Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

Cuando estás esperando en el desierto

Si tuvieras que escoger una historia de la Biblia como modelo de “éxito en el ministerio”, ¿cuál elegirías? Personalmente, no puedo pensar en nada más dinámico que la victoria de Elías y los falsos profetas de Baal en 1 Reyes 18. En el espacio de un capítulo, el profeta sin ayuda purifica la nación de Israel de la idolatría, enciende un avivamiento en el pueblo de Dios, y pone fin a la sequía de tres años y medio. ¡No fue un mal día!

Pero a menudo olvidamos que el ministerio de Elías no empezó ese día. Antes de que hiciera descender fuego del cielo en el monte Carmelo en 1 Reyes 18, tuvo que pasar por una dolorosa temporada en el desierto en 1 Reyes 17. En muchos de nuestros ministerios, como en el de Elías, no habrá el poder de 1 Reyes 18 sin la preparación de 1 Reyes 17. Por supuesto, sería agradable si el ministerio significase el poder de 1 Reyes 18 que trae fuego del cielo de principio a fin. Pero muchos de nuestros ministerios probablemente pueden relacionarse mejor con 1 Reyes 17: esperando hasta que los cuervos regresen, confiando que ni la tinaja ni la vasija se vaciarán mañana, viviendo a las justas hasta que la sequía por fin termine, preguntándose por qué Dios no ha removido al corrupto Acab, y, todo el rato, esperando, esperando, esperando.

Las temporadas de desierto son brutales. Pero Dios está poderosamente trabajando en temporadas como 1 Reyes 17 de nuestras vidas. La única pregunta es, ¿tenemos ojos para verlo?

Completamente solo

En 1 Reyes 17:1-6 , Dios envía a Elías al desierto para que sea alimentado por los cuervos. El Señor está enviando una sequía sobre la tierra-un acto de juicio por la idolatría que Acab y su esposa fenicia Jezabel habían introducido a la nación (1 Reyes 16:30-33). Dios da poder a Elías sobre las nubes de lluvia, pero luego lo manda al este del Jordán al desierto donde deberá beber de un arroyo. Imagina lo humillante que fue ese momento. Desde las alturas de “no lloverá sino por mi palabra” (v1) hasta las profundidades de “ve y escóndete en el desierto y bebe del arroyo” (v2-5). El que tiene poder sobre las altas nubes del cielo tiene que agacharse a un arroyo cuando esté sediento. El hombre más poderoso de la nación en total oscuridad y casi en condiciones bárbaras.

Pero entre tanto los meses pasaban, apuesto que la temporada de devastadora soledad fue aún peor. “No es bueno que el hombre esté solo” (Genesis 2:18) – sin embargo, Elías está completamente solo, día tras día, mes tras mes, Lo imagino allí, sentado en un roca o escondido en una cueva. Él no tiene ni idea de lo que está pasando en el mundo exterior (supongo que el periódico no llega al arroyo de Querit). Él debió haberse sentido olvidado, insignificante, como si la vida lo hubiese pasado por alto. Debió haber sido como mudarse a la zona rural de Wyoming cuando eres una persona de ciudad o publicar en facebook la noticia más grande de tu vida y no tener ni un “me gusta”.

Sin embargo, más allá de la humillación y soledad, esta temporada también debió haber sido mortalmente aburrida. Elías – el poderoso, el impresionante profeta, el que no tiene miedo de confrontar reyes y naciones – no tiene nada que hacer mas que esperar. ¡Ni siquiera puede trabajar por su comida! Además está geográficamente confinado, ya que tiene que estar cerca al arroyo. Así que Elías enfrenta al calor abrasador día tras día. Él memoriza como lucen los árboles y la arena de alrededor a medida que pasan los días lentamente. Come lo mismo (pan y carne) comida tras comida tras comida traída por cuervos.

Nadie con quien hablar, nada que hacer, y sin ningún lugar a donde ir. Al final de esta agonía lo imagino un poco como Tom Hanks en la isla en “El Naufrago”- cabello decolorado, barba tupida, piel agrietada, y una mirada salvaje en los ojos.

