Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

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Tengo deseos de verlos

Lo que Apple nunca podrá reemplazar

¿Los teléfonos inteligentes y las redes sociales han hecho realmente algo para fortalecer tus relaciones más importantes?

Puede que tu experiencia no sea la mía (estoy seguro de que para muchos no lo es), pero estoy descubriendo que nuestros recientes avances en tecnología no han conseguido una comunicación más significativa con mi familia y amigos más cercanos. Si han hecho algo, han eliminado parte de la urgencia y la intencionalidad de esas relaciones; la han eliminado de en esas relaciones.

Las nuevas tecnologías efectivamente ofrecen un sorprendente potencial para quienes tienen la madurez, la disciplina y el amor para usarlas bien. Los mensajes de texto nos permiten usar los segundos libres para intercambiar notas y animarnos mutuamente. FaceTime nos permite ver a la persona con la que hablamos en tiempo real, haciendo repentinamente más personal una llamada telefónica. Y por supuesto, los teléfonos inteligentes y las redes sociales amplían casi de inmediato nuestra red de relaciones, permitiéndonos estar «en contacto» con muchos más viejos amigos mientras nos presentan constantemente a nuevas personas.

Pero sospecho que, aunque las nuevas tecnologías han hecho posibles muchas nuevas cosas y han facilitado muchas cosas antiguas, no han producido relaciones más profundas e íntimas como podríamos haber esperado. Toda nuestra nueva tecnología, ¿nos ha acercado un poco el mundo, pero nos ha dejado más lejos que nunca de aquellos que más amamos?

Aprendamos de las cartas de amor

Las trece cartas del apóstol Pablo él las escribió a creyentes reales, en lugares reales, durante un momento real de la historia. Sus cartas eran personales, escritas a personas que él realmente amaba, a menudo cuando era más difícil amarlas.

Una frase frecuente en sus cartas hace poco me llamó la atención mientras pensaba en la intencionalidad y la comunicación en nuestras relaciones: «Deseo verlos». Algo así les dice a los romanos, a los filipenses, a los tesalonicenses, y a Timoteo. Pablo claramente cree que sus cartas —la tecnología de vanguardia del primer siglo— son limitadas para mediar el amor. En su mente, el estar cara a cara facilita el verdadero amor de una forma que la tecnología no puede reemplazar.

¿Pero acaso nuestros aparatos no han resuelto el problema de Pablo: permitirnos ver a alguien que está al otro lado del mundo con una simple conexión Wi-Fi? No, yo creo que Pablo escribiría (o «twitearía») lo mismo hoy. Si bien la capacidad de ver a alguien en Cincinnati, Winston-Salem o Los Angeles —o Camerún, India o Filipinas, si vamos al caso— es un don de Dios realmente notable, no puede reemplazar el poder del tiempo juntos en la misma habitación.

Lo que escucho en el deseo de Pablo es tan real en nuestra época de teléfonos inteligentes como lo era en su época sin teléfonos.

¿Por qué cara a cara?

¿Dice Pablo algo específico acerca del poder de la interacción cara a cara? Al comenzar su carta a los creyentes romanos, dice: «Tengo muchos deseos de verlos para impartirles algún don espiritual que los fortalezca; mejor dicho, para que unos a otros nos animemos con la fe que compartimos» (Romanos 1:11-12).

¿Por qué desea verlos cara a cara? «…para impartirles algún don espiritual que los fortalezca». ¿Pero acaso su carta no es eso? Después de todo, sus palabras no solo estaban llenas de afecto espiritual y aliento para los romanos, sino que estaban inspiradas por Dios mismo (2 Timoteo 3:16). Pablo cree que algo sucederá cuando los vea que no sucederá de la misma forma o al mismo nivel por medio de su carta (en este caso, la carta más grandiosa escrita en la historia, se podría decir).

¿Cuál es la recompensa en las relaciones cara a cara? Un don espiritual único que imparte fortaleza espiritual única (Romanos 1:11-12).

