Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

Confiando en Dios después de haberlo perdido todo

Transcripción de audio

Pastor John, hoy tenemos una pregunta triste de un amigo nuestro de California del Sur. “Hola pastor John. Perdimos nuestro hogar en los incendios de California en noviembre del año pasado, y muchos otros perdieron sus hogares en incendios mucho más grandes en el área de Los Ángeles en enero. Ante esta devastación, estamos luchando con preocupaciones sobre el futuro, ya sea que podamos reconstruir, ya sea que el seguro cubra nuestras pérdidas, ¿y qué pasará cuando nuestros recursos se agoten a causa de estos incendios? He estado orando por sabiduría, y estoy profundamente agradecido de que Dios escucha nuestras oraciones y da generosamente sin recriminar. Sin embargo, en medio de tanta incertidumbre, sigo luchando contra la ansiedad sobre cómo avanzar y qué nos depara el futuro. ¿Podría ofrecernos guía a aquellos de nosotros que luchamos contra el miedo al futuro en tiempos de pérdida profunda?”

La amenaza de la ansiedad

La ansiedad siempre es sobre el futuro, aún incluso cuando las causas pueden estar en el pasado. Así que, miles de personas perdieron virtualmente todas sus posesiones materiales en los incendios de California. Personalmente sé de una familia cuya casa fue completamente destruída, o sea no quedó nada. Y ellos perdieron casas preciosas e invaluables, todo destruído. Una cosa es contar dólares, otra cosa es contar tesoros. 

Así que, la ansiedad de que podamos perder nuestras casa en los incendios que se avecinan ya terminó. Ya pasó. Ya no es ansiedad. Es historia, es dolor, es duelo, es pérdida. Ahora viene el dolor por esas pérdidas irremplazables y la incertidumbre del futuro con sus preocupaciones. ¿Cubrirá el seguro todas las pérdidas? ¿Se perderán todos los recursos que logramos? ¿Qué haremos mientras tanto? Y las decisiones que tengamos que hacer a lo largo del camino, ¿las haremos con sabiduría?

Ahora, no estoy en la posición de haber perdido mi casa y mis pertenencias, pero de una manera muy rara y precisa, me llegó un mensaje cuando estaba preparando esto ayer diciendo que mi nieto menor, nacido hace tres días, se atoró y luego su corazón dejó de latir. Hicieron RCP por doce minutos a este tesoro de tres kilos y medio, y su corazón volvió a latir. Él está con respirador ahora mismo, y su corazón está latiendo, y necesita una cirugía. Quizás cuando escuches esto, él ya esté en el cielo o recuperándose de la cirugía. Así que, te estoy hablando desde una experiencia de ansiedad por mi hija, por mi yerno y por este bebe recién nacido que tiene una condición en el corazón y tiene que pasar por el quirófano de todas maneras.

Nadie es inmune a la ansiedad. Viene, simplemente se aparece. No planeas que eso pase. Simplemente está ahí en una llamada de la enfermera diciendo, “tienes que volver de inmediato al hospital,” y te preguntas, “¿será que partió?” Viene a nosotros desde todos los ángulos. Es un sentimiento de que algo muy doloroso puede estar a la vuelta de la esquina, y este sentimiento está lleno de nervios y de miedo porque no queremos que eso pase.

Ahora bien, dudo que haya algún sentimiento humano que amenace con mayor frecuencia nuestra confianza en la bondad, el poder y la sabiduría de Dios que la ansiedad. Cuando confiamos en Dios con nuestras vidas y con las vidas de nuestros seres queridos y con todo lo que estamos pasando, disfrutamos de una paz sobre el futuro y todas sus incertidumbres que sobrepasan el entendimiento. Va más allá de lo que el razonamiento humano puede producir (Filipenses 4:7). Y cuando la ansiedad empieza a ganar terreno emocional en nuestros corazones, esa paz y confianza que tenemos se ponen en peligro, y necesitamos ayuda.

La lucha para confiar

Entonces ¿qué ayuda nos da Dios con estos sentimientos de ansiedad? El texto más largo sobre la ansiedad en la Biblia es Mateo 6:25-34. Jesus nos dice cuatro veces en ese texto que no estemos ansiosos.

  • Versículo 25: “Por eso les digo, no se preocupen por su vida.” 
  • Versículo 27: No puedes “añadir una hora al curso de su vida.”
  • Versículo 31: “No se preocupen, diciendo: ‘¿Qué comeremos?’” 
  • Versículo 34: “Por tanto, no se preocupen por el día de mañana”

Tenemos que ser cuidadosos aquí. La Biblia no muestra al fiel seguidor de Jesús como una persona que nunca prueba ansiedad o miedo. En vez de eso, la Biblia muestra a la ansiedad y al miedo como algo que aparece sin invitación en el corazón y que debe ser abordado desde una perspectiva cristiana, un enfoque cristiano, una manera cristiana.

«Las razones para estar ansioso son nuevas cada mañana, y las misericordias para sobrellevarlas son nuevas cada mañana.»

