Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

48. «Cristo murió por nosotros» – Romanos 5:8

¡Qué bendición indecible es esta! Considerémosla muy seriamente esta noche. Cristo murió, el Hijo unigénito de Jehová, la fuente del ser y la bienaventuranza, el centro y el origen de toda excelencia y gloria. Jesús, quien unió en sí mismo la naturaleza divina con la humana, murió; murió como nuestro gran amigo, quien se puso a nuestro favor en un pacto, quien desde el cielo se rebajó por nosotros a la tierra, cuyo amor es más fuerte que la muerte. Él murió por nosotros, que somos el objeto de su amor y de la elección de su Padre; murió por nosotros aunque éramos viles, impíos; débiles, sin fuerza; rebeldes, sus enemigos. Él murió por nosotros, como la cabeza por su cuerpo, como la garantía por los deudores que se ha comprometido a liberar, como el Redentor por los cautivos que ha prometido salvar, como el esposo por su novia amada, aunque caída, como el Pastor por el rebaño que se le confía a su cuidado, como el siervo del Padre, quien vino a hacer su voluntad y preservar su honor. Él murió por nosotros para librarnos de la muerte, para resucitarnos a la vida eterna, para restaurar nuestra amistad con Dios, para adecuarnos a su santo servicio, y para que podamos ser coronados con gloria en el final. Por tanto, vivamos con la mirada puesta en Jesús.

Cristo cargó nuestros pecados en el madero,
vino a buscar y salvar a los perdidos;
allí fue condenado para liberarnos,
de la muerte y la eterna deshonra;
el rebaño cautivo fue librado del infierno
y rescatado por la sangre de su Pastor.

Por: James Smith
Traducido por: Proyecto Nehemias

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