Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

Cuando tu mente se queda estancada

Muchas mentes quedan atrapadas en lugares improductivos. Se meten en una rutina mental y no pueden escapar. Puede ser un remordimiento pasado que se reproduce una y otra vez, o un temor por el futuro. O puede ser el comentario de otra persona que te lo tomas personalmente, o dudas sobre tu salvación, lo que significa que estás seguro de que no puedes ser salvo por Cristo Jesús. Podría ser la idea de que las hornillas se quedan prendidas en casa, o sin darte cuenta has atropellado a alguien con tu auto y esa persona anónima está muriendo al costado de la carretera. Luego, este pensamiento estancado se libera, y hay una breve pausa antes de que vuelva a pasar. Una mente estancada es una cosa común y complicada. Probablemente reconozcas el trastorno obsesivo compulsivo en estos ejemplos, pero puedes encontrar rastros de ello en todos nosotros. 

Por supuesto que los pensamientos siempre son desagradables, si es que no son dolorosos. Aún no he conocido a nadie que se haya quedado atrapado en una verdad agradable de las Escrituras y que simplemente no la haya dejado ir. Así que buscamos estratégias que nos podrían ayudar. La mayoría no son efectivas. En sus extremos, el alcohol, las drogas o las lesiones autoinfligidas son las únicas maneras de desalojar estos pensamientos.   

Ahora, permíteme presentarte a una mujer que es acompañada por miles de otros en una simple estrategia. Su lista de miserias recurrentes no tiene final. Pero cuando se despierta por las mañanas y la empiezan a atacar, ella dice en voz alta, “Jesús, tú me has bendecido.” A veces ella cuenta esas bendiciones espirituales; a veces estas palabras están repletas de suficiente contenido bíblico como para ser suficientes. Luego ella se para de la cama. Por la noche, sus últimas palabras son, “Jesús, tú me has bendecido.” Cada mañana y cada noche ella interrumpe sus pensamientos oscuros y obsesivos con estas simples palabras de fe. Este es el trabajo de un salmista, y su estrategia es una que el mismo Jesús te enseña. 

Considera el Salmo 22, porque es bien conocido y Jesús citó sus palabras iniciales. 

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor? Dios mío, de día clamo y no respondes; y de noche, pero no hay para mí reposo. (Salmo 22:1-2)

Este es el paso más difícil cuando hablamos de interrumpir un pensamiento venenoso: hablas con el Señor. Jesús escogió estas palabras; puedes usar estas u otras como estas. “Ugh, ayuda” es lo suficientemente articulado. Si no puedes ir más allá de este paso, pídele a alguien que te ayude a lograrlo. O podrías leer este Salmo en voz alta. 

El resto del Salmo es bastante ágil. Las siguientes palabras son, “Sin embargo, Tú eres santo.” Una buena interrupción, pero no dura mucho. Le sigue, “Pero yo soy gusano, y no hombre.” Y luego el Salmo va y viene entre realidades opuestas pero verdaderas: palabras verdaderas sobre las dificultades del salmista, y palabras verdaderas sobre las promesas de Dios y sus grandes obras. El salmista muestra habilidades espirituales avanzadas, él está unos cuantos pasos más adelante que nosotros, pero sus palabras pueden ser nuestras porque compartimos el mismo Espíritu. 

El final del Salmo es nuestro destino principal. Si la ida y venida de los miedos terrenales y las realidades celestiales es demasiado para nosotros, al menos podemos terminar aquí. 

Descendencia toda de Jacob, glorifíquenlo, témanlo, descendencia toda de Israel. Porque Él no ha despreciado ni aborrecido la aflicción del angustiado, ni le ha escondido Su rostro; sino que cuando clamó al Señor, lo escuchó. (Salmo 22:23-24)

El Salmo se ha movido del bache de la aflicción donde estaba atollado hacia un lugar de descanso en Dios. Él no desprecia tu aflicción, Él no ha escondido de ti Su rostro. Como es típico de muchos Salmos, eres animado a hacer público este lugar de descanso. Léelo a alguien que vive contigo. Envíaselo por mensaje de texto a alguien. 

Originalmente los Salmos se presentaban en el templo de Salomón por las mañanas y por las tardes. Con ellos abrían los servicios del templo y los cerraban. Si los hubieras vivido, hubieras aprendido el ritmo diario de tener a tus pensamientos empezando con el Señor y terminando con Él. Esta mujer aprendió ese ritmo. Empieza con palabras sobre Dios, y termina con, “Bendice, alma mía, al Señor.” (Salmo 103:22), “Venérenlo, Él ha escuchado mi clamor,” o “Jesús, Tú me has bendecido.” Un niño puede hacer esto, pero si eres adulto, que no te sorprenda el hecho de que puede que vayas a necesitar ayuda y las oraciones de otras personas para hacer de esto una parte natural de tu día. Tu mente se puede estancar en lugares difíciles. Como un salmista estancado, esos lugares difíciles no tienen la palabra final.  

Por: Ed Welch
Fuente: When Your Mind Gets Stuck
Traducido por: Mariafernanda Artadi

Deja un comentario

Discover more from TeoGracia

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading

Discover more from TeoGracia

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading