Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

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¿Cómo estructurar la vida de oración?

Pastor John, usted es un potente ejemplo para muchos de nosotros de un hombre que ora diariamente y ora de manera congregacional en su iglesia. Así que, ¿cómo estructura usted su vida de oración? Esa es la pregunta de hoy de un oyente, un pastor de nombre Phil. «¡Hola, pastor John! Soy un pastor nuevo y Dios me ha estado enseñando mucho acerca de la oración por medio del libro de Tim Keller (‘Prayer: Experiencing Awe and Intimacy with God’), y de Don Carson (‘Praying with Paul: A Call to Spiritual Reformation’). Mi pregunta para usted es puntualmente cuando servía como pastor principal, ¿qué tan a menudo durante el día apartaba tiempo para enfocarse intencionalmente en la oración? ¿Con qué frecuencia oraba por las personas de su iglesia? ¿Intentaba orar por cada uno por su nombre? ¿Tenía algún sistema para orar por todos? ¿Priorizaba a los líderes de la iglesia? Estoy entusiasta por participar en la obra de Dios mediante la oración, y estoy aprendiendo lo importante que es que esto se convierta en mi primera prioridad. Pero hay muchos detalles que no he resuelto».

Responder preguntas como esta siempre es peligroso. Primero, porque Jesús dijo que fuéramos a nuestro cuarto y oráramos en lugar de pararnos en una esquina y alardear del largo tiempo que oramos, y lo mucho que oramos, y lo bien que oramos, porque nuestra recompensa será el aplauso de los hombres. En ese caso uno no obtendrá nada de Dios, así que responder una pregunta como esa realmente me podría poner en riesgo espiritual.

Segundo, es peligroso (en la práctica esto es más importante que el oyente lo entienda) porque cualquier vistazo a mi vida —el vistazo biográfico a mis 33 años en el pastorado— en cierto sentido va a ser desorientador, pues cualquier etapa que yo pueda describir, incluso una extensa, digamos diez o quince años, no describe realmente cualquier otra etapa.

Entonces yo podría decir: «Oré de esta forma entre los años quince y treinta». Bueno, podría no haber tenido mayor eficacia los primeros quince años, o pudo ser al revés. Podría describir un lapso de cinco años donde todo iba espectacular, y los otros 25 fueron terribles.

Así que cuando uno lee declaraciones famosas como: «Lutero oraba tres horas», bueno, uno sabe que esa es solo una diminuta porción de su vida que alguien escribió. No era de cada día y cada época, cuando sus hijos tenían cualquier edad imaginable.

Con todo esto quiero decir que tomen lo que voy a decir con mucha reserva. Trataré de dar muerte a mi deseo de sus elogios, y trataré de ser conservador en mi propia estimación de cuánto oré o lo bien que oré durante mi ministerio pastoral.

Tiempo a solas

Como la mayoría de los pastores, diría que nunca me he sentido satisfecho con mi patrón o intensidad de oración. Pero ya que me preguntaron, hablaré. La lucha es tan fuerte a los 71 años como la ha sido siempre. Necesito la oración ahora tanto como la necesité siempre, así que hablaré desde la época cuando era pastor. Pero no quiero dar la impresión de que la batalla ya no es tan intensa.

Lo que sea que hagas, no dejes escapar la vida de oración. Intenta profundizarla y saturarla con la Palabra de Dios. Clic para tuitear

El patrón de oración que recuerdo con mayor sentido de satisfacción fue una etapa, quizá 10 o más años de los 33. Fue similar en otros tiempos, pero este fue un patrón bastante repetitivo durante una etapa bastante larga, y fue así.

Siempre he orado y he leído mi Biblia temprano en la mañana a solas de un modo devocional y meditativo, convirtiendo la Biblia en una oración como parte de ese tiempo por mi alma y por los demás. Luego me enfocaba por un momento en necesidades particulares por las que quería orar. Volveré a eso en un instante para contar cómo lo hacía. El día comienza con una hora a solas con Dios en su Palabra para que yo pueda enfrentarlo con su Espíritu agitándose en mí.

