Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

El Señor puede protegerte y te protegerá

Muchos de los miedos más grandes en la vida no vienen de aquello que podemos ver, sino de lo que no podemos ver. Desde siguiente desastre natural impredecible, hasta los ladrones que podrían entrar a casa mientras dormimos o la enfermedad que podría atacar a algún familiar en cualquier momento. Satanás nos consume con miedos profundos hacia lo desconocido. Él explota nuestra imaginación y nos tormenta con sentimientos de inseguridad. 

Los israelitas sabían lo que era inseguridad. Ellos viajaban cada año desde sus casas hasta Jerusalen, muchos de ellos a pie, para una de las tres fiestas más grandes (Éxodo 23:14). El mismo Jesús hizo un viaje peligroso desde su pueblo, varias veces caminando (o montando) más de noventa millas por día. Dios les había dicho que vayan, que vayan donde estaba su presencia (1 Reyes: 8:10-11), pero el camino era peligroso e inseguro.

A lo largo del camino, las personas encontraban amenazas por arriba y amenazas por abajo, muchas de las cuales no podían ver ni predecir. Ellos estaban completamente expuestos abrasador calor y al clima volátil. Los ladrones siempre escondidos en las cuevas y montañas, sabiendo con exactitud el momento para esperar a sus víctimas. Los israelitas sabían que tenían que ir, lo que no sabían era si es que todos iban a llegar vivos. Muchos de ellos no llegaban, así que se sintieron frágiles, vulnerables, inseguros.

Nuestro camino al cielo, a la nueva Jerusalen (Apocalipsis 21:2), es mucho más largo que las docenas de millas que los israelitas caminaron y no menos peligroso. Llevamos con nosotros las promesas de Dios, pero aun así, hay veces que la vida se siente desesperada e incierta. La tentación se esconde y ataca. Los problemas nos emboscan a nosotros y a nuestros seres queridos. El acoso del pecado persiste. Desastres y crisis vienen sin ser anunciados. Sentimos la necesidad de conseguir resguardo.

Canta en contra del peligro

Cuando el pueblo de Dios sentía la necesidad de ser resguardado a lo largo del camino a Jerusalen, en lugar de cubrir sus bocas; ellos elevaban un himno. Ellos clamaban con esperanza a lo incierto, ahogando sus miedos con versos y coros. Ellos cantaban contra el miedo.

El Salmo 121, fue una canción para caminos difíciles e inciertos como estos. El estribillo en estos 8 versos era que: el Señor puede y los cuidará. El salmo fue escrito porque el camino largo y solitario a Jerusalen era peligroso. El camino largo y muchas veces solitario al paraíso también es peligroso. La vulnerabilidad y fragilidad en estos versículos describen un mundo diferente en el que vivimos hoy, un mundo en el cual Satanás merodea, el pecado tienta, y la muerte acecha. Todavía sentimos la necesidad de ser protegidos. 

Puedes sentir la inseguridad en la primera línea: “Levantaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi ayuda?” (Salmo 121:1). No sabemos que había en la imaginación del autor, ya sea que los montes escondían enemigos peligrosos o si simplemente no habían aliados en ellos. Sea lo que sea, estos montes lo hacían sentir pequeño, vulnerable e indefenso: ¿Ahora quién podrá ayudarme?

Lo que tu cuidador puede hacer

Lo que el salmista podía ver le decía que estaba en peligro, pero él no confiaba en lo que podía ver. ¿De dónde viene su ayuda? “Mi ayuda viene del Señor, Que hizo los cielos y la tierra.” (Salmo 121:2). Mientras imaginaba lo que podía sufrir, él miró más allá de las amenazas visibles, al Dios detrás de todo. 

Si de repente los montes alrededor tuyo se ven aterrorizantes, recuerda quién hizo los montes. Tu Dios construyó cada monte a su altura precisa, desde la fracción de centímetro más pequeña. Él formó cada curva y acantilado, plantando cada arbusto y flor, poniendo cada roca en su lugar. Él contó y distribuyó cada hebra de pasto. Tu Dios conoce este monte, cuida este monte, gobierna este monte y todos los montes. Sin embargo, ¡somos tentados rápidamente a temerle a los montes! 