Fortalecer y animar

Pablo dice: «Tengo muchos deseos de verlos para impartirles algún don espiritual», seguramente un don espiritual que no podía dar en esta carta. No sabemos qué don espiritual tenía Pablo en mente, si tenía alguno, pero sí sabemos que su presencia «fortalecería» a los creyentes en Roma, y que tanto Pablo como sus lectores serían «animados» de una forma que no podían serlo de otro modo.

Pablo usa las mismas dos palabras griegas juntas cuando escribe a los tesalonicenses: «Les enviamos a Timoteo, hermano nuestro y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo, con el fin de afianzarlos (fortalecerlos) y animarlos en la fe» (1 Tesalonicenses 3:2). Asimismo, dice: «Día y noche le suplicamos que nos permita verlos de nuevo para suplir lo que le falta a su fe» (1 Tesalonicenses 3:10), la provisión de fortaleza y ánimo que no se puede impartir en una carta (o mensaje, o correo electrónico, ni siquiera en una videollamada). La presencia física le permite a Pablo y a Timoteo —y a ti y a mí— fortalecer y afianzar, animar y exhortar de formas que no son posibles a través de los medios, por muy avanzados que sean. Pablo hizo el extraordinario esfuerzo de estar con sus hermanos creyentes porque conocía el extraordinario potencial de estar cara a cara. Él conocía el potencial gozo de estar realmente juntos (2 Timoteo 1:4; Filipenses 2:28).

Más que miradas

El contacto visual es uno de los grandes tesoros de la presencia física. Pero incluso si Apple hiciera posible el mirarnos directamente a los ojos a kilómetros, esa distancia aún haría una diferencia. Simplemente no somos cautivos el uno del otro de la misma forma cuando nos encontramos virtualmente. No nos «vemos» de la forma en que Pablo anhelaba ver a sus amados. En tanto que tú y yo nos reunimos en línea, siempre estoy a un pequeño click de estar lejos nuevamente, lo que significa que no estoy total e inescapablemente aquí contigo.

Si bien el contacto visual es valioso en cualquier tipo de conversación íntima o importante, la interacción significativa se trata de mucho más que miradas. Pablo les dice a los filipenses: «Pongan en práctica lo que de mí han aprendido, recibido y oído, y lo que han visto en mí, y el Dios de paz estará con ustedes» (Filipenses 4:9). Observa todas las dimensiones de su relación: mucho más de lo que las meras letras podrían lograr. Es un vínculo vivido en carne y hueso, en el espacio y el tiempo; un fenómeno de amor singularmente desconectado de la red.

Solo podemos compartir verdaderamente todo lo que somos —en los cinco sentidos (y tal vez más emocional y espiritualmente)— cuando ponemos todo lo que somos en el mismo espacio con alguien más.

Hacer más tiempo para estar juntos

En lugar de facilitar más tiempo significativo juntos, nuestros teléfonos y computadores a menudo han eliminado los incentivos para estar juntos y nos distraen a unos de otros cuando estamos juntos.

Todos sabemos intuitivamente que la tecnología no puede reemplazar la interacción cara a cara. ¿Harías una propuesta de matrimonio mediante una videollamada (o la aceptarías mediante una videollamada)? Si tienes una excelente relación con tus padres y viven a diez minutos, ¿estarías feliz con siempre verlos solo en Facebook? Si una mujer en tu iglesia ha perdido a su esposo después de quince años de matrimonio, ¿le enviarías un simple correo electrónico? No, todos sabemos que ciertas conversaciones en lo posible deben ocurrir cara a cara, mirando a los ojos, en la misma habitación.

Cuando elegimos mediar momentos que de otro modo podríamos disfrutar cara a cara, los empobrecemos; cedemos al menos parte de la solemnidad y la alegría que podríamos haber experimentado. Y los teléfonos se convierten en las banderas blancas de nuestra presencia física.

Arría las banderas del iPhone en rendición más a menudo, y cada vez que sea posible, busca las alegrías más profundas y significativas de ver —realmente ver— a las personas que amas.

Por: Marshall Segal © Desiring God.

Fuente: “I Long to See You”.

Traducido por: Elvis Castro de Proyecto Nehemías.

Edición: Daniel Elias.

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