Y luego, un día, el arroyo se seca y Dios envía a Elías a otro lugar. Pero no hay contrato ni circuito de conferencias después del desierto. Dios lo lleva a otra temporada de esperar y esconderse con la viuda de Sarepta (1 Reyes 17: 7-24). Su ministerio está limitado a dos personas, las menos estimadas en esa cultura – una viuda gentil y su hijo. Incluso entonces Elías no está autorizado para almacenar recursos. De hecho la viuda solo tenía un puñado de harina y un poco de aceite en una vasija. Elías tiene que vivir por la fe continua de que la tinaja y la vasija no se vaciarán.

Protegiendo, Proveyendo, Preparando

La esperanza que nos sostiene en las temporadas de desierto nos recuerda que Dios está allí, haciendo algunas de sus obras más poderosas. Él está obrando en la vida de Elías en 1 Reyes 17 en al menos tres formas: protección, provisión y preparación.

Dios estaba protegiendo a Elías desde que Acab envió espías a matarlo (1 Reyes 18:10); entonces el aislamiento en el desierto era la única manera de que estuviera a salvo durante esa sequía. Dios estaba proveyendo para Elías a través de los cuervos, luego a través del continuo suministro de harina y aceite en la casa de la viuda. Los cuervos venían diariamente, y la vasija y la tinaja no se quedaron vacías. Puede que fuera monótono, pero también fue un milagro. Puede que se sintiera como que se estaba muriendo, pero no era muerte. Dios lo sustentó.

Y tal vez, más que nada, Dios lo estaba preparando. ¿Dónde consiguió Elías la fe y el coraje que necesitaba para enfrentar a los falsos profetas de Baal en el capítulo 18? Esos años esperando en Dios, experimentando su fiel cuidado en medio de las dificultades, debieron haber solidificado la fe de Elías y pulido como a un diamante.

Cuando estamos en una temporada de desierto, es fácil perder de vista la protección, provisión y preparación de Dios. Incluso podríamos preguntarnos, ¿cómo puedo confiar en la bondad de Dios cuando estoy en este lugar desolado?. Pero, ¡recuerda a Jesús! Él fue a través del peor desierto – la desolación y humillación de morir bajo la maldición de Dios. Si esa es la medida del amor de Dios y de su compromiso con nosotros, podemos confiar en Él en nuestras temporadas de desierto. 

Perspectiva del ministerio centrado en Dios

Este capítulo, 1 Reyes 17, nos impulsa hacia la centralidad de Dios en nuestra evaluación así como nuestra ejecución – en nuestra perspectiva y desempeño. Nos recuerda que el “éxito del ministerio” es definido en última instancia como la fidelidad al llamado de Dios, ya sea que el llamado involucre controlar el poder que vemos en 1 Reyes 18 o esperar tenazmente a que 1 Reyes 17 termine.

Ciertamente, queremos que nuestras vidas den fruto abundante para el trabajo del reino. Sentimos urgentemente que “la mies es mucha, mas los obreros pocos” (Mateo 9:37). Pero Dios sabe más que nosotros. ¿Qué tal si Elías hubiese concluido que estar esperando a los cuervos no daba suficiente fruto y se hubiese marchado del llamado de Dios? Probablemente no habría sobrevivido para ver el monte Carmelo.

Ejecutar fielmente el llamado de Dios en el contexto de un ministerio modesto no es degradante. Si el llamado de Dios te ha llevado allí, entonces el desierto es la ruta más segura al verdadero trabajo del Reino. Puede que se sienta incierto, pero cada momento ha sido diseñado por Dios. Puede que parezca el fin de tu historia, pero en realidad es el único camino por el cual tu historia continua. Puede que sepa a muerte, pero sin duda es el camino a la vida.

Si Dios te ha llamado a una temporada de desierto, no te rindas. En ese lugar seco y asfixiante, en esa temporada en la que apenas puedes sostenerte, recuerda que Dios está cuidándote. Busca los cuervos. Confía en que la vasija y la tinaja no quedarán vacías. Y conoce que Él está usando esta temporada difícil para prepararte para las cosas que están por venir – cosas a veces mucho más grandes que no podrías lograr sin el dolor que estás pasando ahora.

Por: Gavin Ortlund
Fuente: When you’re waiting in the wilderness
Traducido y publicado por: Mariafernanda Artadi

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