El Señor puede cuidarte, porque no hay nada que este Dios no pueda hacer. Ninguna crisis o circunstancia puede agobiarlo. Él nunca es sorprendido o sacudido. Él creó todo, sostiene todo y gobierna todo, incluyendo cada detalle de nuestras vidas, incluso en los días más difíciles. Ningún monte es muy alto o noche muy oscura para Él. Cuando lo que veas solo grite ansiedad, mira la fuerza de su poder en todo lo que Él ha hecho. Seguramente el Dios que hizo las montañas “es poderoso para guardarlos a ustedes sin caída y para presentarlos sin mancha en presencia de Su gloria con gran alegría” (Judas 1:24).

Cuando los líderes religiosos amenazaron a los apóstoles y les advirtieron que no prediquen el evangelio, ellos oraron una oración similar: “Oh, Señor, Tú eres el que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay…” (Hechos 4:24). ¿Dónde encontró la iglesia primitiva el coraje para seguir testificando? Ellos empezaron por recordar lo poderoso que su Dios era, el poder que podían ver en cada lugar que miraban. Mira a tu alrededor, mira de cerca, y reconoce que el Señor puede cuidarte.

Nada de día ni de noche

El Señor puede cuidarte, y te cuidará. ¿De qué te cuidará? De lo que en última instancia pueda hacerte daño. Las personas eran heridas en el camino a Jerusalén, así como tú serás herido siguiendo los pasos de Cristo (Juan 16:33). Pero si eres de Dios, ya nada puede hacerte daño en última instancia, porque nada, ni la muerte ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni nada que te amenace, puede separarte del amor de Dios en Cristo Jesús (Romanos 8:38-39).

Si Dios es tu refugio, Él es “tu sombra a tu mano derecha” (Salmo 121:5), lo cual significa que nadie está más cerca de ti que el que te guarda. Nada puede interponerse entre tú y tu Dios. “El sol no te herirá de día, ni la luna de noche” (Salmo 121:6). Esta es la manera del autor de decir, “Ningún arma forjada contra ti prosperará” (Isaías 54:17), ningún arma de hombre, ni arma de Satanás, ni peligro en la naturaleza puede hacer que Dios no te proteja. 

Nada de día ni de noche, mientras camines por el valle de la sombra de la muerte, puede robarte de tu vida o de su amor. Aun cuando tienes que dormir, entregando toda vigilancia y control de tus circunstancias, “No se adormecerá el que te guarda. Jamás se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel” (Salmo 121:3-4).

Él guardará tu vida

“El Señor te protegerá de todo mal: Él guardará tu alma” (Salmo 121:7). ¿Cómo Dios puede decir todo mal cuando parece que sufrimos tanto del mal (el nuestro y el de otros)? Derek Kidner compara este versículo con la promesa de Jesús a sus discípulos: “Serán entregados aun por padres, hermanos, parientes y amigos; y matarán a algunos de ustedes… Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá” (Lucas 21:16, 18). ¿Cómo puede ser alguien asesinado sin que un solo cabello de su cabeza perezca? 

Jesús dice, “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” (Mateo 10:28). El mal puede herirnos (y lo hará) en esta vida, pero solo puede hacer eso. Satanás puede hacer meses, o años, o incluso décadas miserables para nosotros, pero su soga es corta, y la eternidad larga. Nuestra carne, nuestras relaciones, nuestros sentimientos son dolorosamente vulnerables por ahora, pero nuestras almas están perpetua y perfectamente a salvo. “Él guardará tu alma”

(Salmo 121:7), la vida que importa más, la vida más satisfactoria y significativa, la que dura para siempre. 

Desde ahora para siempre

Si no sentimos regularmente la necesidad de ser cuidados, hemos perdido sentido de la realidad. Puede que nunca hayamos sabido y sentido la realidad en primer lugar. Tengamos cuidado si decir “el Señor te bendiga y te guarde” suena anticuado, simpático, “probablemente necesario algún día,” en vez de urgente e indispensable. Somos aún más vulnerables de lo que a veces nos damos cuenta.   

Pero si sientes la necesidad de ser protegido, si sientes tu debilidad, y te preguntas cómo llegarás a casa, entonces confía. Jesús oró y continúa orando, por tu cuidado, “Ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y Yo voy a Ti. Padre Santo, guárdalos en Tu Nombre” (John 17:11). Tienes una herencia “incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará” que Dios está guardando para ti. Y Dios te está guardando a ti para ella (1 Pedro 1:3-5).

A dondequiera que Él te llame, por más duro que el viaje se sienta, cualquier miedo que emerja a lo largo del camino, escúchalo decir, “El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (Salmo 121:8).

Por: Marshall Segal

Fuente: https://www.desiringgod.org/articles/the-lord-can-and-will-keep-you

Traducido y publicado por: Mariafernanda Artadi Carbajal

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