Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

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Cuando siento miedo

¿Cuáles son los miedos que más a menudo invaden tu corazón?

¿Te preocupa que quizá nunca te cases? O si estás casado, ¿te preocupa que tu matrimonio nunca mejore? ¿Temes fallar en el trabajo o perder tu empleo? ¿Tienes temores acerca de tu salud, qué enfermedades podrías tener o cómo podrías morir? ¿Te preocupas regularmente por tus hijos, su salud, sus relaciones, su fe? ¿Cuándo sientes miedo?

Aquello que más temes puede ser precisamente donde Satanás más apunta. Él se aprovecha de la inseguridad, la ansiedad y la angustia. Vierte la gasolina de las mentiras sobre nuestros temores, e intenta persuadirnos de que Dios es impotente, indiferente o distante. Aun el rey David, un hombre conforme al corazón de Dios, pregunta: «¿Hasta cuándo, Señor, me seguirás olvidando? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?» (Salmos 13:1).

Dios no es impotente; su poder es inmensamente grande (Efesios 1:19). Dios no es indiferente contigo; se preocupa por ti como un padre por sus hijos (1 Pedro 5:7). Y Dios no es distante; está «cerca de quienes lo invocan» (Salmo 145:18). Pero puede sentirse lejano cuando tenemos miedo.

A veces Dios se siente lejos de nosotros en las pruebas porque nos hemos situado fuera del alcance de la voz de su palabra.

Muchos motivos para temer

David escribió el Salmo 56 cuando fue capturado por los filisteos mientras huía del ejército de Saúl. David pensó que podría hallar refugio entre los filisteos si estos habían olvidado quién era él, pero algunos sirvientes del rey pronto dijeron: «¿No es este David, el rey del país? ¿No es él por quien danzaban, y en los cantos decían: “Saúl mató a sus miles, pero David, a sus diez miles”?» (1 Samuel 21:11). Así que lo capturaron. David, huyendo por su vida de un asesino con un ejército de soldados, corre a los brazos de otro enemigo celoso y peligroso. Ellos son sus «diversas pruebas» (Santiago 1:2) cuando escribe:

Ten compasión de mí, oh Dios, pues hay gente que me persigue. Todo el día me atacan mis opresores, todo el día me persiguen mis adversarios; son muchos los arrogantes que me atacan… Todo el día tuercen mis palabras; siempre están pensando hacerme mal. Conspiran, se mantienen al acecho; ansiosos por quitarme la vida, vigilan todo lo que hago (Salmo 56:1-2, 5-6).

Él vivía cada día, no preguntándose si podría morir ese día, sino si tal vez ese era el día en que alguien lo mataría. No obstante, más de una vez en este salmo él dice: «No siento miedo» (Salmo 56:4, 11). ¿Cómo puede decir eso cuando está huyendo y en cautividad?

Cuando siento miedo

David podía enfrentar pruebas terribles porque sabía adónde acudir en las pruebas terribles.

Cuando siento miedo,
pongo en ti mi confianza.
Confío en Dios y alabo su palabra;
confío en Dios y no siento miedo.
¿Qué puede hacerme un simple mortal? (Salmo 56:3-4).

Comienza diciendo: «Cuando siento miedo…». Reconoce que el peligro, la prueba, el temor es real. No niega su miedo en terreno filisteo. O al esconderse de Saúl. «Siento miedo», confiesa.

Pero no por mucho tiempo: «Cuando siento miedo, pongo en ti mi confianza… confío en Dios y no siento miedo». Siento miedo por un momento, pero sé adónde ir cuando tengo miedo. Y cuando echo mis temores sobre él, él disipa todos mis temores. «No siento miedo».

Cada vez que ves a alguien pasar de «siento miedo» a «no siento miedo», debes preguntar cómo. Saber que David superó el temor podría inspirar misteriosamente a alguien que tiene miedo, pero a menos que nos diga cómo, su historia no nos ayudará a enfrentar nuestros propios miedos.

Cómo confiar en Dios

¿Qué sucedió con David entre «siento miedo» y «no siento miedo»? Él puso su confianza en Dios. Así que, ¿hay que poner la confianza en Dios cuando tenemos miedo? Sí, ¿pero dice David algo más acerca de qué implicaba confiar en Dios en las cavernas, en la cautividad, al huir por su vida?

Cuando siento miedo,
pongo en ti mi confianza.
Confío en Dios y alabo su palabra;
confío en Dios y no siento miedo.
¿Qué puede hacerme un simple mortal? (Salmo 56:3-4).

Cuando David puso su confianza en Dios, puso su confianza, incluso su alabanza, en la Palabra de Dios. No hacía oraciones vagas de esperanza, sino que anclaba su dolor, anhelo y temor en promesas específicas de Dios. Cuando tengo miedo, me aferro a ti en tu Palabra. En lugar de afligirme por las terribles montañas frente a mí, fijo mi mente en lo que les has dicho a aquellos que te aman. De pronto, las amenazas ya no parecen amenazantes porque están siendo ahogadas por una voz más potente.

La palabra acerca de la Palabra

Si quieres saber cómo es atesorar la Palabra de Dios en los altos y bajos de la vida, pasa tiempo en el Salmo 119. En ningún otro lugar se exalta y celebra la Escritura como en el capítulo más largo de la Escritura. No obstante, tal vez los más preciosos de esos 176 versículos sean aquellos donde el salmista habla del poder de la Palabra de Dios para calmar nuestros temores y sostenernos en la tristeza.

  • «De angustia se me derrite el alma: susténtame conforme a tu palabra» (Salmo 119:28).
  • «Señor, es mucho lo que he sufrido; dame vida conforme a tu palabra» (Salmo 119:107).
  • «Tú eres mi escondite y mi escudo; en tu palabra he puesto mi esperanza» (Salmo 119:114).
  • «Muy de mañana me levanto a pedir ayuda; en tus palabras he puesto mi esperanza» (Salmo 119:147).
  • «Gente poderosa me persigue sin motivo, pero mi corazón se asombra ante tu palabra» (Salmo 119:161).

Gente poderosa me persigue sin causa —sufro sin motivo—, pero tus palabras me siguen siendo dulces. Cuando no sé qué decir porque las pruebas son muy duras, siempre quiero más de tu voz. Mi única esperanza de salud, fortaleza, protección, socorro y liberación está escrita en tu libro. Mi corazón se asombra ante todo lo que dices.

Dios es por ti

David casi repite sus palabras hacia el final del Salmo 65:

   Una cosa sé: ¡Dios está de mi parte!
Confío en Dios y alabo su palabra;
confío en el Señor y alabo su palabra;
confío en Dios y no siento miedo.
¿Qué puede hacerme un simple mortal? (Salmo 56:9-11).

¿Qué significa confiar en Dios? Significa confiar en lo que él dice. ¿Y qué dice Dios en su Palabra? Yo estoy de tu parte. Y si Dios está de tu parte, ¿quién puede estar en tu contra (Romanos 8:31)? ¿Qué te puede hacer un simple mortal?

Cuando llegan los temores —y van a llegar, aun hoy—, ya sabes adónde acudir. Conoces la voz que tienes que oír, la voz que brinda una paz que sobrepasa todo entendimiento. Y él te dice: «En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo» (Juan 16:33). Y debido a que estás en él, y él vive en ti, por la fe, has vencido al mundo (1 Juan 5:4-5).

Puedes decir con David: «No siento miedo».

Por: Marshall Segal © Desiring God Foundation.

Fuente: “Beware of Running Too Hard”.

Traducido por: Elvis Castro de Proyecto Nehemías.

Edición: Daniel Elias.

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