Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

Dios está obrando en tu espera

La mayoría de los padres estarían de acuerdo de que sus hijos no quieren esperar para nada. La última cosa que los hijos quieren escuchar es que su Mamá les diga, “Ahora no”. Esto puede provocar enojo, frustración, e incluso desesperanza. Está “incomodidad” de esperar nos sigue a la mayoría de nosotros en nuestra vida adulta. Tal vez no respondamos con los mismos arrebatos emocionales que cuando éramos niños, pero la mayoría de nosotros todavía odiamos esperar por lo que queremos.

Y nuestra sociedad moderna sólo lo empeora. Queremos que todo esté hecho rápido — y nuevos dispositivos constantemente emergen para cumplir con esas exigencias y fomentar nuestra impaciencia. No estamos acostumbrados a esperar, y cuanto más nuestra tecnología provea para nuestros deseos inmediatos, menos nos sentimos dispuestos a esperar.

Tal es nuestro dilema como cristianos. Mientras que la sociedad hace cada esfuerzo para que nuestras vidas sean más fáciles y más rápidas, Dios obra en un calendario muy diferente. En su mente, no hay nada de malo en esperar. De hecho, esperar puede ser algo bueno y positivo que Él usa a menudo para hacernos más como su Hijo.

Dios obra mientras esperamos

Algo realmente sucede mientras nada está sucediendo. Dios usa la espera para cambiarnos.

“Hay algo que en realidad está sucediendo mientras nada pasa. Dios usa la espera para cambiarnos.” Clic para tuitear

La historia de Adán y Eva es una historia de rebelión contra Dios. Una vez que ellos creyeron que Dios no quería lo mejor para ellos, decidieron avanzar sin Dios y hacer lo que ellos querían. Llegaron a ser, en efecto, su propio dios. Con demasiada frecuencia, esto es exactamente lo que hacemos hoy. Cuando Dios nos dice que esperemos, no confiamos en Él, sino que avanzamos y buscamos maneras para lograr lo que queremos que suceda.

Esta tendencia de echar a Dios a un lado va en contra de su plan para nosotros. Crea distancia en nuestra relación con Él. Causa que estemos en problemas, y trae dolor. ¿De qué sirve ganar el mundo entero ahora — sea lo que sea que creamos que queremos — y perder la intimidad de nuestras almas con Dios (Marcos 8:36)?

Dios quiere que aprendamos a seguirle y que dejemos a un lado a nuestro ser exigente, es decir, que calmemos a ese niño llorón que tenemos dentro. Una manera en que Él nos ayuda hacerlo es diciendo, “Espera”. Ese estado de silencio miserable, incómodo, y a veces doloroso es una de las herramientas más poderosas que Dios usa para liberarnos.

Es decir, si estamos dispuestos.

La elección en la encrucijada

No iniciamos la vida dispuestos para esperar. Nuestra respuesta natural a la espera muchas veces es el enojo o la duda. Afortunadamente, Dios es clemente y misericordioso, y entiende nuestras tendencias. Simplemente sentir emociones profundas y complejas cuando esperamos — especialmente si estamos esperando cosas significativas, como un embarazo o un trabajo — no es necesariamente pecaminoso en sí mismo. Pero podemos decidir a donde estas emociones nos llevan.

Podemos decidir exaltar estas emociones. Quizás actuemos sobre ellas, tomando el asunto en nuestras propias manos. O tal vez no hagamos nada, pero haremos un ídolo del bien que estamos esperando — cada día que pasa es otro leño en los fuegos de la amargura, la impaciencia, la ingratitud, y quizás incluso el resentimiento contra el Dios que no nos dará lo que queremos.

O, por la gracia de Dios, podemos elegir esperar como es Su intención. “Esperar en el Señor es lo opuesto a correr delante del Señor, y es lo opuesto a abandonar al Señor”, escribe John Piper. “Es quedarte en tu lugar designado mientras Él dice quédate, o es ir a su paso designado mientras Él dice ve. No es impetuoso, y no es desesperante”.

Tenemos la opción, entonces, de tomar una respiración profunda, soltar nuestras manos apretadas, y dejar que Dios sea Dios. Y estamos invitados a seguir esperando en su grandeza.

Ora para que Dios obre en ti

Ciertamente, sólo una de estas opciones nos traerá gozo. Mientras intentamos aceptar y alegrarnos en como Dios maneja nuestras vidas, incluyendo su tiempo, podemos pedir que Dios obre en nosotros con dos cosas principales, para que nuestra espera no sea en vano: humildad y confianza.

1. Humildad

A veces, cuando he llegado a estar impaciente y alterada, me he acordado que Dios es el que me puso aquí. Mi vida no es mía. Esto es humildad. Es llegar a darnos cuenta de que somos un soplo y Dios no nos debe nada (Salmo 39:5; Lucas 17:7-10).

2. Confianza

Luego viene confianza, que significa creer en al menos dos cosas sobre Dios: Él es poderoso, y amoroso.

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Creer que Dios es poderoso significa que sabemos que Él está a cargo de todo lo que sucede; las cosas no son arbitrarias ni están fuera de su control. Él es capaz de ayudarnos y cambiar las cosas. Mucha de nuestra ansiedad en la espera es porque nos olvidamos de que “Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes” (2 Corintios 9:8). No estás a la merced de tus circunstancias.

Creer que Dios es amoroso significa que hay cuidado y propósito detrás de todo lo que Él hace. Significa que Él es fiel para ayudarnos ahora mismo y traernos bendiciones luego. Significa que su juicio y su tiempo siempre son perfectamente buenos. Es cierto, no nos debe nada, pero ha prometido proveer a todas nuestra necesidades (Filipenses 4:19).

Incluso durante ese largo camino de silencio, Dios se preocupa profundamente por nosotros. Podemos ser como David y recordar: “Espera al Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al Señor” (Salmo 27:14).

La bendición de esperar en fe

Algunos de los personajes principales de la Biblia como Abraham, José, Moisés, David, tuvieron que esperar muchos años por las promesas de Dios. Todo lo que sucedió miestras tanto fue usado para prepararlos, por dentro y por fuera. Luego, cuando recibieron su promesa, fueron bendecidos inmensamente.

Dios nos invita a confiar en su bondad hoy y en su fidelidad mañana. Darle el control a Él es la ruta principal para experimentar su amor y su paz. Esto une nuestros corazones al suyo. Crea un nivel de madurez y carácter que llevaremos con nosotros al futuro, y nos permitirá disfrutar aún más de sus futuras bendiciones.

Por: Jade Mazarin © Desiring God.

Fuente: “God Is Working in Your Waiting”.

Traducido por: Anna Grummitt y Daniel Elias.

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