Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

Aquella Semana - día 17

Aquella Semana – día 17

Mateo 27:45-46. «Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: “Eli, Eli, ¿lema sabactani?”. Esto es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”».

El Salmo 19 dice: «Los cielos proclaman la gloria de Dios» Aquí es como si los cielos estuvieran declarando la agonía de Dios, porque de pronto está oscuro, es medio día, ¿qué está pasando?

Y durante todo el proceso de azotes, de las bofetadas, de los golpes, de clavarlo en la cruz, ni un reclamo de Jesús en cuanto a su sufrimiento. De pronto, él grita a voz en cuello, un grito terrible. No está diciendo «Padre», él está gritando, chillando, «Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?». Está citando el Salmo 22, que fue escrito 1.000 años antes que la crucifixión fuera inventada, pero el Salmo 22 describe una crucifixión. Jesús mismo había hablado acerca de sus sufrimientos; en Juan 10:11 dijo: «Yo soy el buen pastor, el buen pastor da su vida por las ovejas», pero ¿cómo sería?, ¿por las ovejas? ¿Cómo sería dar su vida? En Gálatas 12:20, Pablo dijo: «La vida que ahora vivo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí». Se entregó a sí mismo, pero ¿cómo sería? 1 Pedro 2:24, Pedro escribe: «Él mismo llevo», él mismo cargó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, cargó nuestros pecados sobre sí en su cuerpo, en la cruz. ¿Pero cómo cargo? ¿En una mochila? Más claro está en Isaías capítulo 53 versos 4 al 6: «Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, cargó con nuestros dolores. Con todo, nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Pero él fue herido (traspasado) por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre él, y por sus heridas (llagas) hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre él la iniquidad de todos nosotros».

Y aquí en la cruz, casi las 3 de la tarde en la oscuridad, Jesús rompe el silencio, con su grito de desolación. Estamos viendo qué quiere decir que el llevó el pecado. El abandono es el centro de su sufrimiento, y es algo muy incómodo, porque es Jesús que está abandonado. En Juan 8:29 Jesús dijo: «Y Aquel que me envió esta conmigo; no me ha dejado solo, porque yo siempre hago lo que le agrada». Pero ahora, en vez de decir «está conmigo, no me ha dejado solo», Jesús está diciendo «¡abandonado!».

En Mateo 17 verso 5, en la transfiguración de Cristo, cuando subió al monte con Pedro, Jacobo y Juan, y vino la nube, la voz de la nube dijo: «Este es mi Hijo amado en quien yo tengo complacencia», o en quien estoy complacido, «óiganlo a él». Pero ahora en la cruz Jesús está gritando, abandonado. ¿Y qué ha pasado?, ¿se han peleado? ¡No! Mira, si fuera yo el que le está gritando a Dios, «Señor, por qué me has abandonado», el Señor podría decir: «¿Quieres que te diga?». Si fueras tú el que grita: «¡Señor, por qué me has abandonado!», el Señor podría decir: «¿Cuánto tiempo tienes? Porque vamos a sentarnos y te explico». ¡Que Jesús lo diga! «Por qué me has abandonado». Jesús es la persona más simpática, la persona más bella, la persona más amorosa, la persona más fiel, más leal, con más cuidado, la persona más fuerte, más madura, él no merecía eso. ¿Entonces qué? Abandonado, como sustituto por otros, golpe por golpe en lugar de otros. He aquí la factura de mi pecado la paga Cristo. El Señor hizo que cayera sobre él la iniquidad de mi persona, mis mentiras, mi falta de amor, mi impureza, mi enojo, mi orgullo, ¡míos! ¡Que yo he cometido! He aquí en el grito de Cristo en la cruz, ¡he aquí mi culpa! He aquí mi culpa pagada por Cristo. He aquí un Salvador, sin igual, el Padre le dio de todo, ¡no le escatimó nada! Jesucristo gritó «por qué me has abandonado», no es simple. Por favor, no es simple; merece un tiempo aparte para pensar en nuestras prioridades, y nuestra culpa y la Salvación que hay en Cristo.

Por: David Bhadreshwar.

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