El pecado no te consolará
¿Cómo Satanás tienta al herido?
Hace cinco años fui diagnosticado con sensibilidad severa al gluten. Como mi pobre esposa puede dar testimonio, luché contra el diagnóstico por meses, pero eventualmente lo corté de mi dieta. Y me sentí mejor.
Hace aproximadamente un año, empecé a experimentar un dolor similar, a veces por varias horas, así que el doctor me refirió a un especialista. Hicimos algunos exámenes y me hizo varias preguntas. En un momento, me preguntó por el tipo de bebidas que tomo. Le dije que había cortado el café y la gaseosa por completo, pero que todavía tomaba una buena cantidad de agua con gas. “Sí, quizás deberías cortar eso también,” me dijo. Y continuó explicando lo que debió haber sido obvio, ese vertimiento carbonatado en un tracto gastrointestinal sensible muy probablemente inflame tu sistema, causando aún una mayor irritación e incomodidad.
Desafortunadamente, yo (como muchos de ustedes) siempre he escuchado que si tengo un malestar o dolor de estómago, debería tomar una Sprite o Ginger Ale para “calmar mi estómago.” Así que, por todo ese año, cada vez que empezaba a sentir cualquier tipo de incomodidad, iba al refrigerador y tomaba (adivinaste) una botella de agua con gas, esperando que me haga sentir mejor, y luego me preguntaba, completamente confundido, porqué me sentía incluso peor.
Bueno, corté el agua con gas, y mis problemas pararon de inmediato. En cuestión de días, todo mi cuerpo se sentía más ligero y sano. Seis meses después, sigo sin tener esos malestares. Entonces, ¿por qué les estoy contando todo esto? Porque mientras más pienso en esos tiempos y me veo sirviéndome un vaso con agua con gas para mi malestar todos esos meses, más veo cuán a menudo hacemos lo mismo con el pecado. En medio de algo de dolor o frustración o desánimo o agotamiento, acudimos a algún pecado repetitivo, esperando que nos haga sentir mejor, y luego preguntarnos, completamente confundidos, porqué nos sentimos incluso peor.
Satanás caza al herido
Satanás sabe cuán propensos somos a volvernos a nuestro pecado en nuestro sufrimiento, y él acecha en esa debilidad. El apóstol Pedro escribe su primera carta a los creyentes en una aflicción intensa. Ellos estaban sufriendo diversas pruebas (1 Pedro 1:6; 4:12). En particular, varios de ellos estaban siendo calumniados y difamados por seguir a Jesús (1 Pedro 3:16; 4:4). Las personas estaban diciendo cosas horribles sobre ellos. Escucha como Pedro los aconseja para que sufran bien:
Sean de espíritu sobrio, estén alerta. Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar. Pero resístanlo firmes en la fe, sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en sus hermanos en todo el mundo. Y después de que hayan sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que los llamó a Su gloria eterna en Cristo, Él mismo los perfeccionará, afirmará, fortalecerá, y establecerá. (1 Pedro 5:8-10)
Ahora, el enemigo merodea todo el tiempo, y le encantaría devorar a cualquiera de nosotros en cualquier momento, pero el apóstol ve una vulnerabilidad particular en el sufrimiento. Él sabe, por experiencia personal, y por ministrar a otros, que Satanás caza entre los heridos.
«Una manera en la que Satanás nos distrae de su poder malicioso y de su influencia en nuestras vidas, es introduciendo la turbulencia del sufrimiento.»
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Pedro ha visto lo seductor que el pecado puede lucir cuando la vida se pone difícil y dolorosa, y él ha escuchado las malas excusas que nosotros mismos nos hacemos, así que él presiona tres realidades en los corazones frágiles de los que sufren.
1. Tienes un enemigo inquietante y oculto.
Una manera en la que Satanás nos distrae de su poder malicioso y de su influencia en nuestras vidas, es introduciendo la turbulencia del sufrimiento. Si él puede sacudir nuestro avión lo suficiente para que se activen las luces de abrochar los cinturones, él sabe que nos enfocaremos en nuestras pruebas y nos olvidaremos de que él está ahí.
Sin embargo, Pedro nos advierte: “Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar.” Tienes un adversario, y él no es como un gato callejero correteando a un ratón; él es un león de 500 libras, el rey del orgullo, y está acechando almas como la tuya y la mía. Y sin embargo, ¿cuántas veces vivimos como si el diablo no fuera real, como si no se estuviera luchando una verdadera batalla espiritual contra nuestra fe?
El apóstol Pablo descorre el telón:
Nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes. (Efesios 6:12)
Cuando las pruebas vienen, pruebas de varios tipos, necesitamos ser recordados de que tenemos un enemigo serio, que la malicia nos espera en nuestras sombras para atacarnos en nuestro momento más vulnerable.
2. No estás tan solo como te sientes.
Cuando el sufrimiento viene, tenemos que ser recordados de que tenemos un enemigo. También tenemos que ser recordados de que no estamos tan solos como solemos sentir. Escucha de nuevo lo que Pedro dice: “Sean de espíritu sobrio, estén alerta. Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar. Pero resístanlo firmes en la fe, sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en sus hermanos en todo el mundo” (1 Pedro 5:8-9).
