Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

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Sí a odiar el pecado, No a odiarse a sí mismo

Tenemos una siguiente pregunta de un oyente llamado Isaac. “Pastor John, en el episodio 924 usted dijo que los cristianos son conocidos como ‘odiadores del pecado’. Estoy completamente de acuerdo, pero a veces al vivir esto, me vuelvo demasiado enfocado en mí mismo. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre odiar el pecado — a lo que usted nos llama — y ‘odiarme’ a mí mismo porque yo peco — que es muy a menudo lo que siento? ¿Cuál es la diferencia entre el odio al pecado y el auto-odio?”

Permítanme primero decir algo que probablemente le parezca a Isaac como deprimente. Y entonces, espero, porque es verdadero y porque es real y debido al contexto bíblico más amplio, que esto será de esperanza y no sólo deprimente. Creo que es imposible odiar realmente nuestro pecado y saber que este pecado se origina en mi corazón corrupto y no odiar esa parte; Es decir, odiar mi corazón, mi pecaminosidad, en la medida en que soy corrupto, amante del mundo, aborrecedor de Dios, rebelde. Y eso es lo que todos somos sin la obra regeneradora del Espíritu Santo.

“Hay un genuino y apropiado auto-odio que es esencial para combatir la lucha de la fe.” Clic para tuitear

Pablo nos describe en Efesios 2:2-3. Nosotros anduvimos “en otro tiempo según la corriente (la época) de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia. Entre ellos también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente (de los pensamientos), y éramos por naturaleza” — esto no está afuera de nosotros — “por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” No puedes saber que eres un hijo de ira, es decir, una persona con la que Dios está muy enojado, y no estar enojado contigo si estás en sintonía con Dios.

Ahora, por supuesto, Dios entra a nuestras vidas con el poder del Espíritu. El hombre viejo es crucificado. Los pecados son perdonados. Una nueva naturaleza nos es dada a través del nuevo nacimiento. El Espíritu Santo reside en nuestros corazones. Él comienza a conducirnos por senderos de justicia. Ya no somos más las mismas personas que alguna vez estuvimos en tan terrible rebelión. Por lo tanto, podrías pensar: Bueno, ese es el fin de ese auto-odio.

Hay dos observaciones. Una es que Pablo nos dice que recordemos que venimos de Efesios 2:12. Esto es sólo diez versículos después de lo que acabo de leer en Efesios 2: “Recuerden que en ese tiempo ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía (comunidad) de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza y sin Dios en el mundo”. Así que, recuerda eso. No lo olvides. Trae eso a tu mente. Deja que te humille. Odia a ese viejo yo.

La otra observación es que, a pesar de nuestra nueva vida en Cristo, la vieja naturaleza debe ser vista y reconocida ahora como muerta, a diario. Pablo dijo: “Consideren los miembros de su cuerpo terrenal como muertos” (Colosenses 3:5). Reconoce estar muerto a esa vieja naturaleza. No puedes considerar tu vieja naturaleza como muerta si la amas. En estos casos, sólo matas lo que odias. Y no sólo es el pecado lo que matas. Es el viejo tú el que sigue tratando de levantar su cabeza, y debes odiar a ese viejo tú.

“Sería pecado si odias al nuevo tú que el Espíritu Santo está conformando a la imagen de Cristo.” Clic para tuitear

Y, sí, es un verdadero tú. Me baso en Romanos 7:24 donde Pablo clama: “¡Miserable de mí!” — no sólo, miserable el pecado que hago. Él no está llamando a la obra del Espíritu Santo miserable. No, no lo es, porque dice en Romanos 7:18: “Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno.” Sino que él sabe que algo bueno habita en él. El Espíritu Santo mora en él. Una nueva naturaleza mora en él. A lo que él llama “miserable” es a su antigua naturaleza pecaminosa. Y la forma en que lo dice es: “¡Miserable de mí!” Y él sabe que sigue siendo responsable de esos actos que surgen de su vieja naturaleza.

