Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

cruz

Jesús es más que tu Salvador

“Quiero agradecer a mi Señor y Salvador, Jesucristo…”

Si esas son las primeras palabras que salen de la boca de un atleta después de una gran victoria, estamos bastante seguros de que tenemos a un evangélico delante de nosotros. Por poco natural que esos momentos se sientan a veces, muchos de nosotros apreciamos el corazón que hay detrás de eso. Incluso si sentimos vergüenza ajena, queremos celebrar simultáneamente ese buen instinto que un cristiano reconozca a Jesús no solo como salvador sino también como señor.

“Señor y Salvador” se convirtió en una especie de carta de presentación evangélica en esta última generación, y por una buena razón. La frase surge de las batallas de los ochenta sobre el “señorío de la salvación” (incluso con sus raíces plantadas firmemente en 2 Pedro 1:11; 2:20; 3:2, 18). ¿Podría una persona verdaderamente nacida de nuevo recibir a Jesús como Salvador, pero no como Señor? ¿Puedes rezar una oración, caminar por un pasillo, firmar una tarjeta y recibir la salvación de Jesús, pero no su señorío?

Las voces más convincentes en la controversia se mantuvieron firmes en la roca de las propias palabras de Dios, y argumentaron que recibir a Jesús como salvador es recibirlo como todo lo que Él es: “Jesús es el Señor”. No puedes rechazar su señorío y aún así tenerlo como tu Salvador-que-te-libra-del-infierno. Nadie sabe todo acerca de lo que su señorío significa cuando creemos por primera vez, pero a medida que aprendemos más acerca del Cristo real, lo recibimos como todo lo que Él es.

¿Es suficiente “Señor y Salvador”?

Estoy agradecido por aquellos que lucharon por el señorío de Cristo hace una generación y continúan proclamándolo hoy. Y en estos días y contexto en el que soy pastor, encuentro que “Señor y Salvador” es a la vez esencial e inadecuado. Se necesita decir más acerca de quién es Jesús para nosotros.

Cuando nos paramos delante de la Mesa del Señor en nuestra iglesia cada Domingo por la mañana, y cuando enseñamos a nuestros hijos en casa y en la Escuela Dominical, no nos detenemos a identificar a Jesús como “Señor y Salvador”. Estamos descubriendo que es aún más útil agregar un tercer título a esta frase evangélica bien usada —a fin de ayudar a aclarar qué tipo de Señor, y qué tipo de Salvador, aceptamos que Jesús sea.

¿Qué tipo de Señor?

¿Qué tipo de Señor es Jesús? El tipo que no solo merece nuestra obediencia, sino que se gana nuestra admiración. Él es el tipo de Rey a quien no solo reconocemos con nuestro tributo y servicio militar, sino también nuestra adoración y deleite.

Él no es un señor egoísta, sino un señor que se sacrifica a sí mismo. No es un señor malo, sino uno amable. Él no es como el inseguro y cobarde Príncipe Juan que se opuso a Robin Hood, sino como el encantador y magnánimo Rey Ricardo, un rey por cuyo retorno anhelaban sus súbditos. Él no es un señor como Scar, sino como Mufasa. No como Denethor, sino como Aragorn. No es como la Bruja Blanca, sino como Aslan.

Él no es un señor egoísta, sino un señor que se sacrifica a sí mismo. Clic para tuitear

Él es el tipo de Señor que es también nuestro mayor tesoro, un señor tan bueno que venderíamos todo lo que tenemos para ser sus siervos agradecidos dándonos a nosotros mismos al tesoro que Él es (Mateo 13:44). Es nuestra Perla de Gran Precio (Mateo 13:45-46). No solo hemos visto que Él es poderoso, sino que “hemos probado que el Señor es bueno” (1 Pedro 2:3). Él no es un señor que desdeñamos, sino uno que admiramos. Es un señor que da, no un señor exigente (Mateo 18:27). Él es el “Señor Jesucristo mismo… que nos amó y nos dio consuelo eterno y buena esperanza por gracia” (2 Tesalonicenses 2:16).

Él no solo es “Señor”, sino también “Tesoro”. Él es el tipo de señor en quien nos deleitamos.

¿Qué tipo de Salvador?

¿Y qué tipo de Salvador es Jesús? El tipo que no solo merece nuestra gratitud, sino que se gana nuestro amor. Él es el tipo de salvador que nos saca del fuego, y que al mismo tiempo es él mismo el agua de la vida.

Él no es como un salvavidas que nos salva de la corriente para entregarnos a nuestra familia, sino como nuestro propio padre que nos rescata de la corriente para que él mismo nos dé el abrazo más largo, más dulce y más memorable que hayamos tenido. Su rescate no es como el de un paramédico, bombero, oficial de policía o soldado honorablemente que “solo hace su trabajo”, sino que en su rescate demuestra su amor personal, de pacto y eterno hacia nosotros. Nuestra salvación no muestra su compromiso con su trabajo tanto como su compromiso con su hijo.

Él no es solo “Salvador”, sino también “Tesoro”. Él es el tipo de Salvador que también es “un tesoro en los cielos que no se agota” (Lucas 12:33).

¿Qué tipo de tesoro?

Y así como Jesús es nuestro “Tesoro” que degustamos lo que significa recibirlo como Señor y Salvador, así también su señorío y su liberación informan y enriquecen el disfrute de nuestra Perla de Gran Precio. ¿Qué clase de tesoro es Él? No es algo que compramos, escondemos y gobernamos, sino una persona a la que obedecemos gustosamente y a la que damos alegremente nuestra lealtad. Este es el tipo de Señor-Tesoro que es Él.

Nuestra salvación no muestra su compromiso con su trabajo tanto como su compromiso con su hijo. Clic para tuitear

Y Jesús no solo está delante de nosotros y recibe nuestra adoración, sino que es Él quien se agachó tanto por nosotros y se puso por debajo de nosotros para servirnos. Él es el tipo de Tesoro que no consideró que el ser igual a Dios sea algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando nuestra forma y naciendo a nuestra semejanza. Y como humano, se humilló Él mismo hasta el punto de morir, incluso morir en una cruz (Filipenses 2:6-8). Este es el tipo de Salvador-Tesoro que es Él. Este es el tipo de Salvador por el cual “contamos todo como pérdida por el valor incomparable de conocer a Cristo Jesús, [nuestro] Señor” (Filipenses 3:8).

Dios Lo exaltó hasta lo sumo, y Le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor (Filipenses 2: 9-11). Él es el tipo de Tesoro que con mucho gusto nos salva y a quien con alegría llamamos nuestro Señor. Jesús es nuestro “Señor, Salvador y Tesoro”.

Por: David Mathis © Desiring God Foundation.

Fuente: “Jesus Is More Than Your Savior”.

Traducido por: Daniel Elias.

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