24-25: “Porque en esperanza (de la redención de nuestro cuerpo) hemos sido salvados… Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo (esto es, esperamos por nuestra salvación en el final con nuevos cuerpos)  aguardamos.” O Santiago 5:7: “Por tanto, hermanos, sean pacientes hasta la venida del Señor.” O Marcos 13:13: “El que persevere hasta el fin, ese será salvo.”  

Número tres, resiste con paciencia antes de que dejes de hacer el bien. Romanos 2:7: “A los que por la perseverancia en hacer el bien buscan gloria, honor e inmortalidad: vida eterna.” O Gálatas 6:9: “No nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos (vida eterna).”  

Número cuatro, resiste con paciencia antes de que devuelvas dolor por dolor o mal por mal. 2 Timoteo 2:24: “El siervo del Señor no debe ser rencilloso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido.” O 1 Pedro 2:20: “si cuando hacen lo bueno sufren por ello y lo soportan con paciencia, esto halla gracia con Dios.” o 1 Corintios 4:12-13: “Cuando nos ultrajan, bendecimos. Cuando somos perseguidos, lo soportamos. Cuando hablan mal de nosotros, tratamos de reconciliar.” O Romanos 12:19-20: “Mía es la venganza, Yo pagaré…  si tu enemigo tiene hambre, dale de comer.”

Número cinco, resiste con paciencia antes de que dejes de perdonar a tu prójimo. Colosenses 3:12-13: “Revístanse de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros, si alguien tiene queja contra otro. Como Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes.” Resiste con paciencia antes de que dejes de perdonar.

Número seis, resiste con paciencia antes de dejar una relación. 1 Tesalonicenses 5:14: “Amonesten a los indisciplinados, animen a los desalentados, sostengan a los débiles y sean pacientes con todos.” Y aún Tito 3:10: “Al hombre que cause divisiones, después de la primera y segunda amonestación, recházalo.”

Entonces, ahora puedes ver la razón por la que puede haber una simple respuesta a la pregunta “¿puede un cristiano, que sinceramente ama a Dios y camina en obediencia, ver cómo su paciencia se agota, o incluso parece desaparecer y seguir permaneciendo dentro de los límites de la fidelidad espiritual?” Porque la respuesta va a ser no en algunas pruebas de paciencia y sí en otras pruebas de paciencia.

«Hay un límite para la paciencia sin ira, y hay un límite para la paciencia que perdura en las relaciones.»

La impaciencia cuesta almas

Por ejemplo, si alguien dice: “Se me ha agotado la paciencia y ya no te perdonaré más,” o “Ya no voy a devolver bien por mal. A partir de ahora, ojo por ojo, mal por mal, diente por diente. Más te vale tener cuidado,” o “Mi paciencia se ha agotado y ya no voy a intentar hacer el bien. No vale la pena. Me rindo. Me voy de aquí,” o “Ya no voy a ser paciente y mantenerme firme en mi fe mientras espero la venida del Señor. No creo que vaya a venir, y estoy harto de esto del cristianismo. Voy a deconstruir. Se acabó. Me voy de aquí.” Yo diría que en los cuatro de esos casos no debemos dejar de ser pacientes. Perderías tu alma. Te costará tu alma si dejas de ser paciente en esos cuatro casos. 

Si dejamos de perdonar como se nos ha perdonado, si dejamos de devolver bien por mal, si dejamos de hacer el bien, si dejamos de soportar las dificultades de esta vida sin renunciar a Cristo, estaremos perdidos. La paciencia en esos casos es absolutamente esencial. No puedes rendirte.

Límites de la paciencia

Pero no es lo mismo con la ira y el abandono de una relación. Jesús miró a su alrededor a los críticos de corazón duro que no se preocupaban en lo absoluto por los lisiados, y se molestó mucho y se entristeció en su corazón (Marcos 3:5). Y lo mismo pasa con el pueblo de Cristo. Se nos advierte que seamos lentos para la ira ya que a menudo es una señal de la impaciencia pecaminosa. Necesito que me digan, “Piper, ve despacio porque tienes el gatillo muy sensible.” Pero, no siempre está mal molestarse. “Enójense, pero no pequen” (Efesios 4:26). 

Entonces, la paciencia tiene un límite en algunos casos. Y con las relaciones aquí están los límites. Pablo dice: “En efecto les escribí que no anduvieran en compañía de ninguno que, llamándose hermano, es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, o borracho, o estafador. Con esa persona, ni siquiera coman” (1 Corintios 5:11). Así que, sí hay un límite para la paciencia sin ira, y hay un límite para la paciencia que perdura en las relaciones. 

Una última cosa, la paciencia no es algo alegre. Las propias palabras lo dejan claro, “paciencia” y “resistencia” no son palabras alegres. Por lo tanto, cuando nuestro amigo pregunta: “¿Qué pasa si nos encontramos clamando, no por rebeldía sino por agotamiento: “¿Hasta cuándo, Oh Señor?”” (Salmo 13:1), ciertamente no escucho una impaciencia pecaminosa. Lo que escucho es una resistencia dolorosa. Se parece más a Jesús en Getsemaní que a Job en rebelión. 

Por: John Piper
Fuente: The Apostasy of Impatience
Traducido por: Mariafernanda Artadi 

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