Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

El legado firme de un padre débil

El Día del Padre es un regalo maravilloso de la gracia común, un recordatorio explícito para cumplir con una obligación llena de gracia que Dios ha puesto sobre nosotros: “Honra a tu padre” (Éxodo 20:12). 

Pero para algunos padres, este día es un recordatorio doloroso de maneras en las que no han podido cumplir con todas las responsabilidades típicas de un padre, a veces por debilidades físicas o circunstanciales, en gran medida o completamente, fuera de su control. Lo que significa que, para algunos, el Día del Padre puede parecer que resalta más la vergüenza que el honor. 

Imagino que el Día del Padre puede haber tenido ese efecto en mi propio padre. Mira, mi papá padecía de una aflicción humillante, una enfermedad mental que tuvo un costo emocional, relacional, y a veces económico, muy significativo para nuestra familia. Su aflicción era, en ciertas maneras, nuestra aflicción, un hecho del que él era dolorosamente (y sin duda vergonzosamente) consciente. 

Pero papá era un hombre honorable, más de lo que él probablemente sabía. Y me gustaría compartir la razón de ello, tanto como para honrar la memoria de mi padre, y como una manera de animar a los padres que luchan con la vergüenza por las formas en las que sus debilidades han limitado sus capacidades paternales. Porque nuestras debilidades, si las administramos tan fielmente ante Dios como podamos, pueden revelar fortalezas más grandes y espiritualmente más significantes que aquellas que nuestras aflicciones nos roban (2 Corintios 12:9). 

Antecedentes de mi niñez

Mi primer recuerdo más vívido de mi padre es verlo correr por la cima de una montaña para rescatarme.

Un día de primavera cuando tenía tres años, mi mamá me envió con una casaca a jugar al jardín trasero. Cuando volví, ella se dio cuenta de que no tenía mi casaca, así que me envió de vuelta por ella. Sin embargo, yo, teniendo tres años, rápidamente me olvidé de la casaca cuando vi el camino, uno que serpenteaba a través de un prado adyacente que conducía a.. ¿dónde? ¿A alguna maravillosa Tierra de Oz? Parecía una buena idea averiguarlo. Así que, me fui alegremente. 

Todo lo que recuerdo del recorrido era que el camino del prado pronto dio paso a colinas cubiertas de hierba, y la Tierra de Oz que descubrí solo eran algunas casas extrañas rodeando una carretera ruidosa con tráfico. Justo cuando me di cuenta de que no hay lugar como casa, también me di cuenta de la aterradora realidad de que no tenía ni idea de cómo volver a casa. Estaba perdido, solo y era pequeño. Y todo lo que pensaba que podía hacer era sentarme y llorar. 

No sé cuánto tiempo estuve fuera, pero fue lo suficiente para que mi madre me busque en vano, empiece a entrar en pánico, y llamae a mi padre que estaba en el trabajo, y para que él vaya a casa y se una a la búsqueda (que en ese momento también incluía a un policía). 

Mis gritos se habían convertido en desesperados golpes de pecho cuando miré hacia arriba y vi la forma beatífica de mi padre en la cima de una colina, corriendo hacia mí. ¡Papi! En mi (emocionalmente alterada) memoria, hay un brillo dorado alrededor suyo. El hombre que más me amaba, el hombre al que más amaba en este mundo, había dejado todo para buscarme y llevarme a casa, el mejor lugar en el mundo. Me inundó un gozo inexpresable.

Ese recuerdo captura a mi padre tal como lo conocí y vi cuando era niño. Él parecía más largo que la vida. Su presencia (incluso cuando estaba ausente) impregnó la atmósfera de mi mundo y la llenó de un brillo único. 

El antecedente de mi niñez,
La niña de mis ojos,
El significado de mi masculinidad,El sol de mi cielo joven,
El refugio en tu soberanía la sentí contigo cerca:
Tú fuiste mi mundo joven.

El significado de mi masculinidad

Para muchos, mi papá no les hubiera parecido extraordinario. Él no era un líder prominente, no tenía un trabajo socialmente prestigioso, y no era físicamente imponente. Pero cuando yo era joven, él no era ordinario para mí. Para mí, papá era el gran ejemplo de masculinidad. 

Recuerdo la manera en la que se paraba recto e irradiaba una confianza sin pretensiones cuando caminaba. Recuerdo sus manos grandes, fuertes y con callos. Él no era un hablador excesivo, pero cuando hablaba, miraba a las personas a los ojos, tratándolas con dignidad, honestidad, y buen humor, se reía fácilmente. Y cuando daba su consejo, era mesurado y sabio.