Reuniones de oración

Luego había cinco reuniones de oración cada semana a las que asistía, cada una de treinta minutos: el viernes en la mañana, de 6:30 a.m. a 7:00 a.m.; el martes en la mañana, 6:30 a.m. a 7:00 a.m; el miércoles en la tarde, 5:30 p.m., antes de las actividades de la noche; el sábado en la tarde 30 minutos antes del servicio de adoración; y el domingo en la mañana a las 8:15 a.m. antes del servicio de adoración.

Así que esas eran reuniones de oración de 30 minutos, reuniones a las que asistían de 6 a 25 personas, me parece (rara vez eran más o menos). No había enseñanza bíblica, ni se compartían peticiones de oración. (En realidad no recomiendo compartir peticiones porque consumen todo el tiempo de oración). Nos tomábamos treinta segundos o un minuto para leer un breve pasaje de la Escritura, y luego íbamos directo a la oración. Cuando pasaban los treinta minutos, yo o alguien más cerraba la oración, y nos íbamos.

Es sorprendente cuánto puede durar una reunión de oración en la vida de una iglesia si uno la inicia y la termina a tiempo, y solo se ora en lugar de hablar de la oración. A propósito, todavía voy a aquella oración del viernes en la mañana, y se ha hecho desde 1988. Rara vez he faltado a la reunión de oración del viernes en la mañana excepto cuando salgo de la ciudad.

Además de estas reuniones de oración formales, la reunión semanal del personal siempre comenzaba no solo con una oración, sino con un periodo de oración por cada uno y por la iglesia. Realmente animo a los pastores a dirigir las reuniones de esta forma. No comiencen con una oración. Comiencen con un periodo de oración. Que sea un periodo prolongado. Puede ser de solo 15 minutos, pero solo comenzar con una oración y luego ir directo a sus asuntos no envía un mensaje correcto acerca de dónde está tu confianza.

Recuerdo que una vez no lo hice de esta forma. Yo ya estaba despidiendo la reunión, que entonces se llamaba «reunión de diáconos», con alrededor de doce personas, y un diácono dijo: “¿Puedo compartir algo?”. Él rompió en llanto y dijo que su perro había muerto esa tarde. ¿Pueden creerlo? Él quería contarles a todos que su perro había muerto, y estaba llorando, y yo pensé cuando llegué a casa: «Por qué no comencé con un periodo de oración y decir: “¿Hay algo urgente que esté ocurriendo en sus vidas? Tenemos cosas que hacer, pero ¿hay algo urgente?”».

Sin cesar

Cada Enero teníamos una semana de oración con una reunión de oración toda la noche el Viernes. También teníamos reuniones de oración todos los días, en la mañana y al mediodía. Yo asistía a todas ellas durante esa semana de oración.

Aparte de todo eso, traté de orar sin cesar, lo que simplemente significa tan a menudo como podía recordar. Una y otra vez durante el día echaba mis cargas sobre el Señor, y le pedía su ayuda antes de cada reunión, antes de cada conversación, antes de cada llamada telefónica. El aire que uno respira es: «Auxilio. Auxilio. Confío en ti». Entonces uno trae alguna promesa a la memoria.

Por tu congregación

En respuesta a la pregunta sobre si oraba por todas las personas de la iglesia por nombre, la respuesta es no. Nunca lo hice. Había 700 miembros cuando llegué a la iglesia. Incluso si solo asistían 350 personas, nunca hice ese esfuerzo. Me parecía que se volvería demasiado mecánico repasar esos nombres, aunque tomara tiempo. Quizá estaba equivocado.

Lo que la iglesia necesita, lo que el mundo necesita, son hombres que han estado en la presencia de Cristo. Clic para tuitear

Una cosa que Noël y yo hicimos durante veinte años fue que una vez al año, invitábamos a personas a nuestra casa a una velada llamada Misiones en la Casa Pastoral. Tenía que ver con misiones mundiales, y yo alentaba a las personas el domingo diciendo: «Si vienes y estás interesado en dedicarte a las misiones, Noël y yo pondremos tu nombre en una lista y oraremos por ti por nombre cada día por el resto del año».

