Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

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¿Cuándo endurece Dios el corazón de un pecador?

Uno de los temas más consultados en la bandeja de entrada es el endurecimiento del corazón de un pecador por parte de Dios. Es un tema increíble en Romanos. Y ningún capítulo de las Escrituras ha inspirado más preguntas en APJ (Ask Pastor John) que Romanos 9. Ahora mismo tenemos más de cuatrocientos correos electrónicos solo sobre este capítulo, un montón de preguntas, incluida esta realmente buena de un oyente llamado Nate.

“¡Hola, pastor John! Recientemente leí Romanos 1:24-27, y Pablo parece estar diciendo que Dios entregó a estos pecadores a pasiones degradantes como consecuencia de su pecado. Pero luego, cuando llegué a Romanos 9:1–29, Pablo parece indicar que Dios mismo endurece a los pecadores en incredulidad. Dios “al que quiere endurece” (Romanos 9:18). Entonces, en el caso de Romanos 1, ¿Dios endureció primero a estos pecadores antes de entregarlos a pasiones degradantes? ¿Qué fue primero? ¿Los pecadores endurecieron sus propios corazones o Dios endureció sus corazones?”

“Al pensar en el Antiguo Testamento, Dios primero prometió endurecer el corazón de Faraón (Éxodo 4:21; 7:3). Y luego Faraón endureció su propio corazón (Éxodo 8:15, 32). Entonces Dios endureció más su corazón (Éxodo 9:12). Luego Faraón endureció más su propio corazón (Éxodo 9:34). Entonces Dios endureció más su corazón (Éxodo 10:1, 20; 11:10). ¿Cómo funciona esta dinámica, de manera más general, en la cultura? ¿O la entrega en Romanos 1 y el endurecimiento del corazón de Faraón son categorías completamente diferentes?” ¿Cómo responderías a Nate?

Lo primero que quiero decir es que no hay dureza en el corazón humano contra Dios, ni por el decreto de Dios ni por la depravación humana, que sea tan dura que Dios mismo no pueda vencerla y salvar al pecador más duro. Este es el corazón mismo de la promesa del nuevo pacto de Ezequiel 11:19: “Quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne”. Nada es demasiado difícil para el Señor (Jeremías 32:17).

“Este rescate de la dureza fue una obra soberana de Dios, quien nos escogió antes de la fundación del mundo.”

Ahora, empiezo aquí porque sé que miles de personas que escuchan tienen amigos y familiares que se han resistido al evangelio durante años, y sé lo fácil que es desesperarse por que puedan ser salvos alguna vez; son demasiado difíciles, o eso es lo que nuestros corazones nos tientan a creer. Lo que quiero enfatizar aquí desde el principio es que esa misma omnipotencia, esa misma soberanía y libertad de Dios, quien dice: “Tendré misericordia de quien tenga misericordia, y endureceré a quien endurezca”, es esa misma libertad y poder que es nuestra única esperanza de que la aparente imposibilidad de la dureza humana no pueda permanecer ante la misericordia del Dios soberano. Ahí es donde quiero empezar.

Maldito desde nuestro nacimiento

Ahora veamos esta pregunta específica; es decir, ¿endureció Dios primero a los pecadores en Romanos 1:24, 26, 28 antes de entregarlos a pasiones degradantes? Permítanme citar uno de esos versículos.

Y así como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen. (Romanos 1:28)

Está claro que existe una condición pecaminosa y rebelde antes de que Dios los entregue a una mente degradada. En otras palabras, la remoción de las restricciones que a menudo Dios impone a los pecadores y a las culturas pecadoras no es el origen último de su rebelión; esa remoción no es el origen último de su rebelión. Eso estaba allí antes de que Dios los entregara a su propia rebelión quitando todas las restricciones.

¿Cuál era su estado antes de esa entrega o, podría decirse, de ese endurecimiento? ¿Cuál era su condición antes de eso? Dejemos que Pablo lo describa en Efesios 4:17-18. Dice así:

Ya no anden así como andan también los gentiles, en la vanidad de su mente. Ellos tienen entenebrecido su entendimiento, están excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón.

Pablo rastrea la condición de los gentiles (es decir prácticamente todos nosotros, pero va a decir en un minuto que la condición también incluye al pueblo judío) a la vanidad de sus mentes, al su entendimiento oscurecido, a su exclusión de Dios, a su ignorancia y finalmente, en el fondo, a la dureza del corazón. Ésa es la raíz del problema.