Él me enseñó lo que es trabajar duro mediante la instrucción y el ejemplo. A lo largo de mi niñez, papá se despertaba a las 2:00 de la mañana para dirigirse al centro de la ciudad a la Compañía Panificadora de Emrich, cargar su camioneta, y entregar las masas recién horneadas a decenas de restaurantes y hospitales. Hice un par de veces esa ruta con él. Pocas cosas son tan asombrosas como el olor de una panadería temprano por la mañana y pasar el día con un padre que amas profundamente y admiras. 

Papá me enseñó a montar patineta, lanzar una pelota de baseball y fútbol, y a jugar golf. Aún puedo ver la manera elegante en la que bateaba la pelota, y como esta salía de la cancha, y aterrizaba en la calle. Si era posible, él iba a mis juegos de hockey, baseball, fútbol e incluso entrenaba a algunos de mis equipos. Él me enseñó a competir duro y a mostrarle respeto a mis oponentes.  

Pero de todas las maneras en las que mi papá me formó, dos fueron más formativas. La primera fue lo profundo que mi papá amaba a mi mamá. Cuando él estaba bien, nunca lo escuché decir alguna palabra poco amable a mi mamá o sobre ella. Y bajo ninguna circunstancia él toleraba que nosotros sus hijos faltemos el respeto a mi mamá. 

Luego, cuando tenía unos nueve años papá experimentó una renovación espiritual. Su fe en Jesús se volvió notablemente más vibrante. Él estudiaba su Biblia más encarecidamente, oraba más abiertamente, y se volvió más comprometido en la vida de nuestra iglesia. 

La resolución en tu caminar,
La fuerza en tu mano,
La risa fácil en tu hablar,
La firmeza en tu postura,
El poder de tu presencia, mi respeto mandará: 
Tú llenaste mi mundo joven.

Debilidad devastadora

Sin embargo, había una sombra que persiguió a mi papá a lo largo de su adultez. Hubieron estas temporadas extrañas, breves y episódicas cuando, por razones inexplicables, este hombre normalmente estable, amoroso, amable, honesto, paciente y trabajador de repente empezaba a hablar y comportarse completamente fuera de su carácter. Por un periodo corto, él se convertía en una persona diferente. Estos episodios eran seguidos por un ataque de depresión obstinado. Papá quedaba confundido y perturbado por estos episodios como todos los demás. 

Hasta que tuve catorce estuve felizmente inconsciente de esta sombra, ya que su última aparición ocurrió cuando yo era demasiado pequeño para recordarla. Pero en 1979, cuando papá tenía 47, la misteriosa enfermedad atacó de nuevo con un efecto devastador. De repente comenzó a descender a la locura. Dejó de dormir. Hizo declaraciones bizarras de Dios, el universo, y de las personas que amaba. Él alucinaba, se volvió sospechoso, y, por primera vez en mi memoria, le dijo cosas duras a mi mamá. 

Papá tuvo que ser hospitalizado, y su enfermedad fue finalmente diagnosticada: depresión maníaca (luego nombrado como trastorno bipolar). Estuvo bajo varios medicamentos, que afortunadamente ayudaron a estabilizar sus estados de ánimo, pero también apagaron aspectos de su personalidad gregaria. 

Papá nunca volvió a ser el mismo. Su enfermedad y los tratamientos limitaron significativamente sus capacidades para concentrarse y desarrollarse socialmente como antes. Él tenía que empujarse a sí mismo a participar en las actividades que antes disfrutaba tanto, y que nosotros habíamos disfrutado con él. Era difícil para él confiar en su propia mente, y habiendo sido humillado en frente de su familia, amigos, comunidad de la iglesia, y colegas del trabajo, le era difícil tomar la iniciativa de la manera en la que lo hacía antes.

El legado firme de un padre débil

Pero la debilidad de mi papá causó que se manifiesten en él fortalezas diferentes, esas que ahora veo (como adulto y padre que soy) incluso como más honorables que las que percibía como niño. 

Vi a papá perseverar en el sufrimiento. Solo aquellos que han experimentado la depresión severa entienden la oscuridad indescriptible con la que batalló. Mis propias experiencias con la depresión (en nada comparado a lo suyo) han incrementado mi respeto por él en gran manera. Él luchó con valentía. Sé que por momentos luchó con la tentación de ponerle fin para siempre. Pero no se rindió. Por amor a Dios, su esposa y su familia, él perseveró. 

