Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

163. «Preciosas y grandísimas promesas» – 2 Pedro 1:4

Las promesas de la Escritura son las promesas del gran Dios; todas tratan de la libre gracia; son confirmadas por la sangre de Jesús; y son extremadamente grandes y muy preciosas. Son tan simples que hasta un niño puede entenderlas, y tan grandes que ningún ángel puede abarcarlas. Son tan variadas que satisfacen todas las situaciones, e incluyen tanta plenitud que cubren toda necesidad. Son abrazos de consuelo para el creyente pobre, cansado y angustiado; y son la fuerza y el sostén de todo hijo de Dios. Son nuestra súplica ante el trono de la gracia, nuestra confianza en la hora de la prueba, y nuestra alegría en la expectativa de la muerte. Amado, las promesas de Dios deben ser tu consuelo diario: debes buscarlas, atesorarlas, creerlas, confiar en ellas, declararlas, y estar seguro de su cumplimiento, porque «fiel es el que prometió». Las promesas son más preciosas que el oro o la plata; más dulces que la miel o el panal; más perdurables que la tierra; y más estables que los pilares del cielo. Reflexionemos sobre ellas, declarémoslas, y esperemos hoy su cumplimiento; nuestro Dios es un Dios fiel, que mantiene su pacto y su misericordia por mil generaciones.

Alabemos la bondad del Señor,
que gobierna a su pueblo por su Palabra;
y allí, con igual fuerza que sus decretos,
establece sus más dulces promesas.

Por: James Smith
Traducido por: Proyecto Nehemias

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