La Biblia no solo dice: “No se preocupen.” También dice, “Echando toda su ansiedad sobre Él” Creo que tienes algunas. Todos saben que tienes cosas que te preocupan. Échalas sobre el Señor (1 Pedro 5:7). La Biblia muestra a la vida cristiana como una buena batalla de la fe (1 Timoteo 6:12), y una gran parte de la batalla es que hagamos con la ansiedad lo que la Biblia dice que hagamos con ella, básicamente pasarla al Señor, Él está muy emocionado por demostrar su fortaleza a favor de nosotros y cargarla por nosotros.

No somos víctimas sin esperanzas de esta emoción. No pienses de ti de esa manera – la ansiedad es quien me gobierna. Soy una víctima. No puedo tener ninguna influencia sobre esta emoción. Eso simplemente no es verdad. Cuando Jesús dice, “Por tanto, no se preocupen por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástenle a cada día sus propios problemas” (Mateo 6:34), Él da a entender que Dios se encarga de que cada día no tenga más de lo que podemos soportar, y que cuando las preocupaciones se levantan para tal día, Él se encarga de que no seamos vencidos por ellas y que seamos capaces de pasarle esas preocupaciones al Señor.

Dios obrará por nosotros para que “tan largo como tus días” – un día a la vez – “sea tu reposo” (Deuteronomio 33:25). Cada día no tendrá más problemas de los que puedes soportar. Y cada día tendrá suficientes misericordias para el estrés del día. Eso es Lamentaciones 3:22-23: Las misericordias del Señor “son nuevas cada mañana.” Las razones para estar ansioso son nuevas cada mañana, y las misericordias para sobrellevarlas son nuevas cada mañana.

El Espíritu y la Palabra 

Esta es mi analogía con la que cerraré, y quizás se te pegue y sea de ayuda. (A mí me ayuda). Imagina que estás en una carrera de autos. Tú estás manejando el auto. Y tu enemigo, tu adversario, ha contratado a alguien, y no quiere que termines la carrera bajo ninguna circunstancia, y te tira barro al parabrisas.

Ahora, el hecho de que pierdas temporalmente la visión de la pista o del objetivo y empieces a girar no significa que no vas a terminar la carrera. Ciertamente, tampoco significa que estás en el circuito equivocado. De lo contrario, tu enemigo no estaría interesado en lo absoluto en  molestarte. No vas a vencer a nadie (porque estás en el circuito equivocado). Pero él sabe que estás en el circuito correcto, por eso te está tirando barro en el parabrisas para que de alguna manera te haga salir de la carrera.

Esto significa que tienes que encender tus limpiaparabrisas y usar el líquido para limpiar el parabrisas, que, si estás pensando conmigo, los limpiaparabrisas son las promesas de Dios en la Biblia. Son preciosas. Limpian el barro de la incredulidad, sí lo hacen. La fe viene por el oír y el oír por una buena promesa (Romanos 10:17). Y el líquido para limpiar el parabrisas es el Espíritu Santo. Sin la obra suavisante del Espíritu Santo, los limpiaparabisas de la Palabra solo raspan sobre el barro cegador de la incredulidad; no lo quitan. Ambos son necesarios: el Espíritu y las promesas. Leemos las promesas de Dios y oramos por la ayuda del Espíritu Santo.

Así es como vivo mi vida mientras estas preocupaciones crecen en mi corazón. Y de forma que se va limpiando el parabrisas, vemos el poder, la bondad y la sabiduría de Dios en acción en y a través de esas promesas. Él va a hacer que todo obre para nuestro bien. Ahora lo podemos ver con más claridad por la Palabra de Dios. Y nuestra fe crece, y encontramos descanso detrás del timón mientras seguimos adelante en la carrera de la vida.

Libro de promesas preciosas

Cuando estoy ansioso por alguna reunión difícil que se aproxima, me dirijo a Isaías 41:10. “No temas” – me predico esto a mí mismo – “Yo estoy contigo. No te desalientes, porque Yo soy tu Dios. Te fortaleceré. Te ayudaré. Te sostendré.” Y esa promesa, por el poder del Espíritu, me ha rescatado de la ansiedad miles de veces en esta vida.

Cuando estoy ansioso por ser muy débil para hacer mi trabajo, me dirijo a 2 Corintios 12:9. “Te basta Mi gracia, pues, Piper, Mi poder se perfecciona en la debilidad. Sigue adelante. Yo me encargo del problema.”

Cuando estoy ansioso por las decisiones que tengo que tomar, prendo los limpiaparabrisas que dicen, “Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar. Te aconsejaré con Mis ojos puestos en ti” (mira Salmo 32:8).

Cuando estoy ansioso por la salud de mis seres queridos, como un niño pequeño, prendo el limpiaparabrisas. “Pues si tú, John Piper, siendo malo, sabes dar buenas dádivas a tus hijos, ¿cuánto más tu Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden? (mira Mateo 7:11).

 ¡Cuántas promesas! Podría seguir con una docena más de escenarios de ansiedad y sus promesas correspondientes. ¡Cuántas son las promesas de Dios que nos ayudan en tiempos de incertidumbre y de ansiedad! Revisemos minuciosamente la Biblia para hallar estas promesas preciosas. Enciende los limpiaparabrisas, ora por ese líquido limpiador del Espíritu Santo, y Él te mantendrá en el camino que lleva a la vida. 

Por: John Piper
Fuente: Trusting God After Losing Everything
Traducido por: Mariafernanda Artadi 

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