Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

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¿Qué significa ser bienaventurado?

A menudo escucho a la gente hablar de buenas cosas en sus vidas como bendiciones, o describirse sintiéndose “bendecidos” o “bienaventurados”. Pero cuando hablan así, normalmente están hablando de cosas tangibles como sus hijos, su casa ideal, su trabajo, o su buena salud.

Él duerme muy bien, somos muy bendecidos.

¡Ella consiguió el trabajo! !Qué bendición!

Por supuesto, estas cosas son regalos de Dios. A Él le encanta dar buenas cosas a sus hijos y definitivamente deberíamos estar agradecidos. Pero el problema en decir que eres bendecido o bienaventurado cuando la oferta para tu casa ideal es aceptada, o cuando conoces a la persona de tus sueños, es que cuando estas cosas no suceden, seguramente tienes que asumir que no eres tan bendecido o bienaventurado después de todo. Aún peor, esto puede causar que otras personas concluyan erróneamente que no son tan ‘bendecidas’ porque están desempleados o su hijo está enfermo.

Entonces, ¿qué es la bendición, realmente, y cómo deberíamos hablar de ella?

La palabra que la Biblia usa para ser ‘bienaventurado’ significa literalmente que un creyente es envidiado. La bendición es el favor de Dios, una extensión de su gracia, y empieza cuando primeramente recibimos el perdón y nuestra fe nace. Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades han sido perdonadas, y cuyos pecados han sido cubiertos; bienaventurado el hombre cuyo pecado el Señor no tomará en cuenta (Romanos 4:7-8/Salmo 32). En otras palabras, la bendición empieza cuando confiamos en Cristo. Si tus pecados son perdonados, eres inimaginablemente bienaventurado.

¿Y qué hay de la bendición más allá de eso? Cuanto más he explorado lo que Dios dice acerca de ser bienaventurado, más convencida estoy de que la bendición no se trata en realidad de beneficios de este mundo en lo absoluto. Una vez que Le conocemos, tiene que ver con buscar a Dios y estar cerca de él. Los salmos están llenos de esto. ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en Ti confía! (Salmo 84). ¡Cuán bienaventurado es el hombre que en Él se refugia! (Salmo 34). ¡Cuán bienaventurados son los que con todo el corazón Lo buscan! (Salmo 119). También, tiene que ver con ser transformados para que seamos más como Él mientras intentamos obedecerle, y Él nos enseña. Cuán bienaventurado es el hombre que mucho deleita en Sus mandamientos (Salmo 112), bienaventurado el hombre que me escucha (Proverbios 8:34) e incluso bienaventurado el hombre a quien reprendes, Señor, (ay!) y lo instruyes en Tu ley (Salmo 94). Todas estas bendiciones tienen que ver con Dios. Él da buenos regalos, pero Él es la mayor bendición.

La bendición no sólo no tiene nada que ver con los  beneficios terrenales, muchas veces está relacionada específicamente con el sufrimiento. En las Bienaventuranzas, Jesús dice que los que lloran serán bienaventurados, y los que son pobres (ver Lucas 6). Él también dice que los que son perseguidos por causa de Él serán bienaventurados, y esto se repite más tarde en el Nuevo Testamento. Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba (Santiago 1:12). Es fácil preguntarse si queremos ser bienaventurados después de todo! Pero, ¡qué profundo consuelo para los que están llorando, o son pobres, o son perseguidos, o están sufriendo bajo un prueba difícil!. En su dolor, son bienaventurados.

Tengo un amigo que tal vez no parece muy ‘bienaventurado’ para personas que miran desde afuera. A los 18 años, recibió el diagnóstico de leucemia agresiva y pasó de nadar profesionalmente a luchar por su vida en el hospital en cuestión de semanas. Durante los próximos años soportó tratamiento sobre tratamiento, cada uno más brutal que el anterior. Maravillosamente, ahora está libre del cáncer, pero vive con una condición crónica debilitante, como resultado del cáncer. Por cinco años, ha soportado un dolor constante que le impide dormir, y una piel muy dañada que afecta seriamente su movilidad y le produce heridas que se resisten a sanar. Ahora, a los 27 años, no puede trabajar, hacer ejercicio o viajar, y pasa horas en el hospital cada semana. Nadie puede decirle si algún día va a sanar o no, porque nadie sabe. Pero él es extraordinariamente bienaventurado.