Por lo tanto, en ese sentido creo que hay un genuino y apropiado auto-odio que es esencial para combatir la lucha de la fe. Ahora, aquí hay dos o tres advertencias de cómo eso — lo que acabo de decir — puede ir mal.

1) Ya he dicho que sería pecado si odias al nuevo tú que el Espíritu Santo está conformando a la imagen de Cristo. Cada indicio de piedad, cada grado de amor a Cristo, cada semilla de mostaza de fe debe hacerte sentir agradecido de que Dios está obrando en ti, haciéndote nuevo. Es un pecado odiar esta nueva obra de Dios. No odies nunca lo que Dios ha hecho en ti por el poder del Espíritu Santo. Y Él está obrando en ti si has nacido de nuevo. Y aquí hay dos advertencias más de cómo las cosas pueden ir mal.

2) Jesús basa todo su argumento para la auto-negación en la preciosidad del alma humana y el valor de la existencia eterna. Escucha cómo lo dice. “Si alguien quiere venir conmigo, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.” Aquí está su argumento: “Porque el que quiera salvar su vida (su alma), la perderá.” Bueno, no quieres perderla. “Pero el que pierda su vida por causa de Mí y del evangelio (de las buenas nuevas), la salvará.” Y tú quieres salvarla. Y entonces añade: “O, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? O, ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?” (Marcos 8: 34-37). Todo el argumento, la base del argumento de Jesús, es: Debes amar a tu alma, es decir, amarla en el sentido de hacer lo que sea necesario para salvarla.

Así que, en este sentido, nunca debemos, nunca, nunca, odiar nuestra alma. Es decir, nunca debemos actuar de una manera que destruyamos el alma. El mundo entero está actuando como si odiaran su alma viviendo en pecado. Debemos amar nuestras almas en el sentido de que haremos cualquier cosa, nos negaremos cualquier cosa, venderemos cualquier cosa, iremos a cualquier parte, creeremos en Jesús al máximo — incluyendo cualquier auto-negación — para salvar nuestras almas. Esa es la manera en que Jesús está argumentando. Por lo tanto, no te conviertas nunca en un odiador de ti mismo en el sentido de que no te preocupas por salvar tu alma, sino sólo destruirla.

3) Y la última advertencia sobre cómo las cosas pueden ir mal en esta recomendación de que hay un auto-odio genuino que pertenece a la vida cristiana es la tercera advertencia. No te fijes en tu corrupción pasada o en tu presente corrupción restante al grado que te impida apoyarte en la esperanza con tal gozo que estés libre para amar. Y aquí está el texto: “Hermanos… una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14).

“No te fijes en tu corrupción al grado que te aleje del gozo, la libertad y el amor.” Clic para tuitear

Observa las palabras claves: olvidando lo que queda atrás. Así que sí, recuerda tu corrupción  lo suficiente como para humillarte a ti mismo y mantenerte totalmente dependiente de la gracia (Efesios 2:12). Pero olvídate de tu corrupción si alguna vez te impide seguir adelante, hacia el objetivo del premio del llamado de Dios en Cristo con alegría, esperanza, confianza y amor.

Así que Isaac, así es como mides si tu odio a ti mismo es patológico y contraproducente, o si exalta a Cristo y da esperanza. ¿Te arroja a la gracia en Cristo? ¿Intensifica tu amor a Jesús y tu confianza en Su amor por ti y Su disposición a usarte para su gloria? Tienes que decirte a ti mismo a menudo: Yo soy el templo del Espíritu Santo. Yo no soy mío. Fui comprado con un precio. Glorificaré a Dios en mi cuerpo (1 Corintios 6:19-20).

Por: John Piper © Desiring God Foundation.

Fuente: “Yes to Hating Sin, No to Hating Self”.

Traducido por: Daniel Elias.

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