Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

Aquella Semana - día 15

Aquella Semana – día 15

En su muerte vemos la salvación por pura gracia inmerecida.

Lucas 23:39-43. Han clavado a Jesucristo en la cruz, y un ladrón a cada lado. «Uno de los malhechores que estaban colgados allí le lanzaba insultos (blasfemias), diciendo: “¿No eres Tú el Cristo? ¡Sálvate a Ti mismo y a nosotros!”. Pero el otro le contestó, y reprendiéndolo, dijo: “¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena? Nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero éste nada malo ha hecho”. Y añadió: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. Entonces Jesús le dijo: “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”».

A veces yo odio las estadísticas y lo que hace la gente con ellas. no es porque las estadísticas sean falsas, no; muchas veces describen la verdad. Pero me causan incomodidad porque con las estadísticas la gente pretende describir y predecir la realidad, y no consideran la gracia de Dios.

Con las estadísticas, por así decirlo, encasillamos a las personas y las situaciones.

Por ejemplo, si tu padre hizo tal cosa, de seguro serás así. Y si a ti te han pasado tales cosas, serás de otra manera. Si tienes tales debilidades, siempre harás tal cosa. Así, encasillamos a las personas, y seguro que hay estudios; pero las estadísticas son inadecuadas porque la gracia de Dios existe y la gracia de Dios no respeta la materia prima.

En el principio, Génesis 1, no había nada, pero Dios dijo: «¡Que se haga la luz!».

En Ezequiel capítulo 37, la visión de valle de los huesos secos, ¿quién hubiera esperado que se convirtieran en un gran ejercito? ¡Nadie! Pero Dios lo hizo por su palabra predicada; donde no había vida Jesús puso vida. Por la tumba de Lázaro luego de tres días, ¿quién hubiera dicho: «Mañana vas a ver; Lázaro saldrá caminando»?, ¡nadie! Pero Jesús puso vida donde no había.

Y aquella mañana, cuando Saúlo de Tarso salió rumbo a Damasco para arrestar a los hermanos ¿quién hubiera apostado, diciendo: «¡Vas a ver! Ese Saúlo será el misionero tierno que cuida a los hermanos como si fuera su madre!»? ¡Nadie hubiera  dicho eso! Sin embargo, el Señor lo transformó, el Señor puso un amor en Saúlo que no había antes, y lo transformó.

Y para nosotros hoy día, pensando en el ladrón en la cruz, toda su vida un desastre. Incluso esa misma mañana, en Marcos capitulo 15 verso 32, dice: «Los que estaban crucificados con él, también lo insultaban». Es decir, cuando clavaron a Jesús los dos ladrones empezaron a insultarlo, y ese ladrón, toda su vida una mancha para su familia. ¿Y quién iba a lamentar su muerte? ¡Por fin se acabó el problema, toda su vida una ofensa gritando a Dios, totalmente aborrecible delante de Dios! Pero de pronto, él ve lo que antes no veía, en cuanto a Jesús, en cuanto a sí mismo, de pronto está pensando cosas que probablemente jamás había pensado antes.

Y de pronto, cuando todo el mundo está burlándose de Jesús, él se identifica con Jesús.

Él confiesa públicamente que es pecador,

– públicamente confiesa que merece castigo,
– públicamente declara que Jesús es bueno e inocente,
– públicamente confiesa que Jesús es el rey, el rey que venía.

Yo no sé cómo, pero el Señor le concedió, lo transformo para que viera a Jesús como el Salvador, y dijo: «¿Señor, me puedes salvar?».

El otro ladrón hizo lo que quizás nos dicen las estadísticas, ¿no es cierto? ¿Quería él que Jesús le salvara? Sí, pero simplemente para seguir viviendo su vida. No quería ni pensar en su realidad como pecador, ni en la justicia de Dios; simplemente quería escapar del dolor, y regresar a su vida.

En cambio, el otro estaba esperando en la gracia, estaba esperando en la misericordia de Dios, estaba esperando en la autoridad y el poder de Jesús. ¡Acuérdate de mí, Jesús! Cuando vengas en tu reino, ¡acuérdate de mí!

Estimado lector, tal vez el Señor te ha llevado al punto donde estás diciendo: «No sé mucho, pero sí sé que soy malo, y sí sé que Jesús es bueno, sí sé que Jesús es un rey y va a venir. Sí sé que si él quiere, me puede salvar y si él no me salva, no seré salvo. Jesús, me gustaría que me salvaras».

Y en respuesta, Jesús pudiera decir: «¿Tú me vienes a éstas alturas de tu vida? Un poco tarde, ¿no crees? ¡Después de todo el desastre que has causado! Tanto daño que has hecho, ¿y recién quieres salir como si nada? ¡Fuera! Véte al infierno, que tu vida sea una lección para otros».

Jesús pudiera haber dicho eso, ¿no es así? ¡Pero no! ¿Qué le dijo? «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Jesús lo salvó, por pura gracia, por su fe en Cristo. Jesús es un Salvador y no me digas que no te puede salvar.

Por: David Bhadreshwar.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.