Él es bienaventurado porque sabe con más convicción y seguridad que cualquier otra persona que conozco, que su Padre Celestial lo ama y sabe lo que realmente es bueno para él. Es bienaventurado porque camina cerca de Dios, poniéndose de rodillas a diario para orar. (Una vez Spurgeon dijo, “cualquier cosa que nos haga orar es una bendición”). Es bienaventurado porque reconoce su necesidad y dependencia de Dios, y bebe de Su palabra. Es bienaventurado porque está forzado a colapsar regularmente en los brazos de Dios, y ha experimentado de primera mano que Jesús verdaderamente es suficiente para él. Es bienaventurado porque sus ojos están puestos firmemente en el cielo ya que para él este mundo es muy doloroso y quebrado. Las bendiciones de Dios tienen que ver con cambiar nuestros corazones, y Dios ha esculpido su corazón en una obra maestra. Él es notablemente bienaventurado.

Pero, ¿por qué tiene que ser a través del sufrimiento? ¿No hay una ruta más fácil hacia la bendición? Lamentablemente, dejados a nuestra suerte, nuestros corazones son tercos y fríos, y nuestra inclinación natural es intentar hacer todo en nuestras propias fuerzas, caminar en nuestro propio camino, ser independientes de Dios. Buscamos amor, seguridad y felicidad en todos los lugares equivocados, pero Dios anhela que la encontremos en Él, que nos apoyemos en Él, y que encontremos nuestras fuerzas en Él. Para que no podamos estar indignados cuando Él nos lleve por un camino difícil. No podremos refugiarnos en Él a menos que aprendamos que nuestra salud, nuestras relaciones y nuestro dinero no son refugios seguros para nosotros. No aprenderemos a buscarlo de todo corazón hasta que nos demos cuenta que solo Él nos puede satisfacer. Él es la mayor bendición, y experimentar su presencia y probar de su amor a menudo suceden de una manera más profunda a través del sufrimiento. Por supuesto, el sufrimiento mismo no es una bendición, y no es la única manera de experimentar a Dios de manera profunda, pero a menudo es dentro de la esfera del sufrimiento que Dios se inclina y forma nuestros corazones para que seamos más como Él. ¡Esa es una bendición! Qué consuelo, entonces, que cuando pasamos por una prueba de fuego, sabemos que Dios no está contra nosotros, sino que en cambio nos está purificando y fortaleciendo a través de ella. Las bendiciones suelen causar dolor. Pero valen la pena. Los buenos regalos son para disfrutarlos aquí y ahora, pero la bendición es para siempre.

¿Elegiría yo una vida de sufrimiento, para experimentar bendiciones más profundas y para tener un corazón como lo que mi amigo? No, tengo mucho miedo. Quiero tener buena salud, tener seguridad financiera, tener niños sanos, tener una casa bonita, y quiero que mis padres vivan hasta que tengan cien años. Quiero un buen matrimonio, buenos amigos, y quiero ir a esquiar y tener un cabello hermoso. Mi corazón necio desea los regalos, y no al gran Dador. Pero estoy aliviada que esta no es mi decisión. Estoy agradecida que mi amado Dios no siempre me da lo que yo le pido, porque está más interesado en transformar mi corazón que en darme una vida cómoda. Entonces, cuando reúno el coraje para pedirle a Dios que me bendiga, para conocerlo mejor y confiar en Él en una manera más profunda, no debería estar sorprendida cuando hace justamente esto.

Por: Sarah Phillips © Thoughts on how He loves us.

Fuente: “What does it mean to be blessed?”.

Traducido por: Anna Grummitt y Daniel Elias.

Hay un comentario publicado

  1. Anónimo dice:

    Gracias por la traducción!

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