¿Cómo resistimos a nuestro horrible enemigo? Una manera de hacerlos es recordando que muchos hermanos y hermanas en Cristo están sufriendo de la misma manera, y no solo sufriendo, sino que sufriendo bien. Por la gracia triunfadora de Dios, ellos están soportando el sufrimiento y superando el sufrimiento (y algunos de ellos seguramente están sufriendo más que tú ahora mismo). Ver a los ejércitos del pueblo de Dios enfrentando pruebas intensas debería fortalecer nuestras almas para seguir luchando un día más, un mes más, o un año más de ser necesario.
Pedro sabe lo aislante que el sufrimiento puede ser. Muchas de las personas que sufren sienten que no hay nadie más que esté pasando lo que ellos están pasando, que nadie conoce su dolor. Él también sabe que lo que sentimos en el sufrimiento no siempre es la realidad. Necesitamos que se nos recuerde levantar nuestra mirada y ver a Dios consolando, fortaleciendo y satisfaciendo a Su iglesia en batalla alrededor del mundo.
3. Sea cual sea tu dolor, terminará pronto.
Antes de que descartes esto como algo trillado, recuerda que el hombre escribiendo esta carta fue perseguido, amenazado, encarcelado, y eventualmente crucificado de cabeza. Su sufrimiento no fue breve o infrecuente o menor, bajo ninguna medida. Y sin embargo, él puede decir el siguiente versículo:
Y después de que hayan sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que los llamó a Su gloria eterna en Cristo, Él mismo los perfeccionará, afirmará, fortalecerá, y establecerá. (1 Pedro 5:10)
Y después de que hayan sufrido un poco de tiempo… Algunos de ustedes son tentados a burlarse. Has tenido dolor por años, quizás incluso décadas (y no muestra que va a parar). No voy a pretender saber lo que es sufrir lo que tú has sufrido. Pero te prometo que el apóstol Pedro no habló mal, ni siquiera en tu caso.
«Comparado con los incontables años de felicidad sin dolor en camino para todos los que siguen a Cristo, cualquier sufrimiento por cualquier cantidad de tiempo solo es un poco de tiempo.»
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Comparado con los incontables años de felicidad sin dolor en camino para todos los que siguen a Cristo, cualquier sufrimiento por cualquier cantidad de tiempo solo es un poco de tiempo. Un día, estos años parecerán minutos. Dios pronto te va a restaurar, y nunca más volverás a estar roto. Dios pronto te confirmará, y nunca más te sentirás inseguro de nuevo. Dios pronto te fortalecerá, y nunca más tropezarás o desmayarás por debilidad. Dios pronto te establecerá en Su presencia, y tú te pararás; radiante, sin incomodidad, sin enfermedad, sin dolor del corazón; en la gloria eterna de Cristo para siempre, sin turbulencia, sin interrupción, sin malas noticias nunca más.
Así que, sabiendo lo que Dios está por hacer por ti, ¿podrías sufrir por un poco de tiempo más?
¿Qué pecado secreto te tienta?
Esta tendencia peligrosa en nosotros, de volvernos al pecado en nuestro sufrimiento por satisfacción y alivio, me recuerda a Jeremías 2:13. Dios dice mediante el profeta:
«Porque dos males ha hecho Mi pueblo:
Me han abandonado a Mí,
Fuente de aguas vivas,
Y han cavado para sí cisternas,
Cisternas agrietadas que no retienen el agua.»En su sed, ellos han abandonado a la fuente de agua viva, “el que beba del agua que Yo le daré, no tendrá sed jamás” (Juan 4:14), han tomado toda el agua con gas del pecado.
Aunque el pecado es peor que eso. El profeta describe el pecado como “cisternas agrietadas”, como tazas con rajaduras y huecos. Nada se queda dentro, y por eso nada sale. Entonces, ¿qué es esa taza para ti? ¿A qué pecado secreto eres tentado a acudir cuando te sientes mal, solo, frustrado, estresado o abrumado? No soy doctor, pero necesitas cortar eso. Te prometo, el consuelo del pecado; los consuelos de la impaciencia, de gula, de ira, de las maratones de series o películas, de la ansiedad, de la amargura, de la lujuria; solo harán que tu dolor empeore al final.
Te prometo, solo los consuelos de Cristo sostienen lo que tu alma anhela en el valle. No encontraremos sanidad para nuestro sufrimiento ni poder para vencer la tentación simplemente por rechazar este pecado que nos acecha. Necesitamos beber de un pozo que sea mejor, más profundo, y que nos satisfaga mejor. Necesitamos ver y saborear a Jesus, a través de Su Palabra, a través de la oración, a través de los unos con los otros, y mucho más aún cuando vienen los tiempos difíciles.
Por: Marshall Segal
Fuente: Sin Won’t Comfort You
Traducido por: Mariafernanda Artadi
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