Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

Aquella Semana - día 16

Aquella Semana – día 16

Juan 19:23-27. La de hoy posiblemente sea una de las escenas más tristes de toda la crucifixión. «Entonces los soldados, cuando crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos e hicieron cuatro partes, una parte para cada soldado. Y tomaron también la túnica; y la túnica era sin costura, tejida en una sola pieza. Por tanto, se dijeron unos a otros: “No la rompamos; sino echemos suertes sobre ella, para ver de quién será”; para que se cumpliera la Escritura: “Repartieron entre si Mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes”. Por eso, los soldados hicieron esto. Y junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María, la mujer de Cleofas, y María Magdalena. Y cuando Jesús vio a su madre, y al discípulo a quien él amaba que estaba allí cerca, dijo a su madre: “¡Mujer, ahí está tu hijo!”. Después dijo al discípulo: “¡Ahí está tu madre!”. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa».

Convivir con la maldad te vuelve insensible, te endurece, te cauteriza. Que los soldados tomaran su ropa, echaran suertes por su túnica, duros de corazón; y el hecho de que haya sido algo profetizado, no quita la culpa, no quita el hecho de que sus corazones fueran duros. La actitud: yo primero, mis gustos, tratando a un ser humano como si fuera un animal, la ley de la selva. Y después de ver a los soldados actuando de una forma brutal, ¿a quién vemos? ¡A su madre! Viéndolo, su mamá, su tía, y María Magdalena, la tristeza aquí es aguda. La humillación de la crucifixión fue extrema, desnudo, delante de su mamá, humillado, avergonzado; la impotencia de todo el suceso. Quizás María trajo a su mente cuando el viejo Simeón le había advertido, a los ocho días de vida de Jesús: «Una espada traspasará aun tu propia alma», le había dicho. ¿Pero esto? Jesús, ¿por qué lo permites? ¿No puedes ayudar? Salmo 147:4 dice: Sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas. Cuenta el número de las estrellas, y a todas ellas les pone nombre». ¿Entonces? He aquí la gracia de Cristo.

Y tal vez alguien que esté leyendo esto hoy día sea alguien que tiene el corazón roto, por una enfermedad, un pariente necio. Y tiene un sentir de impotencia, de frustraciones; es terrible. Yo quiero que sepas, hoy día, al observar esa escena de la cruz, que hay mucha esperanza para ti, la gracia existe. Pero quizás me vas a decir: «No, pero ese fue su trato con su madre, yo no soy su madre». En Mateo 12 versos 48 al 50, Jesús planteó una pregunta: «”¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?”. Y extendiendo su mano hacia sus discípulos dijo: “¡Miren, aquí están mi madre y mis hermanos! Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”». La gracia que Jesús extiende aquí a María, hoy puede extenderse a sus discípulos. Aquí vemos que su gracia está transformando a discípulos egoístas, porque unos días antes, el mismo Juan había mostrado una actitud egoísta, pero terrible: «Señor yo quiero estar a tu diestra, a tu otro lado en cielo; yo quiero mandar, ¡Yo soy el mayor!». Y horas antes, en la noche anterior, antes que Jesús lavara sus pies, Juan había estado peleando con los discípulos en cuanto a quién era el más importante. Pero ahora Juan dice: «Yo soy el discípulo a quien él ama». Pura gracia. Aun un discípulo necio y egoísta como Pablo, cuando habla de sí mismo en Gálatas 2:20: «El que me amó y se entregó por mí».

Y me pregunto, ¿cuándo cambió Juan? ¿Tal vez cuando Jesús le lavó los pies? ¿Tal vez al observarlo en la cruz? Pero Jesús lo transformó y le dio una tarea maravillosa, y es su gracia, la que está operando a través de su pueblo, llegando a su pueblo. Jesús le dice a Juan: «Aquí está tu madre». A María le dice: «Aquí está tu hijo». Y observamos que María no tiene un acceso especial a Jesús. Los millones de personas que hoy en día ruegan a María para que interceda por ellos, están equivocados, y deberían dejar de hacerlo. María no tiene un acceso especial, pero Jesús está cuidando a María, y lo hace a través de Juan. Juan yo quiero que tu la cuides por mí; no buscando tus intereses sino los de ella.

Y algunos de nosotros necesitamos escuchar eso, respecto a una persona cercana. De todas maneras, todo padre necesita escuchar eso de Jesús en relación con su esposa y sus hijos. Tú vas a cuidar de ellos por mí. Y toda madre necesita escuchar eso respecto a sus hijos, tú vas a cuidar de ellos por mí. Y cada pastor necesita escuchar eso respecto a los miembros de la iglesia local, tú vas a velar por ellos en mi lugar. Jesús es quien te da la responsabilidad, y es el que suple su gracia, para operar a través de ti. En 1 Pedro 4:11, Pedro escribe de esta manera: «El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios; el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo». Jesús cuida a los suyos.

Por: David Bhadreshwar.

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