Eso hicimos por veinte años, lo que significa que orábamos bastante todo el tiempo por estas personas. A veces había sesenta y a veces había cien personas en la lista. La leíamos en voz alta al Señor de rodillas junto a la cama, en la noche, y orábamos por ellos como grupo.

Círculos concéntricos

Si se preguntan de qué manera decidí orar durante esa hora en la mañana, la respuesta es que oraba en círculos concéntricos. Todavía lo hago así. La persona más necesitada que conozco es John Piper. Así que oro por el alma de John Piper porque si yo pierdo la fe, no puedo orar por nadie. Luego amplío mi círculo a mi familia. Luego amplío el círculo al personal y los ancianos de la iglesia.

Hoy es distinto. Oro por desiringGod.org y los colaboradores. Oro por Bethlehem College & Seminary. Pero en este punto en aquellos días pastorales, aún estaba orando por las personas por nombre, los ancianos por nombre y el personal por nombre.

Después de eso venían nuestros misioneros y la iglesia como un todo: todos los miembros. Luego oraba por nuestros ministerios, luego la ciudad, luego las personas no alcanzadas, y así sucesivamente. Se entiende lo que significan los «círculos concéntricos». Todos sabemos que cualquier día en particular uno puede estar tan golpeado y abrumado por alguna necesidad urgente en la familia, en la iglesia o en la ciudad que la necesidad consume prácticamente todo el tiempo. No estoy presentando una imagen idealizada donde esto ocurra cada día sin excepción. Solo habitualmente.

Imitar a otros

Pienso que una de las cosas más prácticas que podría sugerir a los pastores (y a cualquiera en realidad) es que cada año más o menos un pastor debería leer un libro sobre la oración. No tanto un libro técnico, exegético, apologético, sino relacionado con las experiencias de grandes hombres y mujeres de oración que cuentan sus historias.

Necesitamos modelos que nos muestren qué es posible y lo bello que es la oración porque probablemente la mayoría de nosotros estamos viviendo en un nivel muy por debajo de lo que podríamos estar viviendo en el poder de la oración si estuviéramos inspirados por aquellos que nos aventajaron espiritualmente. Año tras año, me inspiraba ese tipo de libros. De hecho, el libro Hermanos, no somos profesionales se basó en una serie de artículos, y toda esa serie de artículos fue inspirada al leer Power Through Prayer de E. M. Bounds. Lo leí en mi primer año de ministerio pastoral. Me puso en una asombrosa trayectoria por la que agradeceré a Dios todos mis días.

Aférrate a la oración

Lo que sea que hagas, no dejes escapar la vida de oración. Intenta profundizarla y saturarla con la Palabra de Dios. No supongas que escuchaste de mí simplemente el mejor modelo. Comparado con el patrón de algunas iglesias en el mundo, mi patrón es lamentable. Simplemente lamentable. Y comparado con otros, fue significativo. Pero no supongas que era ideal.

Busca al Señor. Puede que él tenga algo muy distinto y mejor para ti, la iglesia y el mundo. Este es uno de los motivos por el que me apasiona tanto inculcar la vida de oración en los pastores.

La iglesia y el mundo no necesitan más ejecutivos eficientes, psicológicamente entendidos, culturalmente informados y gerencialmente competentes en el ministerio pastoral. No necesitamos más de eso. Lo que la iglesia necesita, lo que el mundo necesita probar, son hombres en cuya presencia haya estado Cristo. Hombres de Dios que tengan el sabor de la vida para la vida y de la muerte para la muerte porque han estado en la presencia del aroma de Cristo.

Por: John Piper © Desiring God Foundation.

Fuente: “How Do You Structure Your Prayer Life?”.

Traducido por: Elvis Castro de Proyecto Nehemías.

Edición: Daniel Elias.

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