Y Pablo aclara que esta dureza y muerte espiritual es universal para judíos y gentiles, no solo para gentiles, porque dice en Efesios 2:1-3:

Él les dio vida a ustedes [gentiles], que estaban muertos en sus delitos y pecados, en los cuales anduvieron en otro tiempo según la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia. Entre ellos también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

En Adam todos mueren

Aquí hay un gran misterio. Puede que no podamos explicarlo completamente, pero aquí está en las Escrituras; es decir, lo que los humanos somos por naturaleza nos condena a la justa ira de Dios. Eran “por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”. Esta es la condición de todo ser humano. Somos por naturaleza “hijos de desobediencia”, es decir, por naturaleza desobedecemos; es nuestra naturaleza desobedecer. Por naturaleza, nos rebelamos. Por naturaleza, somos egoístas, e ignoramos a Dios y lo menospreciamos. Y por lo tanto, por naturaleza, merecemos la ira de Dios.

“Nuestra dureza se debe al juicio de Dios sobre toda la raza humana en nuestro antepasado Adán.”

Ahora, ¿cómo sucedió eso, que todos los seres humanos estemos por naturaleza justamente bajo la ira de Dios debido a nuestra tendencia a desobedecer y rebelarnos como hijos de desobediencia? La respuesta de Pablo en Romanos 5 es que el pecado de Adán ha infectado a su raza, es decir, el castigo que cayó sobre Adán cayó sobre todos los que son parte de Adán como sus descendientes. Así es como Pablo lo expresa en Romanos 5:18-19: “Por una transgresión resultó la condenación de todos los hombres… por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores”.

La respuesta a la pregunta “¿Endureció Dios primero a los pecadores de Romanos 1 antes de entregarlos a pasiones degradantes?” es, en este sentido, : Dios juzgó a toda la raza humana en Adán. Nuestra dureza se debe al juicio de Dios sobre toda la raza humana en nuestro antepasado Adán. Esta dureza, o muerte o vanidad, que todos tenemos desde Adán en adelante, es básica. Todos los demás textos de la Biblia sobre el endurecimiento de Dios tienen esto como trasfondo, lo que significa que cualquier caso de endurecimiento puede significar que Dios está entregando a alguien al endurecimiento que Dios decretó desde el principio.

Gracia desde el principio

La razón por la que digo “desde el principio” y “decretado desde el principio” es que Pablo dice en Romanos 11:5-7,

Y de la misma manera, también ha quedado en el tiempo presente un remanente [un pueblo judío creyente] conforme a la elección de la gracia de Dios. Pero si es por gracia, ya no es a base de obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Entonces ¿qué? Aquello que Israel busca no lo ha alcanzado, pero los que fueron escogidos lo alcanzaron y los demás fueron endurecidos.

Pablo remonta la liberación de la dureza a la elección de la gracia, que sucedió antes de la fundación del mundo. “Nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:4). Desde el principio, es decir, el comienzo mismo de la planificación eterna de Dios antes de la creación, eligió salvar a su pueblo a través de Cristo de esta condición de dureza, lo que significa que debemos estar muy, muy agradecidos de que nuestros ojos estén abiertos a la verdad y a la belleza de Cristo y que nuestro corazón de piedra ha sido sacado, porque no lo hemos provocado nosotros mismos. Este rescate de la dureza fue una obra soberana de Dios, quien nos escogió antes de la fundación del mundo para ser sus hijos creyentes y sensibles a su voz.

Nuestra única esperanza

Ahora, con respecto a la otra pregunta planteada, a saber, ¿cómo funciona esto en la cultura?, ese es solo otro mundo que se abre al final allí; él simplemente arroja la pregunta. ¿Es en serio? ¿Lanzar esa pregunta así encima de esto? ¿Cómo funciona esto en la cultura? Permítanme terminar con una observación.

“Por naturaleza, nos rebelamos. Por naturaleza, somos egoístas, e ignoramos a Dios y lo menospreciamos.”

A la vista de Romanos 1:24, 26, 28, es ingenuo ver cómo la cultura se hunde cada vez más en el pecado, que creo que es nuestro caso, y solo decir que esta cultura está lista para el juicio. Bueno, eso es cierto, pero esconde otra verdad más fundamental; es decir, hundirse cada vez más en la esclavitud del pecado es en sí mismo el juicio de Dios. Ese es el punto de Romanos 1:18: “La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad”. Esa restricción es la entrega de Dios, que es una manifestación de su juicio y su ira. El hundimiento de los individuos y el hundimiento de las culturas, incluso la desaparición de las culturas, a un pecado cada vez más flagrante siempre se debe tanto (1) a nuestra natural dureza de corazón contra Dios, como (2) a que Dios nos entrega a esa dureza.

Hay una esperanza a través del evangelio, porque Dios promete en el nuevo pacto, que es una promesa del evangelio en Ezequiel 11:19: “Quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne”. Esa es nuestra oración. Ese es nuestro clamor por nosotros mismos, nuestros amigos, nuestra familia y culturas enteras: que Dios quite el corazón de piedra.

Por: John Piper © Desiring God Foundation.
Fuente: “When Does God Harden a Sinner’s Heart?
Traducido por: Daniel Elias

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