Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

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No tienes que esconderte

La libertad de confesar

Nosotros los humanos hemos estado escondiendo nuestro pecado desde el principio. Una de las primeras cosas que hicieron Adán y Eva después de desobedecer a Dios fue esconderse de Él (Génesis 3:8).

A menudo la vergüenza está en el rastro de nuestro pecado, y si estamos abandonados a nuestra suerte, lo enmascararemos y fingiremos que nada malo ha ocurrido. Pero uno de los peores lugares donde un cristiano puede vivir es en una ciudad espiritual fantasma, donde cree que no puede compartir su pecado con otras personas. Nuestro silencio puede proteger nuestra reputación, pero también deja intacta nuestra vergüenza y mata nuestro progreso.

En esos momentos de vergüenza, el evangelio nos libera para compartir y confesar.

La gracia cubre la vergüenza

Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo (Génesis 2:18). Sí, este pasaje se trata directamente del matrimonio, pero también refleja el deseo del corazón de Dios que todos sus hijos estén en comunidad con otros. Dios nos ha llamado a amistades íntimas con otros cristianos.

A través de toda la Escritura, Dios reúne a un pueblo para que le adoren juntos, culminando en la iglesia (Mateo 16:18). En ninguna parte Dios nos anima a vivir en aislamiento durante un periodo largo (más allá de ayunar y orar por períodos cortos). Y sin embargo, todavía podemos tener una tendencia y una tentación en nuestras corazones de huir de nuestros hermanos y hermanas para esconder nuestro pecado, en vez de correr hacia las mismas personas que Dios nos ha dado para animarnos, amonestarnos, y amarnos (Colosenses 3:16).

Una razón por la que nuestros corazones desean huir es porque queremos ocultar nuestra vergüenza, como Adán y Eva. ¡Pero Dios ya sabía su pecado! No estaba sorprendido. En cambio, respondió con una asombrosa misericordia: los vistió, para cubrir su vergënza y prefigurar la cruz de Cristo (Génesis 3:21).

Hoy, nosotros experimentamos la misma misericordia del Padre. No hay cosa oculta de Dios (Hebreos 4:13). Podemos intentar escondernos y fingir, pero Él sabe cada pensamiento y acto pecaminoso. No podemos escondernos de Él. Pero aún con ese conocimiento de nuestro pecado, Jesús llevó toda la ira que merecemos, y ahora estamos cubiertos por la justicia de Cristo. Podemos compartir con libertad nuestro pecado con Dios y con otras personas, porque hemos sido perdonados.

Cuando nos confesamos, estamos confesando un pecado que ha sido perdonado — no hay condenación para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1).

Nada que temer

También tenemos que recordar que nadie es justo aparte de Cristo. Nadie. Nadie ha obedecido a Dios completamente excepto su Hijo. Nadie está sin la necesidad desesperada de la gracia de Dios.

Así que, si todos nosotros estamos en las mismas condiciones, ¿por qué nos preocupamos por nuestra reputación o posición? Si entendemos que todos nosotros no alcanzamos la gloria de Dios, entonces no tenemos ninguna razón para considerar a ciertas personas como superiores o temer las opiniones de otras personas. Y si Jesús realmente ya ha cubierto nuestra vergüenza y perdonado nuestro pecado, verdaderamente no tenemos ninguna razón para temer lo que podríamos perder por la confesión.

¿Temes perder tu reputación? ¡No temas! Deja que la reputación de Jesús, y la libertad gozosa que el arrepentimiento trae, te lleve a confesar tu pecado.

¿Tienes miedo que tus amigos te rechacen? ¡No temas! Jesús fue despreciado y desechado por ti, y ahora Él te acepta. Si algunos te rechazan, él entiende. Pero es igualmente probable — yo diría que es más probable — que tu confesión anime a otras personas a confesar su pecado también.

Quizás has tenido una visión demasiado alta de tu propia justicia, y por lo tanto te sientes avergonzado por tu pecado. Pide a Dios que Él tome esa vergüenza y la transforme en un verdadero arrepentimiento.

Déjame agregar una nota importante: No deberíamos confesar a cualquier persona en cualquier contexto. Muchos de nosotros hemos tenido malas experiencias en el pasado cuando otras personas reaccionaron de una manera imprudente a nuestra confesión. Antes de compartir nuestras luchas con otra persona, deberíamos considerar si podemos confiar en que esta persona va a responder con ánimo y confidencialidad.

Confiesa con la osadía del evangelio

Si actualmente estás luchando con el pecado, de manera habitual o de otra manera, oro para que Dios te dé el coraje de confesar. ¡Hazlo! El evangelio te libera para que vivas en la luz a través de la confesión y el arrepentimiento. Dios ya ha cubierto tu pecado. Si confiesas tus pecados, Él es fiel y justo para perdonarte y limpiarte (1 Juan 1:9).

La confesión es un gran paso hacia la libertad que estás anhelando. Confiesa tu pecado a un amigo de confianza o a un pastor. Pídele a Dios por gracia, que Él ha reservado abundantemente para ti. Debes saber que estás perdonado y que tu vergüenza ha sido cubierto completamente.

Por: Trillia Newbell © Desiring God.

Fuente: “You Don’t Have to Hide”.

Traducido por: Anna Grummitt y Daniel Elias.

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