Vi a papá resistir la autocompasión. Nunca lo escuché quejarse. Cuando le preguntaba cómo estaba, él era humildemente honesto sobre las dificultades que enfrentaba, pero nunca en una manera que demostrara autocompasión o solicitara la mía. 

Vi a papá modelar la fidelidad. Él no rechazó o expresó amargura hacia Dios por su aflicción. Cuando su salud le permitió, él continuó alabando a Dios fielmente en su iglesia local. Y tengo recuerdos invaluables de papá expresando sus anhelos por el cielo, cuando por fin estaría completo y libre para disfrutar todo lo que Dios ha preparado para los que lo aman. 

Y vi en papá, y mamá, dimensiones profundas de lo que significa amar. Entre las cosas más hermosas que he presenciado está el pacto de amor inquebrantable que papá y mamá se extendieron el uno al otro durante tres décadas siguiendo ese episodio devastador de 1979. Ambos sufrieron por la enfermedad de mi papá, cada uno de manera distinta. La vida y el matrimonio no resultaron como ellos lo imaginaron cuando se casaron en 1954. Pero ellos se mantuvieron juntos, para bien y para mal, en salud y enfermedad, y estuvieron determinados a amarse el uno al otro, lo que por momentos exigía determinación férrea, oraciones desesperadas, y una profunda fe en Jesús. 

Mamá en particular vivió un hermoso amor sacrificial por papá, cuidando tiernamente de él por el resto de su vida. Y papá la amaba por eso. Pocos tuvieron el privilegio de ver la maravilla que era esto. Fui privilegiado desmesuradamente.

Yo recuerdo

La vida es dura. Los cerebros pueden ser tan defectuosos como los corazones, manos, piernas e hígados. Papá, como muchos padres, sufrió en maneras más allá de su enfermedad. Él sufrió la indignidad de perder la capacidad de ser el tipo de esposo, padre y abuelo que él quería ser. 

Pero su impacto formativo en mí bajo ninguna circunstancia terminó cuando lo peor de su aflicción atacó. Su ejemplo de perseverancia, fidelidad, y amor son solo unas cuantas de las maneras en las que él continuó en formar mi carácter, y en prepararme a enfrentar mis propias aflicciones agobiantes. 

A pesar de que los días de mi niñez ya han pasado hace mucho,
Aún te sigo viendo claramente en la memoria de mis ojos
Y yo recuerdo, papá,

Yo recuerdo…

El amor constante que sentí de ti,
La gracia disciplinadora,
El oído al que le contaba mis sueños,
El rostro paciente y agradable,
La fe que no murió a pesar de la oscuridad de tu desgracia:
Tú formaste mi mundo joven

En junio del 2010, una última afección trajo el fin de la estancia terrenal de mi papá. Ahora él conoce por completo lo que solo conocía en parte (1 Corintios 13:12). Ahora él está completo y está libre para disfrutar todo lo que Dios preparó para él. Las letras que he tejido a lo largo son de la canción que escribí y canté en su funeral. Deseo haber escrito y cantado esta canción para él antes de que muera. 

Pero sí recuerdo. Recuerdo como él corrió en esa colina para rescatar a su pequeño niño asustado. Recuerdo cómo llenó por completo y formó mi mundo joven. Pero aún más profundamente, recuerdo las fortalezas que se manifestaron en él debido a sus debilidades. Su influencia no murió cuando él ya no podía ser quien era cuando yo era joven. Y no murió cuando él murió. Aún sigo aprendiendo de él. Mi admiración y respeto por él solo han incrementado a medida de que he envejecido. 

A los padres que han sufrido en maneras que parece que les han robado el hecho de ser el tipo de padre que desesperadamente desearían ser, y quienes quizás experimentan el Día del Padre como un recordatorio doloroso (o vergonzoso), les digo esto: No menosprecien la influencia poderosa que un padre debilitado puede tener en sus hijos. Recuerda, incluso en los peores momentos, que la gracia de Dios será suficiente para ti, en maneras en las que quizás aún no veas y que quizás no vivas para verlas. Administra tus debilidades tan fielmente como puedas. Pues hay dimensiones del poder de Dios que se manifiestan de manera más clara en personas caídas, como yo, mediante tus debilidades (2 Corintios 12:9).

Por: Jon Bloom
Fuente: The Strong Legacy of a Weak Father
Traducido por: Mariafernanda Artadi

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