Reflexión y Recursos Bíblicos basados en la Gracia de Dios

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Cambia tus sueños por los planes de Dios

Los planes de Dios para mi vida casi nunca han sido mis planes para mi vida.

Cuando tenía trece años, sabía a qué universidad quería asistir antes de que comenzara la escuela secundaria, qué carrera quería seguir después, a qué edad pensaba que sería ideal casarme, e incluso cómo la vida podría verse bien en mis veintes. Me había aferrado a estos planes por mucho tiempo, hasta que la vida real sucedió — y no como pensé que sería.

A veces sentía que no tenía ningún control sobre los planes que se desmoronaron. Traté de hacer que mi cronograma encajara, pero mis planes simplemente no funcionaban. A pesar de todos mis sueños y esfuerzos, casi nada en mi lista sucedió de la manera o en el tiempo que esperaba. Era rápidamente evidente que el Señor tenía algo más en mente para mi vida.

A medida que Dios redireccionaba mi vida en cada paso, a menudo contra mi voluntad, Él también cambiaba mi corazón. Con cada plan retrasado o incumplido, empecé a aprender lo que significaba cambiar, de buena gana e incluso con alegría, mis sueños personales por los planes de Dios para mí.

El cambio requiere renuncia

Después de una serie de decepciones tempranas en mi vida, empecé a preguntarme todo lo que Dios podría pedirme que renunciara en mi vida. ¿Me pediría que vaya a una universidad diferente? ¿No me permitiría tener éxito en la carrera que quería? ¿Alguna vez me casaría o tendría mi propia familia?

Llegué a tener miedo de que la vida sólo fuera una decepción. Sabía lo que quería, pero no tenía ninguna confianza de que lo que quería fuera lo que Dios quería para mí. También sabía que no importaba cuán duro trabajara para hacer realidad mis deseos, ninguna cantidad de visión de futuro o esfuerzo haría que tenga éxito si estuviera fuera de la voluntad de Dios para mi vida (Salmos 127:1).

Dios no quiere que adoptemos una mentalidad dirigida por el miedo acerca de nuestro futuro (Romanos 8:15). Su poder soberano sobre nuestras vidas está destinado a inspirarnos a la esperanza, no a preocuparnos. Tus sueños o aspiraciones no son necesariamente malos deseos, sino que Dios sabe al final lo que es mejor para nosotros, y por lo tanto Él determina dónde vamos y cómo se desarrollan nuestras vidas (Proverbios 16:9).

Él desea que rindamos nuestros propios planes a Él para que podamos estar listos, dispuestos, y disponibles para ir dondequiera que Él dirija — independientemente de si es lo que imaginamos o planeamos para nosotros mismos. Nunca es fácil aflojar nuestro control sobre nuestros propios deseos, pero es el primer paso para experimentar el gozo de abrazar la voluntad de Dios para nosotros.

El cambio requiere fe

Las decepciones o interrupciones pueden no tener sentido para nosotros en medio de la transición — por definición, probablemente no lo tendrán. Cuando somos llamados a dejar a un lado nuestro plan y vivir algo diferente — esperar un tiempo más largo de soltería, ser pasado por alto para una ascenso en el trabajo, rehabilitarse de una lesión o enfermedad — es difícil entender por qué Dios nos forzaría a caminar este camino en lugar de darnos lo que queremos.

No somos capaces de entender todo lo que Dios hace en nuestras vidas, porque no podemos ver desde Su perspectiva (Isaías 55:8). No sabemos lo que Él está tratando de lograr o qué misericordias está derramando en nosotros en este nuevo camino. Sin embargo, podemos saber que nada en su plan, en última instancia, nos hará daño, y todo en su plan será, en última instancia, mejor para nosotros (Romanos 8:28).

A medida que cada paso se desarrolla, somos llamados a confiar en que Dios sabe lo que está haciendo y que nos está llevando exactamente donde quiere que estemos (Proverbios 3:5-6). Por lo tanto, tenemos la opción de confiar en nuestro propio entendimiento al continuar intentando y forzando hacer que nuestros propios planes funcionen, o podemos elegir confiar en Dios y pedir que nuestros deseos sean transformados en sus deseos. Por su gracia, estamos capacitados para renunciar a lo que alguna vez queríamos para decir “Sí” a lo que Él nos pide ahora.

El cambio requiere gozo

Avanzar en un camino diferente de lo que habríamos elegido es intimidante. A menudo el camino nos parece imposible. El Señor nos llama a creer que Él proverá y hará posible lo imposible.

A través de nuestra debilidad, Él promete poner en evidencia su gloria y su fuerza (2 Corintios 12:9). Si le pedimos, Él llamará nuestra atención a todas las maneras en que Él ha provisto antes. Él nos recordará que podemos confiar en Él para darnos lo que necesitamos, incluso si el camino no parece ser claro o es incierto (Hebreos 13:20-21). Y no importa dónde nos lleve, Él estará con nosotros en cada paso del camino (Isaías 41:10).

El plan de Dios no se trata de privarnos de cosas buenas. Él se deleita en dar a sus hijos buenos dádivas. Él también desea, sobre todas las cosas, que lo sigamos y nos deleitemos en Él.

A veces Dios hará que sacrifiquemos algo que queremos asegurar en nuestro corazón por el bien más grande: Él mismo. Está bien reconocer que el cambio y la decepción son difíciles. Pero también sabemos que lo que se nos dará en su lugar será mucho más valioso que cualquier objetivo o plan que podríamos haber creado para nosotros mismos.

Por: MaryLynn Johnson © Desiring God Foundation.

Fuente: “Exchange Your Dreams for God’s Plans”.

Traducido por: Daniel Elias.

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